El único neoliberalismo que ilumina es el que arde

Por Juan Mattio

La cárcel a Facundo Jones Huala y a Milagro, los milicos nuevamente en las calles y los fantasmas de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y las víctimas de femicidios se cruzan con Mark Fisher, Achile Mbembe, Raymond Williams y Dylan Thomas en esta diatriba de Juan Mattio contra el duro invierno neoliberal que estamos atravesando.

 

Este debería ser un artículo de análisis y sin embargo será, lo sé, un texto espectral. Un texto acosado, como su autor, por las deudas y las tarifas y las noches de insomnio. Un texto que se abra camino a través de la bruma del Clonazepan. Un texto que funcione como el exoesqueleto de la tristeza. Un tejido de palabras y símbolos que recubra el malestar. Porque atravesamos el duro invierno neoliberal y se siente como si todas las fiestas del mundo hubieran cerrado sus puertas para nosotros.

Hablo de que te corten el teléfono por falta de pago. O la luz. O el gas. Hablo de que en este primer miércoles de agosto las Fuerzas Armadas volverán a asumir tareas de seguridad interna. Hablo de deber más de 5 mil pesos de expensas. Hablo de la prisión domiciliaria a Facundo Jones Huala y de la crisis de Milagro Sala que termina con ella inconsciente en el hospital. Hablo de ver como tus amigos se quedan sin trabajo, se multiplican en changas, se endeudan en crédito de usura para entrar a un alquiler leonino. Hablo de la Iglesia llamando a movilizar contra la ley de interrupción del embarazo. Hablo de no saber cómo salvar la última comida del mes para tus nenes. Hablo de caminar por tu ciudad y ver cada día más gente durmiendo en la calle. Hablo de que se cumple un año de la muerte de Santiago Maldonado. Y hablo, sobre todo, de que no se ve en ningún lado el solsticio, ese punto de quiebre entre la noche más larga y el nacimiento del día.

No podemos saber cómo será el fin de la extraña distopía que llamamos macrismo. Pese a todo, pueden ser reelegidos. O, quizá, continuarse bajo otra forma política de distinto signo pero igual programa. Tal vez se trata de lo que decía Mark Fisher, a nuestra época le es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Y sin esa visión no hay hacia dónde ir.

En Realismo capitalista dice: “El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable. Jameson acostumbraba a detallar con horror la forma en que el capitalismo penetraba en cada poro del inconsciente; en la actualidad, el hecho de que el capitalismo haya colonizado la vida onírica de la población se da por sentado con tanta fuerza que ni merece comentario”.

Raymond Williams lo decía de esta otra manera: “El capitalismo se preparó para colonizar el tiempo libre, la cultura y la psique”. En el fondo, intuyen lo mismo. Se trata de la sensación de habitar el territorio de los terrores nocturnos sin saber si alguna vez vamos a despertar.

A la demonización brutal de la clase trabajadora le es simultánea la demonización de todo agente político capaz de resistir. Puede llevar el nombre de mapuches, feminazis o piqueteros. El conflicto se vuelve, entonces, de raza, de género y de clase. Lo cierto es que después del asesinato de una mujer policía el odio y la violencia se multiplican y fugan en todas direcciones. Hay un Otro genérico que amenaza y acecha y debe ser liquidado.

El poder que nos produce se funda en la segregación. Achille Mbembe dice que el primer paso hacia esta forma particular del fascismo es la subdivisión de la población en grupos. El siguiente, una ruptura biológica entre ellos que instala la idea de que lo humano -ellos- deben defenderse de lo inhumano -nosotros-. Lo que viene después es la simple administración del derecho a vivir y el deber de matar. Se escuchan, allá, todavía lejos pero audibles, las voces que piden la pena de muerte.

Pero no hace falta imaginar el peor futuro posible. Ya nos faltan Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Ya vimos la imagen televisada del policía Luis Oscar Chocobar disparándole a Juan Pablo Kukoc (y la muerte televisada en prime time no es otra cosa que la pérdida total de la experiencia de la pérdida, la muerte sin aura que nos proponen los medios masivos). Y también Facundo Ferreira de 12 años, asesinado por la policía tucumana. Y el femicidio de Nadia Arrieta, de Marcela Coronel y otras 112 mujeres y niñas asesinadas por violencia de género en lo que va del año.

De modo que sí, los fantasmas se multiplican en el texto porque esas presencias virtuales de lo que ya no es son las que nos permiten vislumbrar hacia dónde vamos. Y lo que se ve es una noche profunda, quieta, horrible. En ese caso, tomemos los versos de Dylan Thomas como amuleto y avancemos: que nadie entre dócil a esta quieta noche / rabia, rabia contra la agonía de la luz.

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