Sergio Langer dispara contra la solemnidad

Entrevista y foto: Pedro Perucca

Entrevistamos a Sergio Langer, humorista gráfico con más de 40 años de trayectoria, desde sus inicios en la mítica revista Humor hasta actuales colaboraciones en diversos medios internacionales, pasando por 12 años de publicación de La Nelly en la contratapa de Clarín. Una charla distendida sobre el miedo, las polémicas, la censura, las esperanzas políticas, la renovación en el mundo de la historieta y mucho más.

.

Quedamos con Sergio Langer en que pasaba por su estudio del barrio de Agronomía el jueves a las 15. Toco el timbre a la hora acordada y después de la presentación de rigor por el portero dice: “Odio a la gente tan puntual”. Quiero creer que ya está bromeando.

La casa de tres plantas (“reciclada con la indemnización de Clarín”, dice) está todavía en obras. En la planta baja funcionan algunos talleres de dibujo y la Asociación Viñetas Sueltas. Cuando entro, me encuentro con que uno de los laburos de carpintería para el estudio lo está haciendo Tucho, un viejo compañero de militancia que  no veo hace más de una década. Nos abrazamos y charlamos un rato mientras Langer nos mira extrañado. Después bromea con que pensó que nos habíamos complotado con el carpintero para afanarlo.  

Llegamos a su estudio del tercer piso y me gasta por la respiración agitada. Mientras prepara el mate explica: “Los judíos nos lavamos las manos, una sana costumbre. ¿Sabés por qué los judíos no se murieron con la peste negra? Porque se lavaban las manos tres veces por día para decir las oraciones. Por eso después los mataban por tener un pacto con el demonio: ¿Cómo es que nos morimos todos y los judíos no se mueren? Así que al pedo se lavaban las manos, al final”. El chiste, la búsqueda del costado de humor negro de cada situación, una segunda naturaleza.

Entre bromas también cuenta que hace unos días quedó preocupado porque le tocaron el timbre y le dejaron un ejemplar de una publicación sobre el Tercer Reich en la puerta, dentro de un sobre papel madera con membrete oficial tachado, pero con el escudo argentino a la vista. Claro que también puede ser un chiste, como cuando le pegaron en el auto la tira de La Nelly de “I love Mahoma”, posterior a la masacre de Charlie Hebdo, que lo tuvo preocupado por algunas semanas hasta que se identificó el responsable de la broma.

Sonámbula: ¿Pero alguna vez tuviste amenazas en serio por tu laburo?

Sergio Langer: Me gustaría contarte alguna, como que me amenazaron grupos neonazis, pero no. Lo único fue que cuando empecé a colaborar en la revista Humor caí en la volteada de unas listas de subversivos que sacaron los de Cabildo, pero yo era un perejil y además era un honor estar en la lista de esos pelotudos.

Pero siempre uno se paranoiquea. Lo que más miedo me da son todos estos grupos integristas, evangélicos, funcionales a la derecha. Esos tipos me dan miedo, porque pueden agarrar cualquier chiste mío al azar, cualquiera de los 40 años en que hago humor, y les va a parecer un insulto. Eso que pasó con Barcelona y la crítica por hacer un chiste con Dujovne y la referencia a “No se olviden de Cabezas”… Veinte veces usamos ese recurso. ¿Y ahora todos le salen a pegar?

-En alguna entrevista vos dijiste que te considerabas como un tipo temeroso en algunas cosas y es un poco difícil conciliar eso con el nivel de bestialidad en el humor que manejás, pero puede ser perfectamente, hay muchos artistas cuyas obras son muy border y ellos pueden ser personas tímidas… lo que tampoco parece ser tu caso. ¿Pero sentís que el humor ese al que apostás te condiciona en el personaje que presentás públicamente?

-Antes que nada, aclaremos que soy temeroso de Dios. De chico me daba miedo Dios, la idea de Dios. Me acuerdo de tener 9 años e imaginarme que estaba conmigo en una habitación, como una presencia. Igual no vengo de una familia religiosa, pero sí fue perseguida durante la guerra por ser judía… Mi vieja estuvo en un campo de concentración y a mi viejo lo mataron en un asalto. Entonces, si no tengo miedo soy un idiota. Miedo tengo. Miedo, bronca, odio. Pero encontré en el dibujo una herramienta para poder salir a flote, ponele. Y también hice todas las terapias que te imagines, aunque no se note. Y creo que sigo buscando algo que te mantenga más o menos en un eje. Y miedoso soy, tengo miedo de la violencia de los demás y de mi propia violencia. Pero es más honesto decir que le tengo más miedo a la violencia de los demás. Y lo de ser temeroso, que pareciera que no condicen los dibujos con eso… Porque si sos miedoso no dibujás el ARA San Juan hundido con esqueletos y un cartelito que dice “Bienvenidos jubilados”. Yo no había visto las reacciones a eso, tanto de la gente que tuvo un familiar ahí como de los que no, no importa, porque a alguno le puede parecer una gastada. Mucha gente se sorprende. Pero volviendo al tema de tener miedo o no, lo cierto es que no soporto la parálisis producto del miedo, dejar de hacer cosas por eso. Entonces es contradictorio, porque voy y vengo. Con mis dibujos no soy temeroso y en la vida normal sí.

