China Miéville, Halloween y una defensa socialista de lo monstruoso

En la noche de Halloween recuperamos fragmentos de una conferencia del escritor de ciencia ficción, ensayista y activista inglés China Miéville sobre la utilidad excepcional de las herramientas del llamado “marxismo gótico” para defender y recuperar para el socialismo una fiesta que celebra lo monstruoso.

 

Yo he sugerido en muchos encuentros a lo largo de los años que hay que construir una defensa socialista de los monstruos. Y sobre esas bases, como socialista, solidarizarse con los monstruos. Pero eso, obviamente, no evita la crítica y los que somos de la tradición socialista internacionalista y muchos otros hemos criticado ciertos aspectos de ese régimen venezolano. Hemos resaltado los problemas de un estrato burocrático, el apoyo a ciertas figuras internacionales despreciables y demás, pero quisiera enfocarme en otro eje de desacuerdo con Chávez y es que el 29 de octubre de 2005 Hugo Chávez urgió a los padres venezolanos a no dejar que sus niños se disfracen como brujas o fantasmas en Halloween. Entonces dijo: “Esto es un juego de terror, familias disfrazan a sus hijos de brujas y eso es contrario a nuestras maneras. Lo que ellos, los Estados Unidos, han implantado aquí es una costumbre gringa y es terrorismo”.

Para un socialista riguroso, Halloween es algo que defender. Así que la pregunta es cómo defender Halloween desde la izquierda y de los ataques de otros de izquierda. Algo que definitivamente no haré es decir que sólo es algo que se hace por diversión porque, como nuestros exasperados amigos apolíticos señalan constantemente, como socialistas nos especializamos en arruinar su diversión todo el tiempo. “¿Cómo que Avatar es una película racista? ¿Puedes dejar de arruinar todo aunque sea por una vez?” Y no, no podemos parar de hacerlo, camaradas, así que si Halloween merece ser arruinado entonces lo será. Pero, por suerte para nosotros, no lo merece.

Así que ¿cómo lo defendemos? Es sólido para comenzar señalar el asunto que mencioné de Chávez al inicio, que es la cuestión de quiénes son convertidos en monstruos, a quiénes la elite convierte en forasteros, los que son difamados y calumniados como figuras diabólicas. Y el hecho de que, no siempre pero sí la mayoría de las veces, podamos plantear un llamado de solidaridad para aquellos que son convertidos en monstruos es algo que como mínimo debería llamar nuestra atención.

Nosotros nos paramos del lado de los monstruos, de las figuras que han sido convertidas en monstruosas en la historia de la literatura, porque los descartados por la historia -empezando por Grendel siendo expulsado del salón de Hrothgar en Beowulf- siempre han tenido la engañosa simpatía de aquellos que son sospechosos para el poder. Somos los que tomamos el bando del monstruo de la Laguna Negra.

Probablemente una de las razones detrás de lo que dijo Chávez no era únicamente ansiedad por las brujas sino que unos días antes una docena de linternas de calabaza y esqueletos de papel habían sido distribuidos por Caracas con consignas antichavistas y pequeñas mechas que las hacían parecer bombas. Este es otro ejemplo de una derecha aún más reaccionaria diciendo “Halloween es nuestro patio de juegos”.

Partamos de la base de que yo apoyo toda campaña para negar al ala derecha todo tipo de placer o diversión en cualquier ámbito posible. Y, por lo tanto, quiero quitarles Halloween. Y entonces una de las razones más poderosas para defender a Halloween desde la izquieda es el rencor de clase. Y eso está bien, es una buena razón. Pero creo que hay aún más.

Verán, la apuesta aquí es que hay algo en la profunda estructura temática de una festividad como Halloween, que deberíamos reivindicar como nuestra y celebrar. Pero si reconocemos eso, además del hecho de que es una zona disputada y queremos recuperarla, un corolario necesario es decir que hay una manera políticamente correcta de hacer Halloween y una incorrecta. Y les daré una cátedra al respecto a aquellos que lo hacen mal respecto de su pertenencia de clase.

Veamos cuidadosamente qué es exactamente lo que Chávez criticó. El argumento tiene tres partes:  1) Es una festividad gringa implantada y contraria a nuestras costumbres, 2) es sobre brujas, espíritus y monstruos, lo que es decir sobre lo irreal y fantástico y 3) es acerca del terror, que luego dice que es terrorismo, un juego de terror. El primer punto, que dice que es una festividad del imperialismo yanqui, obviamente es una preocupación razonable. La industria cultural de Estados Unidos se especializa en imperialismo cultural y es muy buena en eso, pero como internacionalistas mi punto de partida sobre la diseminación de la cultura por sobre las fronteras, es que eso no es un problema en sí mismo sino que hay que preguntarse qué cultura se disemina, cómo, para hacer qué a quién, a través de quiénes y en qué circunstancias. Por lo tanto se podría decir legítimamente que estar del lado receptor de Halloweeen y de la presión impiadosa de las compañías de juguetes, es un problema cultural. Pero Halloween en sí misma no debería ser culpada por esto ya que la festividad hecha de la manera correcta sería algo que nuestros camaradas venezolanos, como todos nosotros, podríamos y deberíamos acoger. Sin las falsas bombas, claro, eso sería pasarse de la raya.

