Algo que contar: El Nadaísmo

Por Yessika María Rengifo Castillo

Yessika María Rengifo Castillo destaca algunos aspectos y valoraciones del nadaísmo, el movimiento fundado por Gonzalo Arango, que constituyó la vanguardia literaria más importante de Colombia desde principios de los sesenta.

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“El nadaísmo es un estado del espíritu revolucionario,
y excede toda clase de previsiones y posibilidades”

Gonzalo Arango

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El nadaísmo es considerado un movimiento literario vanguardista colombiano, que en los años sesenta es llevado a su esplendor por Gonzalo Arango. También lo integraron Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez, Diego León Giraldo y Jaime Espinel, entre otros. Se caracterizó por un nihilismo basado en las temáticas del Dadaísmo, del Surrealismo y de la Generación Beat, contraponiéndose al academicismo y las influencias hegemónicas contemporáneas. Brahiman Saganogo, en su artículo de 2008 “Nadaísmo colombiano: ruptura socio-cultural o extravagancia expresiva”, plantea: “Etimológicamente el término deriva de NADA que significa cualquier enunciado que exista fuera de la razón”. 

Es prudente advertir que, a pesar de esa nada, el nadaísmo en tanto movimiento abierto tuvo una cantidad de adeptos de toda clase, instauró como normal el uso de drogas como la marihuana, la cocaína, la mezcalina y el ácido lisérgico, así como las prácticas sexuales libres. Para esa época Gonzalo Arango, quien era conocido como “el profeta” o “el monje”, había participado de los excesos de las fiestas nadaístas pero sin olvidar la importancia de su movimiento literario. 

En ese sentido, en La obra negra, de 1974, Arango resalta: “Somos  de una  raza nueva  que santifica  el placer y los  instintos, y libra al hombre de los opios de la razón y de los idealismos trascendentes… Todo lo que  tenemos para ofrecerle a la juventud es la locura, pues es necesario enloquecernos antes de que  llegue la guerra atómica. El hombre será aniquilado por el hombre. La humanidad borrará en un segundo  la historia infame que escribió en un millón de años. Nosotros nos apresuramos a saludar regocijados su desaparición,  y nos vomitamos jubilosamente en su inútil historia de miles de siglos. Estamos asqueados, y nos negamos a sobrevivir en esa ilustre inmundicia…”.

Lo anterior destaca la oposición  que constituyó el nadaísmo frente a las practicas socioculturales del momento (y quizás del presente). Arango resalta: “El  Nadaísmo era  un estado del  espíritu revolucionario…Para la juventud es un estado esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del  espíritu y de la cultura” (citado en Nada es para siempre, Antimemorias de un Nadaísta, de Jotamario Arbeláez). El nadaísmo es un himno juvenil, crítico de los ejes que posesionan a la sociedad. 

Los nadaístas se instauraron en una literatura quebrantada, que cuestionaba la producción colombiana argumentando que las obras costumbristas y tradicionales estaban permeadas de esteticismo. Ofreciendo una estética llena de una creatividad establecida desde un caos racional, valora la existencia humana e intenta demostrar que los campos sociales corrompen el espíritu y alienan la conciencia. Buscaban desmitificar la razón y cualquier acto de creencia religiosa, lo que permitiría individuos capaces de cuestionar el contexto.  En Cuando nada concuerda, Eduardo Escobar rememora: “Fuimos más una banda de cazadores  de cabezas que una capilla literaria”. Más que un grupo literario, fueron unos sujetos sentipensantes respecto de su país y del mundo que los rodeaba. 

Arango definió: “El Nadaísmo no es una escuela literaria en un sentido estricto y escolástico, lo que no supone que su proyecto esencial sea la estética. A pesar de que la contiene, desborda ese presupuesto hacia implicaciones de otro orden, sobre todo en el orden de la vida cotidiana y de una actitud existencial ante el mundo”.

En esa dimensión,  el nadaísmo se posesionó como un movimiento de Latinoamérica. Carlos Fajardo dice: “El Nadaísmo, al proponerse sacudir los modelos confesionales y los paradigmas normativos y moralizantes de una Colombia conservadora, utilizó la irreverencia, el show mediático, el escándalo como propaganda sensacionalista”. El nadaísmo fue un movimiento que puso en controversia los cánones establecidos por una Colombia llena de matices violentos, soñadores, corruptos, solidarios y humanos.

Avanzado en el tiempo encontramos que Juan Gustavo Cobo Borda sostiene: “El Nadaísmo se constituyó en las dos expresiones de nuestra nacionalidad que fueron estrictamente coetáneas; una significaba la cultura y la otra la barbarie, los que sobrevivieron  terminaron en brazos de los gobiernos que detestaron y son hoy parte del establecimiento, con preclaras excepciones”. Para Cobo Borda, el nadaísmo se instauró como una manifestación crítica a los sucesos que envolvían a Colombia mientras que, paradójicamente, algunos de sus militantes terminaron en los gobiernos de turno que tanto detestaban. 

El nadaísmo ha sido el movimiento literario vanguardista más importante de Colombia, sobre el que hoy se afirma simultáneamente que no fue más que un espectáculo ofensivo y carente de literatura y que constituye una crítica del país y del mundo referencial para muchos lectores jóvenes e inconformes.

No quedan dudas de que Gonzalo Arango y el resto de los integrantes del nadaísmo seguirán proponiendo la controversia a distintos sectores políticos, sociales, culturales y económicos de esta Colombia devastada por la desesperanza, aunque con senderos de luz.