En cuanto a lo del personaje, no sé, no soy un tipo que esté muy expuesto. Capaz que este año me hicieron un par de notas… O es una suma, imaginate que si desde hace 40 años que estoy dibujando alguna resonancia tiene mi nombre para alguna gente, pero no suelo tener un perfil alto, no es esa mi manera de ser, entonces tampoco tengo que responder a un personaje. Soy más bien honesto y cuando me requieren trato de no responder desde un personaje armado.

-Para no ir al lugar común de los límites del humor, sobre todo porque coincido con lo que dijiste en alguna entrevista de que si el  horror no tiene límites ¿por qué se los vamos a poner al humor? Sería como pelear con una mano atada…

-O con las dos. No hay manera.

-¿Pero personalmente disfrutás la polémica? ¿Te genera orgullo o alegría o algo así cuando ves esos comentarios indignados como respuesta a un dibujo tuyo?

-Hablando de la enfermedad de los likes… Mientras se disipa todo este fenómeno te digo que no, no disfruto cuando me bardean. Por ejemplo, en el 2006, cuando Israel estaba bombardeando (está bien que Israel bombardea todos los días, ni bien vuela un cohete contra Israel, van y se la ponen) Líbano porque Hezbollah había secuestrado a dos soldados israelíes y yo dije: “Esto no termina más”. Yo tengo familiares allá y el Estado de Israel está ahí, más allá del discurso de izquierda sobre el sionismo imperialista, los judíos están ahí. ¿Qué hacés, agarrás a 8 millones de moishes y los tirás no sé dónde? Entonces no es esa la solución. Hay algo mío que tiene una simpatía por el pueblo judío que se reunió ahí, pero al mismo tiempo es intolerante lo que están haciendo con los palestinos, que estaban antes, a los que están cagando a tiros. En síntesis, el chiste era que había dos judíos, a los que para caracterizarlos hice como religiosos y narigones, como todos mis dibujos… Se mostraba un baño destruido y ante la protesta de uno porque le habían destrozado “el water y el hidromasaje”, el otro respondía: “Ya mismo bombardearemos Gaza, Beirut, los aeropuertos, las refinerías, las autopistas y arrasaremos con el Parlamento”. Una desproporción total. Entonces me entraron a mandar puteadas por mail, porque no había redes en ese momento. Del tipo: “Así que vos sos hijo de una mina que estuvo en un campo, ¿y cómo estás del auto-odio?” Me mandaban las caricaturas que hacían los nazis de los judíos para mostrarme que yo hacía lo mismo. Otros me daban clases de historia. En ese momento tuve que acompañar a Ezeiza a mi hermano, que es un par de años más grande que yo y un poco más conservador, y le iba a regalar la Barcelona donde había salido ese chiste, pero al final dije: Este número no. Me quemaron la cabeza. No me gustó, para responder a tu pregunta.

Lo mismo cuando el año pasado hice un chiste con el tema de la violación de “La Manada” y es como que salieron de todos lados a pegarme. Lo que yo veía es que las minas más grandes me defendían, porque conocen el laburo mío, pero las más chicas no… Y por un lado me pareció genial que pase eso, pero por otro no hacía mucho tiempo atrás se habían juntado acá las dibujantes del colectivo La línea peluda, un colectivo de dibujantes mujeres, a varias de las cuales conocía de antes, y a la semana me estaban puteando porque yo era un machirulo falocrático al que le cabía el escrache. Pero yo estaba mostrando la complicidad de la familia con la violación y el miedo, porque además al tipo lo dibujo como una bestia. Y eso salió en España con cinco chistes más en esa tónica. Pero acá pasó eso. Y a partir de ahí un montón de mujeres se fueron de La línea peluda, aunque muchas otras me bancaron.

