Rompehuelgas, esquiroles, amarillos, carneros, crumiros

Por Pedro Perucca

Mientras la pandemia muestra con absoluta claridad las contradicciones sociales derivadas de un cada vez más desigual reparto de la riqueza, con empresas que durante la crisis facturaron más que nunca y millones de personas que se hunden en la pobreza, Pedro Perucca propone un breve recorrido por la etimología de algunas palabras que designan a quienes eligen alinearse con el enemigo de clase ante una huelga o paro.

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Mientras la epidemia de coronavirus profundiza las desigualdades sociales, con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, especialmente en Nuestra América latina, una de las zonas más golpeadas por la crisis económica derivada del inédito estallido sanitario, las disputas por el reparto de la riqueza se tensan y en todo el continente se multiplican los estallidos populares, las irrupciones sociales, las puebladas y, en algunos casos, hasta se recuperan algunas tradicionales herramientas de lucha de la clase obrera como paros y huelgas de diversos alcances. Pero siempre que hay un intento de paralizar la producción o la circulación capitalista (o ambas) también habrá quienes, desde los sectores oprimidos y explotados, terminen alineándose con el enemigo de clase para sabotear estas iniciativas y garantizar una continuidad productiva sin sobresaltos. Los conocemos habitualmente como rompehuelgas o carneros, pero hay muchas otras formas de denominarlos.

Ahora bien, desentrañar los misterios de la palabra en cuestión nos exige un cierto trabajo etimológico. Pero empecemos por los sinónimos yendo de lo más transparente a lo decididamente oscuro (en varios aspectos, como veremos): rompehuelgas, esquirol, carnero, amarillo, crumiro.

La composición de palabras de rompehuelgas es evidente y se repite en varios idiomas. En portugués se dice fura-greve, en francés briseur de grève, en inglés strikebreaker, en alemán Streikbrecher.

Para esquirol existen por lo menos dos hipótesis. Una explica el origen de la palabra por L’Esquirol, un municipio barcelonés del que habría salido un contingente de obreros que a fines del siglo XIX ocupó los lugares de los tejedores de Manlleu en huelga que se resistían a abandonar el trabajo hogareño para centralizarse en la factoría. Otra versión, que de todos modos no logra lavar la vergüenza eterna del gentilicio, afirma que hay registros de este uso específico de la palabra por lo menos 50 años antes del incidente textil, por lo que pretenden explicarlo simplemente porque en valenciano y en catalán esquirol significa «ardilla». Y, por más simpático que sea el bicho, no deja de ser un roedor, acaparador, furtivo, ladrón.

La asociación con ciertos aspectos negativos de diversas especies animales será también el origen del sinónimo de esquirol que se usa en Argentina, Uruguay y Paraguay: carnero. Si a la tradicional idea de la sumisión ovina se suma el clásico insulto proletario de «cornudo» podemos darnos una idea del porqué de la elección de este simpático animalito puede servir como adjetivo indiscutiblemente descalificador.

Jaune es una palabra casi en desuso en francés en su acepción de carnero (probablemente tenga alguna asociación con los trabajadores asiáticos), pero en su significado de “amarillo” logró a muchos antiguos textos español en algunas traducciones demasiado literales de antiguos escritos socialistas.

El último de los sinónimos es el más misterioso de la serie. Si bien es cierto que ya no se usa, crumiro fue una forma muy en boga de llamar a los carneros a fines del siglo XIX y principios del XX en nuestro país. La palabrita suele aparecer con frecuencia en publicaciones y socialistas de la época, directamente importada del italiano.

Pero su uso en Italia también es oscuro. Crumiro (o su plural crumiri) es otro gentilicio, esta vez designando a los nativos de Krumiria, una región situada entre Argelia y Túnez. En sus Cuadernos de la cárcel, Antonio Gramsci se preguntaba por el origen del uso de la palabra como sinónimo de rompehuelgas: «La palabra crumiri está ligada a la ocupación de Túnez por Francia como el pretexto inicial de rechazar a hipotéticas tribus de krumiros que desde Túnez habrían incursionado a Argelia ejecutando razzias. ¿Pero cómo pasó el término a formar parte del vocabulario especial del sindicalismo obrero?» Si Gramsci no pudo resolver la intriga, no nos pesa tanto nuestro fracaso (claro que él estaba en un calabozo y nosotros tenemos Internet… gracias por nada Google).

Para terminar con el tema de los animales, digamos que en inglés uno de los sinónimos de tipología que analizamos es rat, directamente «rata».

Más allá de esta rareza, lo que suele predominar en otros idiomas, además de la asociación con algún animal desagradable, es el recurso a las enfermedades más horribles.

En varias lenguas, a los carneros se les dice directamente sarna o sarnoso. En inglés entonces será scab o scabbie. Con la misma raíz, en italiano se dice scabbia. Del inglés también proviene una de las asociaciones más desagradables. Blackleg (pata negra) es el nombre vulgar de la gangrena enfisematosa, enfermedad bacteriana infecciosa de ovejas y ganado vacuno. Carneros afectados por la patanegra ya es una redundancia.

Para citar algunas utilizaciones literarias del vocablo, digamos que por la web anda dando vueltas un poema, falsamente atribuido a Neruda (cuando en realidad es del escritor venezolano Miguel Otero Silva) que se llama “Las manos del rompehuelgas”, pero nos gusta más el texto del escritor estadounidense Jack London:

«Cuando dios creó la culebra de cascabel, el sapo y el vampiro, le quedó cierta cantidad de terrible sustancia, con la que hizo al esquirol.

El esquirol es un animal bípedo con el alma en forma de espiral, los sesos líquidos y el espinazo mezcla de jalea y de cola. Donde otros tienen corazón, él tiene un tumor de principios podridos.

Ningún hombre tiene derecho a ser esquirol mientras hay un charco de agua para ahogarse y una soga lo bastante larga para ahorcarse.

Judas Iscariote fue un gentleman en comparación con el esquirol. Al traicionar a su maestro, no le faltó carácter para ahorcarse. Y el esquirol no lo tiene…

El esquirol traiciona a su dios, a su mujer, a su familia y a su clase».

En cine hay inolvidables escenas con esquiroles en películas como La huelga (Serguéi M. Eisenstein, 1924), Los compañeros (Mario Monicelli, 1963), F.I.S.T. (Norman Jewison, 1978) o Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000), por mencionar una lista lo más ecléctica posible en cuanto a épocas y formas.

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Imagen de portada: “Ford Strikers Riot”, de Milton Brooks. Tomada durante una huelga en una fábrica de Ford en la que un carnero es apaleado por los trabajadores. Fue publicada en 1941 en el Detroit News y ganó el Pulitzer al año siguiente.