¿Qué es lo que puede un pogo?

Por Nacho Saffarano

A 14 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, Nacho Saffarano comparte con Sonámbula un recuerdo emotivo sobre la primera reacción que conmocionó a la Ciudad de la Plata cuando comenzó a circular la noticia. Rock y dictadura como marcas de resistencia contra los genocidas.

.

La Plata tiene dos marcas identitarias grabadas a fuego, el rock y la dictadura. Conviven en ese tándem creaciones artísticas, producciones académicas, eventos masivos y movidas para 50 personas. Es alrededor de estos dos ejes donde se construye el relato histórico de la ciudad y donde el resto de símbolos se vuelven detalles: diagonales, tilos, planificación urbana, facultades, Estudiantes-Gimnasia, todos actores de reparto.

El 19 de septiembre del 2006 se conjugaron esas dos marcas. Adentro de la Municipalidad, cientos de militantes y sobrevivientes de la última Dictadura, esperaban el veredicto de la causa que tenía como principal imputado a Miguel Osvaldo Etchecolatz, director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, fiel ladero del genocida Ramón Camps.

Cruzando la calle, en el corazón de la Plaza Moreno un montón de pibes se agrupaban al lado de un escenario improvisado. Muchos estaban haciendo una suerte de vigilia para esperar el veredicto del T.O.F. N° 1. Otros estábamos ahí porque tocaba Don Lunfardo y el Señor Otario, la banda más convocante del under platense. Ojo, sabíamos cómo venía la mano, que había un juicio, que milicos hijos de puta y hay que saltar hay que saltar el que no salta es militar. Pero estábamos ahí por el rocanrol.

Don Lunfardo tocó a cualquier hora, como de costumbre. Se desató un pogo furioso cuando desde adentro llegaron las noticias de que le habían dado perpetua a Etchecolatz. Mucha gente abrazándose, chorros de birra desparramándose por el aire, mi primer registro del “como a los nazis les va a pasar”. Quedé impactado.

En un momento se subió una piba, seguro que era militante de algún partido de izquierda u organización de derechos humanos. Yo en ese momento tenía 15 años y era del Che Guevara línea La Renga, así que imposible distinguir de donde era la piba, una precisión que tampoco me interesaba. Cuestión que se subió, gritó “compañeros, compañeros” y nos callamos todos. Dijo que había un testigo desaparecido que desde ayer no volvía a su casa, que esto no podía pasar y que si no aparecía en las próximas horas había que armar una gran movilización.

El 23 de septiembre se realizó la primera marcha por la aparición con vida de Jorge Julio López en La Plata. El 27 la primera a nivel nacional. Las crónicas y los compañeros que estuvieron dicen que fueron muy grandes. Deben haber sido las últimas que se hicieron con días soleados.

Cada 18 de septiembre pienso en esa piba y en su orden: hay un desaparecido, hay que movilizar. Nada más que discutir. La escena volvió en cada uno de esos 18 lluviosos y fríos, como un reto cariñoso: “¿En serio te vas a quedar en tu casa? ¿No te das cuenta de que hay un desaparecido?”. El año que viene me voy a volver a acordar de la piba. Ojalá que no tengamos que sumar ningún nombre nuevo a las reivindicaciones, ni tengamos que pedir que renuncie el funcionario de derecha de turno. Y ojalá que llueva y haga frío, y que podamos amucharnos entre varios debajo del mismo paraguas, en busca de un mate salvador.

Comentá