Hacia el paro de la Internacional Feminista

Por Carla Benisz

Este viernes 9 de febrero se realizó la segunda asamblea preparatoria del paro internacional de mujeres del 8 de marzo. Carla Benisz estuvo allí y escribió una crónica del masivo y emocionante encuentro para Sonámbula.

 

La segunda asamblea convocada para organizar el próximo paro internacional de mujeres, el 8M, en C.A.B.A. ya venía con prolegómenos auspiciosos de masividad. La primera asamblea había desbordado la convocatoria prevista, tanto en Buenos Aires como en varias ciudades del país. En Argentina, el crecimiento en número del movimiento de mujeres no hace más que continuar con el ritmo progresivamente  sostenido que venía teniendo en los Encuentros Nacionales de Mujeres. Y que ahora se motoriza -tal es la situación a la que el capitalismo tardío relega a las mujeres- en una proclama de literal supervivencia, la de “Ni una menos”. Este “motor” dio cuerpo al sector más novedoso del movimiento y actual convocante de la movida del 8 que se replicará en unosprocroni 50 países.

La visibilidad de NiUnaMenos tuvo que ver con la exigencia de que el Estado dé una respuesta inmediata ante las crecientes estadísticas de femicidios. La ley 26.485 para la erradicación de la violencia hacia la mujer significó un gran avance legal que se quedó, sin embargo, en el texto de la ley, sin implementarse completamente y sin asignársele el presupuesto necesario. La contundencia del primer 3 de junio, en 2015, llevó la manifestación de esa urgencia al espacio inocultable de la plaza pública. Por primera vez, los grandes medios de comunicación tuvieron que mostrar que el movimiento de mujeres en Argentina es de masas. También contribuyó a esa visibilidad el hecho de que entre convocantes y organizadoras haya periodistas y mujeres de los medios de comunicación, que agitaron mediáticamente la consigna después del femicidio de Chiara Páez en Santa Fe. Lo que quedó de ese histórico 3 de junio fue que la sociedad, en su conjunto, avanzó en la toma de conciencia de lo que significa la violencia estructural hacia la mujer. Hablar de patriarcado, a partir de entonces, ya no era un anacronismo del feminismo sesentista.

Claro que ese avance y esa masificación del reclamo se asentaron sobre un movimiento de mujeres sumamente consolidado, heterogéneo pero por eso mismo, compuesto por distintos tipos de organizaciones preparadas para la agitación, la política y, desde ya, para ocupar las calles. Ese movimiento de mujeres se viene entrenando en los callos de la represión, el contraataque oscurantista de la iglesia y los acuerdos políticos espurios por silenciarlo, en los anuales Encuentros de Mujeres. Son estos encuentros (no arriesgo ninguna hipótesis jugada) los que hacen a la especificidad del movimiento de mujeres en Argentina y lo hacen también un faro para los de la región.

Por otro lado, es claro que el avance que producen las mujeres en la sociedad es seguido de la reacción machista. Los femicidios que no se detienen y la crueldad observable en muchos casos de violencia de género muestran que el machismo contemporáneo actúa como un león herido. Al mismo tiempo que se ve cuestionado en sus privilegios, agudiza sus niveles de violencia: ya no alcanza con pegarle a las mujeres, además hay que quemarlas, empalarlas o secuestrarlas y someterlas.

Pero, como pasa con todo fenómeno social, la reacción es también desde lo discursivo. Se reflotan entonces discursos contra el “fundamentalismo” feminista, un supuesto puritanismo que atenta contra la libertad de expresión, de expresar -aclaremos- el deseo de sometimiento. La batalla discursiva tuvo este verano un escenario impensado: los programas de televisión “de la tarde”. Ese género televisivo que suele tirar propaganda de la ideología para un público construido en torno a la imagen cristalizada de la ama de casa, abrió sus puertas a las proclamas feministas. Si lo hizo -como muchas sospechamos- por oportunismo, lo mismo vale, porque demuestra lo necesario que es hablar de feminismo, incluso aunque no quieran. No hay que negar, por otro lado, que esa visibilidad nueva y mayor que la TV abierta le da a las banderas del feminismo contribuye a la dinámica de crecimiento de la agenda feminista.

Eso se había visto en la primera asamblea organizativa hacia el 8M y se ratificó en la segunda del pasado viernes 9. En contraposición a la imagen del feminismo fundamentalista y, como tal, homogéneo que dan los discursos de la reacción, la masividad del movimiento de mujeres profundiza su principal característica: la heterogeneidad; y, con ello, da un saludable, aunque trabajoso, espacio a los debates internos.