Tiene que ver con todo esto que estamos viviendo en torno al feminismo, que me encanta y lo saludo. Pero yo me la paso haciendo chistes sobre los campos de concentración, los negros… Y hacer un chiste con el tema de la violación tiene que ver con el humor negro, que es un género. Y cuando se me tiraron encima pensé que algo no estaba bien. ¿Qué tendría que hacer? ¿Dejar de hacer humor con eso? No, pero sí hay que pensar bien lo que se publica. Lo que pasa es que para mí lo más saludable del humor es la espontaneidad, la arbitrariedad, sobre todo si es humor negro.

-¿Sentís que incorporaste un filtro más a partir de estos eventos?

-Sí. Y me molesta, me enoja un poco. Pero estoy mirando, es muy difícil poder analizar un proceso en el que estamos inmersos y lo estamos atravesando. Mientras tanto aprendí a no putearme con la gente, porque no conduce a nada.

Es muy frustrante, porque ese era un terreno ganado después de los años 70. Con revistas como Satiricón, Chaupinela, Hortensia o Mengano se había ganado un terreno. Porque en el resto de Latinoamérica hay una cosa más conservadora, católica… En otros países jamás una revista hubiera podido poner una foto del Papa en la tapa y que se lea ¡PUTAZO! Eso es impensable. Barcelona en ese aspecto toma una tradición de libre pensamiento que ya estaba en el país y que ahora subsiste de forma marginal.

Yo hice un libro con Pepe Palomo, un gran amigo y artista chileno que estuvo exiliado en México por la dictadura de Pinochet, que se llama Satánicos, que son chistes sobre la Iglesia. Ya salió en Perú, pero acá no sé… No es que me estoy moviendo para hacerlo, pero pienso que cada vez más va ser tomado más como una ofensa, como un ataque a Dios. ¿Qué dijo el Papa cuando ametrallaron a los de Charlie Hebdo? Bueno, si te tocan a tu vieja, reaccionás, le das un cachetazo… Como justificando. Entonces, como la gente no quiere tener quilombos, sufrir en su carne una agresión física, se guarda.

Si viviera en Europa estoy seguro de que hubiera colaborado en la Charlie Hebdo, pero tengo que reconocer que ya hubiera dejado de hacer chistes con eso. Hoy en Europa es imposible hacer un montón de chistes que hacemos acá.

-La autocensura funciona.

-Y sí, obvio. Si a los tipos de Charlie Hebdo los amenazaron y siguieron jodiendo incluso después de que les quemaron las oficinas porque decían “Estamos en Francia, no nos toquen los cojones”, hasta que los ametrallaron. Yo en Cuba conocí al director, Stéphane Charbonnier (Charb), y a uno de los dibujantes, Georges Wolinksi. Fue en un seminario de entrenamiento guerrillero de dibujo (risas)… No, en una bienal de humor en San Antonio de los Baños, en el 99.

Es tema es complicado. Daniel Feierstein, que es un docente que piensa el tema del genocidio, me dijo una vez que si una minoría oprimida y excluida, que vive en un país del primer mundo como Francia, encima siente que la gastás… Bueno, como que tenés que tener consideración. Es para charlarlo. Pero la revista se la pasó tocándole el orto a los neonazis, a todo el mundo. Y no se bancaban esa intolerancia de los musulmanes, que después de que un tipo publicó el chiste de Mahoma con una bomba empezaron a quemar embajadas… Al dinamarqués que hizo ese dibujo lo amenazaron de muerte, tuvieron que cerrarle la calle de su casa y se hizo poner una habitación antipánico. Su vida se volvió un infierno, como la de Salman Rushdie después de Los versos satánicos. El tipo cuenta que así y todo un día se le metió uno, que lo quería acuchillar. Una cosa de película de Stephen King.

-Para comparar el registro de humor que se maneja en nuestro país con otros, ¿tuviste escándalos de este tipo con publicaciones tuyas en otro país?

-No, para nada. Pasa que además yo tengo una de mis patas, de mis tentáculos (como buen judío, tengo tentáculos en todos lados), que es el humor de política internacional. Es lo que publican los medios de la industria gráfica, grandes medios, que suele ser más prolijo y con una ilustración en general no tiene nada que ver con el under. Salvo que lo hagas a Trump chupándosela a Mao. Pero también es un sector donde se están recortando estos espacios y muchos medios están echando a los humoristas gráficos.

