Leonardo Oyola: «No escribí lesbianas, escribí amantes»

Por Leticia Bianca – @tododoble

En plena pandemia, se publicó Ultra Tumba, la última novela del escritor de Kryptonita, que cuenta la historia de dos amantes, una convicta y una guardiacárcel, en el marco del motín en una prisión de mujeres. Con zombies.

 

Mucho se está hablando en esta pandemia de los negros del conurbano bonaerense.  Que si se infectan, que si se mueren, que si hacen un motín en una cárcel y arde Troya. Qué peligrosos, esos negros, son insaciables, iracundos, sentimentales. Pobres, bah. Son pobres y lo único que hacen es coger mucho para tener la asignación por hijo. Qué asco.

Leonardo Oyola (Isidro Casanova, 1973) es un negro del conurbano bonaerense que ganó premios internacionales de literatura, publicó más de una media docena de títulos en Argentina y España, 11 ediciones de un libro que puso a Superman en La Matanza y hasta se dio el lujo de filmar una película. Qué asco.

Y ahora, justo ahora, cuando en plena infectadura los negros sucios del conurbano se juntan, se infectan y se mueren para cobrar la asignación, aparece él para contarnos una historia de amor en la cárcel con zombies. Algo así como Orange is the New Black conoce a Game of Thrones al ritmo de una cumbia. Planazo.

-¿Qué tiene la cárcel de magnético para haberte encerrado ahí para narrar?

-Lamentablemente donde me crié la cárcel estaba y aún hoy es algo que sigue bien presente. Por las condiciones de vida que son iguales a las de muchas, muchísimas, localidades carenciadas en todo el país. No me encerré en una unidad penitenciaria para narrar si no que se dan libros míos en talleres de rejas para adentro y voy a esas unidades como lo hago con escuelas, universidades, jornadas literarias o cualquier evento al que me lleve mi profesión. Estuve haciéndolo casi diez años de forma ininterrumpida sin cobrar un peso hasta que ocurrió lo del virus. Así que el escenario se impuso para contar una historia.

-¿Qué desafíos te impuso este ambiente, pensando por ejemplo en las críticas sobre la estetización de la pobreza que le hicieron a El Marginal?

-En el intercambio con las personas privadas de su libertad charlamos mucho de ficciones como El Marginal y de qué cosas  funcionaban y cuáles no. Y de esas charlas me supe nutrir. La columna vertebral siempre es la del policial. Después vamos viendo. Y acá, y siempre hablando desde la ficción, la doble apuesta estuvo en ver hasta dónde podía jugar y estirar las reglas de los relatos carcelarios y de los relatos de zombies.

¿No crees que existe un morbo clasemediero con la cárcel con el que tenés que contar para poder describir ese universo sin  alimentarlo? ¿Lo mediste como elemento?

-Tu pregunta presupone cosas que para mí son ajenas y un prejuicio de clase. Yo me considero un escritor de género. Un escritor de policiales. Género literario que supo mutar y llegar a la actualidad abrazando una cualidad enorme: la de ser un híbrido. Puedo reincidir en temáticas y en gustos personales. Pero para no repetirme de forma sistemática es que coqueteo con otros géneros para perderme hacia dónde me lleven.

Sos un escritor varón creando sobre cómo sienten y piensan mujeres. ¿Pesó algo de «la ola verde» que vive el país a la hora de escribir? ¿Tuviste que cambiar cosas para que se aggiornaran a los tiempos?

-Yo me dedico a escribir ficción pero siempre partiendo de un asidero de realidad. Para esta novela ese punto de partida me lo dio lo que compartimos con gente privada de su libertad y ese siempre fue mi norte.

¿Puede un hombre escribir sobre mujeres lesbianas sin sobresexualizarlas como le enseñó el porno? ¿Puede sensibilizarlas desde una subjetividad no estereotipada? ¿Desconstruida o feminista?

-Yo no escribí lesbianas, escribí amantes; escribí sobre la separación de una pareja de amantes. Y una pareja en un contexto bien específico. En esta novela lejos está de mi búsqueda erotizar. Focalizo en los vínculos de los personajes y no en su sexualidad. Así lo hice también con Lady Di en Kryptonita o con la Víbora Blanca y Lorelei en Santería y Sacrificio.

Los zombies tienen un componente social ya estudiado como modo de denuncia de los excluidos. ¿Qué te atrajo de esta temática para incluirla en un relato tan realista?

-Lo que siempre me interesó del tema zombi es la reacción de los sobrevivientes. Cómo para poder seguir adelante la mayoría intenta evitar convertirse en zombie pero se termina deshumanizando de otra forma.

 –¿Qué dirías que es lo que atrae tanto al público en general de esa dinámica vivos versus muertos?

-Lo que atrae, y a mí me parece muy efectivo, es la metáfora/comparación con respecto a lo que nos vuelve zombies. Que es lo que nos anestesia de otros aspectos de la vida, monopolizando nuestro día a día. Eso se lo reservé solo a un personaje, que es el único que se convierte de otra forma a la que se cuenta en la novela con la que se logró traer de nuevo a las fallecidas de esa unidad penitenciaria.

 –¿Esperas que Ultra Tumba se lleve al cine o a la tele como Kryptonita?

Lamentablemente no están dadas las condiciones económicas para hacer una realización cinematográfica como necesitaría esta historia. Y eso desde mucho antes de la pandemia. De hecho hacer cine de género en Argentina estaba siendo solo para un grupo de privilegiados ya antes y además todo esto que está pasando a nivel mundial relega más aún a este arte y afecta el trabajo de muchísimas personas delante y detrás de cámaras.

 


 

ULTRA TUMBA

Leonardo Oyola

Literatura Random House

240 páginas.

2020

Una relación de pareja entre dos mujeres se rompe justo en el momento en que estalla un motín. Estamos en una cárcel de mujeres y las amantes son una convicta y una guardiacárcel. En la peor de las situaciones; Leo Oyola vuelve a recordarnos el poder de la amistad; del amor y de la lealtad como los únicos antídotos contra la muerte.

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