Ruta directa para reconectar con la saga más cinética y adrenalínica del cine

Por Pedro Perucca

Pedro Perucca leyó el reciente libro de Marcelo Acevedo sobre una de las sagas más icónicas del cine, Ruta al infierno. La saga de Mad Max, de Editorial Cuarto Menguante, y lo recomienda enfáticamente, aunque luego haya que ventilar la casa para sacar el polvo del desierto australiano y el olor a combustible y gomas quemadas que invade todo apenas se abre la primera página.

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“Cae el sol en Australia. El Salón de la Justicia de la Main Force Patrol tiene un aspecto decadente y olvidado. Su cartel rústico cuelga inerte, algunas de las letras comienzan a caer como frutos rancios. La oscuridad le otorga un semblante de fortín abandonado a la última trinchera de la justicia, esa delgada línea que separa el orden del caos total. De un lado, los hombres que representan aquello que alguna vez se llamó la ley; del otro, los hijos de una sociedad que se deteriora, al ritmo de la escasez de recursos naturales y gasolina”.

Primera escena de una saga mitológica que sigue creciendo a más de 30 años de su nacimiento y primer párrafo del nuevo libro de Marcelo Acevedo, Ruta al infierno. La saga de Mad Max, una imprescindible sistematización del vital universo cinematográfico inaugurado por George Miller en 1979. No hace falta haber visto toda la saga para abordar el libro, que está dirigido a un público mucho más amplio que el de los fans, pero sin dudas su lectura dispara las ganas de maratonearla.

El trabajo constituye un exhaustivo análisis/homenaje de la saga, que va mucho más allá de las cuatro películas que todxs conocemos, porque los films de George Miller fundaron un universo y una mitología que sigue viva y creciendo. Marcelo no sólo presenta el análisis de las películas (siempre con una imprescindible reposición de cada una, que viene muy bien para recordar escenas, situaciones o personajes que tal vez no se visitan desde hace años) sino también una amplísima oferta de conexiones, influencias, referencias, teoría, comentarios y contexto que puede disparar hacia los lugares más insospechados y provechosos. El quinto capítulo está dedicado íntegramente a la Mad Max-ploitation, donde se enumeran tanto los clones, imitaciones y homenajes como las series y animés inspirados en el personaje, pasando por publicidades, videojuegos, videoclips y comics.

El libro además cuenta con un prólogo de Leo Oyola que te lleva sin escalas a mediados/fines de los 80, a la experiencia de ver Mad Max en el cine, recordando que la encontró de casualidad en un doble programa (sí, antes se pagaba una entrada para ver dos películas en continuado) al que había entrado con un amigo para ver Locademia de policía 4. Pero al rato no existía nada más en el mundo que las aventuras del loco Max en esa tierra devastada, heroica, masculina, fierrera. Su encuentro con la saga fue con la que todos sabemos que es la más floja, la tres, Más allá de la cúpula del trueno. Y ojo que la bancamos también. De hecho, escribo esto con Tina Turner sonando de fondo. Como George Miller es simply the best, puede haber una Mad Max menos buena pero no una mala.

Pero a Oyola no le gustó la cuatro, Fury Road, sobre todo por la “traición” del recast. Está bien, es un punto. Una especie de Old Man Max con un Mel modelo 2015 hubiera podido estar recontra bien, qué duda cabe. Pero vamos, Leo, es un peliculón la cuatro. Y no porque sea la que cierra el ciclo de la decadencia civilizatoria, terminando por primera vez en toda la saga con ciertas esperanzas de futuro (gracias también a que incorpora una clara mirada feminista y antipatriarcal), sino porque además del guión inteligente y de las actuaciones que están todas bien (con la tremenda Imperator Furiosa de Charlize Theron por encima de todo), es probablemente la mejor aventura cinética y adenalínica que ofreció el cine en los últimos años. Efectos digitales solo cuando es estrictamente imprescindible, con la absoluta mayoría de sus escenas filmadas con autos y camiones de verdad a los palos por un desierto de verdad, con unos pilotos profesionales delirantes y todo el polvo, fuego, cromo, rock y violencia que se espera de una Mad Max.

Mi descubrimiento del universo Mad Max fue, gracias a los dioses de la velocidad y los motores, la dos, la posta, El guerrero de la carretera, ese increíble western apocalíptico motorizado, la responsable de catapultar la carrera de Gibson, del mayor fenómeno de internacionalización del cine australiano y de que hoy exista una mitología Mad Max. Porque la uno, sí, claro, aprovecha increíblemente su limitadísimo presupuesto para hacer magia y presentarnos en base a detalles y fueras de campo un creíble mundo capitalista “preapocalíptico” (porque todavía sobreviven algunas instituciones y algunas comunidades hacen fuerza para sostener la vieja normalidad), un original campo de justas en tierra de nadie rutera y sobre todo, a un antihéroe destinado a trascender, el loco Max Rochatansky. Y para una erotización de los autos como pocas veces se ha visto en un cine que lo ambiciona constantemente (ah, que belleza ese Interceptor V8 y qué dolor cuando muere). Explica Marcelo: “Mad Max es una distopía en la que la escasez de combustible, los altos índices de criminalidad, la ausencia de Estado y el amor de los australianos por los automóviles se amalgaman y forman un cóctel adrenalínico”. Un cóctel (Molotov) que sin dudas funciona a la perfección.

Pero sin la locura de Mad Max 2, El guerrero de la carretera (“Una de las mejores películas de todos los tiempos”, resume Marcelo, sin el menor inconveniente), el mundo hubiera sido distinto y no tendríamos una cierta estética punk apocalíptica copyright Miller, decenas de video juegos, un museo y un parque temático en Australia, centenares de malas películas de imitación, guiños en los dibujitos animados, historietas, publicidades y mil cosas más. La película de 1981 “creó una mitología propia y se transformó en un faro a seguir por cineastas de todo el mundo”, explica este ensayo.

Aunque luego haya que sacar de los muebles una película de polvo del desierto australiano y ventilar la casa del olor a nafta y a gomas quemadas que emana del libro desde la página uno, no se pierdan esta posibilidad de reconectar con una de las mejores sagas del cine, aprovechando además la caja de herramientas que aquí nos ofrece el autor de Ruta al infierno para levantar el capot del fenómeno Mad Max y ver cómo funciona ese motor poderoso que arrancó hace 32 años y que hoy sigue en marcha, regulando paciente mientras espera para acelerar a tope otra vez con el spin off Furiosa, en el que Anna Taylor-Joy encarnará a la futura Imperator en su juventud. Nosotrxs esperamos también, ilusionadxs con la promesa de más Miller, conteniendo las ganas de lanzarnos de nuevo a la ruta, con el acelerador a fondo y el escape quemando cromo, en busca de más aventuras.