Crecer en profunda interacción con el mundo: la poética de Ethel Batista

Por Lali Destéfanis

En los primeros años de vida toca la deslumbrante aventura de explorar el mundo por primera vez al amparo de quienes nos rodean, y convive a su vez nada menos que con la adquisición de una lengua. Toda esa intensidad, repuesta por la mirada experta, lúcida y feliz de Ethel Batista, encuentra lugar en estos tres libros-álbum (Una ballena de patas cortas, Señales y El Señor Perro) que aquí presentamos.

 

Salimos del sueño cada día como quien nace otra vez al mundo. Muchas veces nos encontrarnos cómodxs; algunas, un poco extrañxs. Pero es esa extrañeza la que más preguntas nos lleva a formulamos acerca de todo lo que nos rodea y de nosotrxs mismxs: saber aprovecharla en favor del crecimiento es algo que vamos aprendiendo en el camino. Si tenemos la suerte del trébol generoso, nos vamos a encontrar -nos van a acercar quienes nos quieren mucho- palabras, imágenes y abrazos que nos ayuden a transitar esa desestabilización de nuestras propias certezas, a indagar en el extrañamiento que nos descubre el mundo una vez más, con una mirada nueva que ingresa más profundo en la relación con nosotrxs y con lxs otrxs. Esos preciosos estímulos que nos inquietan, nos sostienen y nos enriquecen pueden llegar en la forma de libros-álbum y llamarse, como en estos casos que vengo a contarles, Una ballena de patas cortas, Señales (ambos ilustrados por Eva Mastrogiulio), o El Señor Perro (ilustrado por Daniela Sawicki). En los tres nos encontramos con la poética de Ethel Batista: escritora, creadora de mundos, directora de la Casa del Niño y el Adolescente en La Boca, Buenos Aires.

Luego lo vamos descubriendo: hacernos querer, ser y sabernos queridxs es lo que nos produce felicidad, amparo y un espacio-tiempo en el cual desplegar el deseo. Es por eso que en el barrio y en la escuela queremos ser partícipes y aportar nuestra propia experiencia a las actividades del grupo y de la comunidad, que es nuestra primera noción de mundo. Eso mismo le sucede a Roco, el protagonista de Una ballena de patas cortas: ante una consulta de la maestra, necesita inventarse una historia propia que no lo deje fuera de la historia en común, que lo proteja del dolor, que le cumpla los deseos. Cansado de los constantes retos y reproches en su casa y en la escuela, encuentra en esa ocasión el modo de aportar una vivencia extraordinaria que lo coloque, esta vez, en el centro de la escena por un motivo distinto. Sin embargo, la ficción que imagina es una bola de nieve y se hace tan grande que acabará por devorárselo, como la ballena a Jonás, hasta que encuentra el modo de escapar de la panza de ese gigante.

Pero si en Una ballena tenemos a un protagonista niño (está basada en una historia tan profunda como divertida ocurrida a un niño real), Señales nos propone un mundo sutil como el brote de un deseo, brillante como las precisas palabras que la sostienen.

Porque en Señales no hay él ni ella, sino un yo y un vos que son dos personas y un color propio, redondito, único como cada encuentro entre dos seres. Los cuerpos hablan, se manifiestan, y muchas veces la palabra repone aquello que no fue dicho y preferimos ofrecer en claro, porque el amor puede intimidarnos y volvernos confusxs, puede hacernos decir otra cosa de la que sentimos, suele volvernos frágiles y hacernos necesaria la explícita comprensión de quien nos importa o explicarnos a nostrxs mismxs aquello que nos está ocurriendo. Es así como Señales trabaja ese diálogo amoroso, a veces inseguro, entre el cuerpo, la palabra y unx otrx, siempre en perpetuo movimiento.

Sin embargo, esta exploración por esx otrx que realiza Ethel Batista no se detiene aquí, sino que avanza un largo paso más en su apuesta cuidadosa: El Señor Perro nos presenta otra interacción, esta vez con un otro no cercano y de quien no podemos afirmar con certeza si se trata de una persona con cara de perro o netamente de un animal (un animal como lo somos nostrxs, a fin de cuentas), ese “otro” por excelencia al que hay que aprender a conocer, amar y proteger -no sólo del cual debemos protegernos-. El Señor Perro encarna el trato con el mundo, tome éste la forma que tome. Y, más importante aún, nos propone una incomodidad en el trato con ese otro para darnos la oportunidad de volver la mirada sobre nosotrxs mismxs, en un juego de espejos que invita a la reflexión sobre las propias dificultades a propósito de las que vemos fuera, ¡esas que se ven tanto más fácilmente…!

Una vez más, como ocurre en las buenas enseñanzas, la dificultad es ocasión de aprendizaje y crecimiento. Como aquel fresco de Goya en el que un perrito asoma y nos carga de preguntas, El Señor Perro nos acerca a este otro en cuyo lugar podemos aprender a ponernos, con quien también podemos disfrutar de todo lo que nos rodea, pasito a paso, aunque en un comienzo nos haya resultado tan intimidante.

En los primeros años de vida toca la deslumbrante aventura de explorar el mundo por primera vez al amparo de quienes nos rodean, y convive a su vez… ¡nada menos que con la adquisición de una lengua! Toda esa intensidad, repuesta por la mirada experta, lúcida y feliz de Ethel Batista, encuentra lugar en estos libros. Les dejo a ustedes la hermosa sorpresa de descubrir estos tres mundos en imágenes, en las riquísimas propuestas de Eva Mastrogiulio y Daniela Sawicki que, como en todo libro-álbum, no “ilustran” tan sólo sino que dialogan y escriben esas historias junto al texto, en un tándem fundamental.

 

Una ballena de patas cortas fue publicado en 2010 por Ediciones del Eclipse y está absolutamente agotado, por lo que el público espera ansioso una pronta reedición. Señales fue publicado este 2018 por Editorial Nazhira y sus autoras estarán firmando ejemplares en la 44ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires este jueves 10 de mayo a las 17 horas en el Pabellón Azul, stand 522. El Señor Perro, que está próximo a editarse, fue adelantado gentilmente a Sonámbula para esta reseña.

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