Esta segunda asamblea fue convocada por el colectivo NiUnaMenos en pleno Chacarita y fue muestra de ese crecimiento numérico y del crecimiento en los debates, con más de mil asistentes y más de 150 oradoras. En realidad, la mayor parte de la asamblea fue, como intentan ser estos espacios transversales, un escenario de experiencias compartidas. Arrancaron las voceras de distintas luchas actuales, trabajadoras despedidas del Posadas y de Ferrobaires, las compañeras de escuela de Anahí Benítez, y Gisella Herrera, recientemente despedida por “ausentismo” a causa de ser víctima de violencia de género. Ya iniciada propiamente la asamblea, hablaron militantes barriales, sociales y políticas de todo el espectro opositor a Cambiemos. De este modo, la asamblea se fue dando como una caja de resonancia del ajuste económico que está llevando a cabo el gobierno. Por ello, uno de los tópicos que sobrevoló varias de las intervenciones fue el de exigir a las centrales sindicales la convocatoria a un paro general que enmarque el paro de mujeres.

De todos modos, la intervención más contundente de esta primera parte fue la de Nina Brugo, al punto que podría decirse que con ella comenzó efectivamente la asamblea. Marcó con énfasis la cancha del feminismo como opositor a toda expresión política patriarcal y capitalista y marcó, con ello, las potencialidades políticas del feminismo como desestabilizador de la ideología: “Macri fue votado por cuestiones ideológicas que nosotras podemos revertir”, declaró.

Lo contundencia de Nina Brugo va de la mano con otra bandera que ya no puede no encabezar el actual reclamo de las mujeres: el aborto legal. Que el pañuelo verde de la Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito haya salido a la luz de la TV abierta también ayuda a clarificar las ideas y dispersar temores al interior mismo del movimiento de mujeres; me refiero, en realidad, a sus sectores más temerosos (por no decir, conservadores) que hasta hace poco sostenían que el aborto era un tema de la vanguardia y no de la base. Ahora, aunque el estado actual del machismo nos ponga a la defensiva, a tener que cuidar la vida misma, el conjunto de las mujeres organizadas ya no teme ser ofensivo y exigir derechos. En realidad, es todo uno: la vida se cuida exigiendo lo que nos deben.

El objetivo principal de la asamblea, resolver cuestiones de índole organizativa para el paro del 8, se veía continuamente demorado por esta dinámica de compartir experiencias. Un problema, sí, pero es algo que inevitablemente pasa cuando la experiencia se vuelve masiva y no son los aparatos los que deciden. Sin embargo, los límites del horizontalismo se vieron al cierre de la asamblea y ante el intento de las organizadoras de resumir en un punteo las consignas centrales. El cuestionamiento sobre el consenso del resumen abrió el debate al tema que actualmente divide aguas en el movimiento de mujeres, el de cómo caracterizar la prostitución. Los cantos “siempre con las putas, nunca con la yuta” de las militantes abolicionistas contra “las putas también somos trabajadoras, y al que no le gusta la soba” de las regulacionistas, empezaron a responderse anulándose mutuamente al tiempo que se acusaban de “hipócritas” o “fiolas”. La rapidez con la que saltó la pus del debate acaparó la atención, pero ya antes Graciela Collantes, de AMADH (“también fui una de las fundadoras de AMMAR”, se presentó sonriendo), había sentado una posición más reposada que sacaba el eje de la denominación sobre si trabajo sexual sí o no, y se centraba en la denuncia al sistema prostituyente. El debate, sin embargo, acompañará el movimiento de mujeres al menos en lo mediato.

Como resultado del actual estado cosas, ajuste y represión como política de Estado pero, a la vez, una apertura en el discurso público en torno al derecho al aborto, las consignas de Ni una menos crecieron respecto de las del año pasado. A la principal, contra los femicidios y travesticios, se le agregaron las consignas contra el ajuste y las reformas previsional y laboral, y la exigencia por el derecho al aborto.

La asamblea sigue el próximo viernes y la cita más inmediata es el jueves 19 frente al Congreso para acompañar la séptima presentación consecutiva de la Campaña del proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo. Más allá de la forreada que implica tener que presentar un proyecto ¡siete veces! para un derecho que el Estado nos adeuda, las expectativas son grandes, como lo fueron antes, sí, pero cada vez somos más con la cosquilla de “¿y si sale?”.

Unite a la discusión