Sí me pasó en Mongolia, una revista española donde estoy colaborando, con un encargo que me habían hecho ellos mismos sobre un tema puntual con los curas… que me dijeron que era muy sarpado. Y le borré algunas cosas eso. No pasa nada, no es censura eso. Es simplemente no despertar al monstruo al pedo. Y en España están para atrás, porque estos pibes de Mongolia tuvieron un juicio con un torero, que es una figura pública que atropelló con su auto a alguien y cuando lo gastaron el tipo les clavó un juicio por 40 mil euros y en primera instancia lo perdieron. Por joder con un tipo que es una personalidad pública. Entonces hay un viraje para atrás muy fuerte. Y tampoco es ajeno que es una revista contestataria, entonces en cuanto la puedan erosionar también. Acá también pasó con Barcelona, con el cura Grassi, con Cecilia Pando… Que son personas públicas, no me jodas. La mina esa Pando cuando puede aprovecha para salir a decir todas las mierdas que dice.

Por eso creo que hay que juntarse y armar redes todo el tiempo entre la gente que está peleando contra los prejuicios, contra el racismo y la explotación, porque si te agarran a vos sólo te cepillan.

-En un sentido muy general, ¿te sentís parte de un grupo de humoristas que están luchando contra esta ofensiva para achicar el terreno del humor?

-De acá me gustan mucho los Midachi. (Risas) No, los pibes de Alegría, que surgieron como una especie de reacción espontánea frente al triunfo de Macri. A mí también me agarró desprevenido. No puede ser que este forro gane las elecciones. Entonces ahí se me escapó la tortuga, como a un montón más. Pero estos pibes se juntaron y durante cuatro años le pegaron y le pegaron. Yo en un momento pensé que se empobrece la propuesta si el único eje es pegarle a Macri. Pero está bueno. Además los conozco a los que armaron el proyecto. Y fue genial. Yo tengo los huevos al plato de hacer humor de ese tipo, aunque lo voy a seguir haciendo. Pero en esa movida surgieron tipos que yo admiro. Alguno tan pendejos que no tenía idea de quién es Altuna. Quiero decir, nuevas generaciones pero toda gente con la que tengo buena onda. Así que también a nivel personal es una satisfacción sentir que con mis 60 pirulos puedo estar con esos pendejos y que todavía enganchamos, nos entendemos.

Además ahí es totalmente horizontal. Cuando yo empecé a dibujar tenía que ir con mi carpeta y subir todas las escaleras hasta llegar a Cascioli que era el poronga. Y él era que iba a decidir si yo publicaba o no, sin juzgarlo a él, porque estaba bien, él era el director. Pero yo no me iba a juntar con mis colegas en un bar para decidir quién iba a publicar, que es lo que sucede con Alegría. Hay una cosa absolutamente horizontal, que me emociona. Somos todos Cascioli en todo caso. Eso está bueno. Hace poco me invitaron a un viaje a Concordia y fue como ir a Bariloche con todos los pelotudos. Nos cagamos de risa todo el tiempo y me sentí en un marco piola, aunque al final no me dieron la habitación para mí sólo que me habían prometido por ser el vetarano del equipo (risas).

Pero ahora hay una especie de crisis, porque si el objetivo al que le pegamos todos los putos días de los putos cuatro años se va a correr, ¿qué vamos a hacer? Yo creo que puede dejar de tener el empuje de antes, puede haber un grupo que se abra y que otro emerja… Pero en realidad Macri se va, pero el huevo de la serpiente está en toda la Capital. ¿No ves que son todos policías?

-Ese es un fenómeno que puede pasar con algunas publicaciones de humor político. La revista Humor en democracia perdió buena parte de su filo…

-Además tomó partido por Alfonsín. No era vanguardia. Era “vamos por la democracia”, que Mercedes Sosa pueda cantar, vayamos a Teatro abierto… Toda una movida progre cultural, loable pero limitada en su proyección. Con Alegría no sé qué va a pasar. Seguro se abre una nueva instancia para los pibes estos. Yo les aportaré lo que pueda… Fuimos el otro día a una radio de por acá, La colectiva, y estuvo bueno. Yo no decido, no estoy con ellos todo el tiempo, pero se armó algo interesante que puede terminar en un sello editorial, en una revista… O en nada. Pero ellos se foguearon en las redes. Así como yo lo hice en la revista Humor, viendo mis dibujos publicados en papel, ellos lo hicieron a través de las redes sociales.

-Hablando de esta tapa de Barcelona donde están Alberto y Cristina, mientras estamos a horas de las elecciones: ¿Sos un poco optimista respecto de la próxima etapa o creés en serio que las opciones son tan limitadas como el slogan de esa tapa: “Moderación o dependencia”?