Para pasar al segundo punto de crítica, la cuestión de lo irreal, de lo fantástico, de tener a niños disfrazados de brujas y espíritus. Obviamente esto tiene que ver con una posición de ansiedad de la izquierda que tiene su historia. Hay una gran historia de ansiedad en la izquierda en cuanto a buscar satisfacción en lo irreal, así que una de las cosas que uno tiene que hacer para recuperar Halloween es hacer una defensa marxista de lo flagrantemente imaginario y de lo aterrorizante. En cuanto a lo flagrantemente imaginario parte de mi quiere decir “¿En serio todavía tenemos que hacer esto, después de todo este tiempo?”. Como muchos saben, este es un debate muy viejo.

A mí me interesa una tradición alternativa del marxismo que gira alrededor del surrealismo y otras corrientes fantásticas, que a veces es llamado marxismo gótico. Y quiero ofrecer dos breves definiciones del marxismo gótico como oposición al pesado literalismo de otras corrientes marxistas. Una viene del brillante libro de Margaret Cohen “Profana iluminación”, sobre Walter Benjamin, donde ofrece una larga definición que comienza con: “1) Es la valoración del ámbito fantasmagórico de una cultura como un campo rico y significante de producción social, en vez de una ilusión a ser disuelta y 2) es la valoración del desperdicio y la trivialidad de una cultura así como de sus prácticas extrañas y marginales”.

Michael Löwy, hablando acerca de André Breton, el Papa del surrealismo, dice: “Tal vez uno podría llamar gótico a su marxismo, un materialismo histórico sensible a lo maravilloso, al momento “negro-trágico” de la rebeldía, a la iluminación que desgarra, como un relámpago, el cielo de la acción revolucionaria”; una lectura de la teoría marxista inspirada por Rimbaud, Lautreamont y la novela gótica inglesa sin perder de vista ni un instante la vital necesidad de combatir el orden burgués. Y reconoce que este es un modelo contraintuitivo pero es uno que defiende y uno con el que yo estaría de acuerdo.

Así que éste es un tipo de marxismo que se posiciona no sólo en contra de la explotación de clase y demás sino también contra el desencanto de un cierto tipo de racionalidad fría y abstracta. Ahora, el truco es hacer eso sin caer en algún tipo de nostalgia o en un tipo de irracionalismo promocional que celebra el “análisis esquizoide” del “solo porque sí”, hacerlo sin estar en contra de la racionalidad misma sino en contra de la versión oficial de la racionalidad ofrecida bajo el capitalismo. Para mí esa forma de marxismo árido se ha creído un modelo propagandístico de lo que es la irracionalidad, así que no es lo suficientemente marxista, a diferencia del marxismo gótico. Esto obviamente encaja con lo que digo cuando me pongo a hablar de monstruos, lo que hago a menudo, así que solamente voy a decir que me ubico en la tradición del marxismo gótico.

Hay una forma de rescatar la idea de Lovecraft de que el miedo es la más vieja y poderosa emoción de la humanidad, en una forma muy mediada. Creo que no tiene sentido hablar en esos términos del miedo pero sí creo que es una emoción fundamental de lo que significa ser humano. Y para entender eso necesitamos los recursos únicos no sólo del materialismo sino del materialismo gótico.

Lo que tenemos hasta ahora es un argumento de por qué las categorías de lo fantástico son centrales para una suculenta teoría marxista de la modernidad y un argumento de que las categorías marxistas so centrales para una suculenta teoría del miedo y la consciencia. Y, por lo tanto, para mapear históricamente el establecimiento de una consciencia humana.

Así que tenemos a la fantasía como central a la modernidad para el marxismo y al marxismo como central para entender una categoría que más que “miedo” es “temor”, porque es el temor a algo que podría ser malo pero que no es concreto, sino algo que por definición es desconocido. Así que imaginen lo genial que sería si tuviéramos una gran teoría unificada que uniera esos dos elementos en un enfoque marxista para la racionalidad moderna y la agencia política y cultural. ¿No sería grandioso? Bueno, tenemos tal teoría y la tenemos en un lugar poco probable. Sólo con las categorías del marxismo gótico podemos comprender la racionalidad modulada por el temor de la humanidad.

Los monstruos son una de las cosas fundamentales que nos hacen humanos típicamente modernos. Entonces, Halloween, un festival dedicado a lo monstruoso, como un juego de inflexión de ese hecho, y esto creo que es clave, donde podemos estar genuinamente asustados pero también convertirlo en juego. No es una contradicción. Los chicos se asustan verdaderamente en este juego y es por eso que el intento de sacar lo atemorizante de la cultura de los niños es un error. A los chicos, o al menos a algunos de ellos, les gusta asustarse. Halloween es entonces una celebración de los humanos moldeados por el temor, algo que nosotros como marxistas estamos excepcionalmente posicionados para entender.