-No soy un carajo optimista. No puedo cantar “vamos a volver”. Está bien, me dejo llevar por esa ola, hago lo necesario si hay que hacer algo, aunque no soy militante… Pero acá en el barrio de Agronomía en estos cuatro años tejimos relación con una cooperativa de cartoneros, fuimos a ver lo que hacen, quedamos en que ellos vienen los sábados… Barrio de clase media, luchando contra los sectores más fachos que querían poner cámaras, que copaban la placita del barrio para hablar de seguridad… Entonces creo que hay que aprender de esos temas, tomar la bandera de la seguridad, no dejar eso en manos de estos tipos. Las redes son una herramienta de mierda por momentos, pero también formidable para generar empatía y tejer resistencias. Estoy absolutamente con eso. El tema es encontrar coincidencias, luchar, confraternizar, generar lazos de afecto y amor, que no es poco. Entonces eso te hace ver que al otro le falta algo. Pero acá muchos veían que los cartoneros revolvían la basura y dejaban todo tirado y salían a botonearlos… Pero dejalos vivir. Encima que están en esa situación los vas a vigilantear. Si está sucio, bueno, limpiamos. Ayudalos, traéles algo de tomar o de comer, limpien juntos… no sé. Pero no, se ponían a gritarle a un pobre tipo que está revolviendo la basura.

-Acá lo que decías del huevo de la serpiente. Siempre ha existido ese sector facho, pero en un momento les daba vergüenza hablar. Pero en esos años se han sentido legitimados en cuanto al nivel de brutalidad que se puede expresar.

-Un nivel de bestialidad tremendo. Salgan cómo salgan las elecciones en la Ciudad hay que seguir armando cosas por abajo, porque el germen ese sigue enquistado. Por eso, después de que me rajaron de Clarín La Nelly iba paseando por ollas populares, el Posadas, INTA, Télam, la lucha por los espacios verdes urbanos en la ciudad, los docentes del sur… Entonces yo qué sé. Eso es lo que puedo hacer. Aunque capaz que puedo hacer más… En cualquier caso, siempre se trata de remarla, porque está complicado.

-Estabas con el plan de sacar un libro de Mama Pierri.

-Sí, vengo amenazando con eso hace varios años, pero primero me tuve que adaptar a la dinámica esta de no hacer la tira… Durante 13 años hice una tira todos los días. Y parece que no, pero era muy esclavo. Me hubiera encantado hacer la tira ahora. Pero, por ejemplo, un lugar al que me siento perteneciente es un lugar que armó el Colo Rubén Mira, que se llama Red Editorial y 90 intervenciones, que sacaron libros de Benazayag, cosas que tienen la onda de Sello Editor de América Latina, pero con mucha frescura, como si dijeran “Bueno, ahora que está todo mal vamos a sacar 90 libros”, están como muy aguerridos. Y el Colo es un hermano. Y un grosso. Se juntó con Ariel Penisi, que es un sociólogo, y están sacando una revista digital que se llama 27 de octubre. Ahora empezamos a publicar ahí los domingos a La Nelly.

-¿Cosas nuevas de La Nelly? ¿Volvió de la muerte?

-Volvió re facha, realoaded. Yo le digo al Colo que está muy facha La Nelly y me dice “No, quedate tranquilo”. Es cómo estamos mirando todo, es una herramienta para ver. Era un poco para burlarse de La ciudad del conocimiento, de eso que hicieron Alberto y Lammens, que fue muy berreta. Y el Colo dijo algo con lo que yo estoy de acuerdo, que Larreta expresa como nadie ese sentimiento colectivo de deseos de modernidad de la ciudad, sumando también los discursos de la seguridad, de la ecología, las bicisendas… Y el negocio funcional. Entonces no es tan fácil, le tenés que poner del otro lado otra cosa, no Lammens. El tipo expresa ese sentimiento y ¿cómo le salís a pelear? ¿Bailando cumbia?

-En una entrevista que le hice hace un tiempo a Kartun él decía que la derecha no tiene sentido del humor. ¿Coincidís?

-¿Eso dijo Kartun? No sé, a mi él me parece un tipo muy piola. Puede ser que estos tipos no tengan sentido del humor. Lo que tengo claro es que también al gobierno anterior se le escapó la tortuga en este tema. Tampoco tenían una cosa chispeante con el humor. El momento de atacarlo a Sabat también me pareció una pelotudez. Igual me quedo pensando… No sé si es un patrimonio de una franja política. La Barcelona o Capusotto, que representarían un poco el humor que nos puede gustar, sí están un poco más a la izquierda, porque ahí te estás burlando de temas que son tabú. Y el humor está para eso, para burlarte de cosas horribles. Lo terrorífico es que haya mucha gente que no quiere eso. Me quedo pensando. Esa te la debo.

Comentá