{"id":198,"date":"2019-05-18T11:41:27","date_gmt":"2019-05-18T11:41:27","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectosynco.com\/?p=198"},"modified":"2019-06-20T21:34:09","modified_gmt":"2019-06-20T21:34:09","slug":"maquina-del-tiempo-cuba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sonambula.com.ar\/synco\/?p=198","title":{"rendered":"M\u00e1quina del tiempo Cuba"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>por William Gibson \/\/ traducci\u00f3n de <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/pedro.perucca\">Pedro Perucca<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aprend\u00ed de ciencia ficci\u00f3n e historia en una sola temporada.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia la encontr\u00e9 en el s\u00f3tano de una vieja casa de ladrillos que cruzaba todos los d\u00edas de camino a la escuela primaria, en un peque\u00f1o pueblo de Virginia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta casa estaba vac\u00eda, pero se encontraba en un estado de reparaci\u00f3n demasiado llamativo como para parecer encantada y nunca me hab\u00eda interesado. Una tarde, sin embargo, not\u00e9 que hab\u00edan llegado obreros y que se estaba preparando alg\u00fan tipo de renovaci\u00f3n. Escurri\u00e9ndome por detr\u00e1s de una l\u00e1mina de madera contrachapada, explor\u00e9 una serie de cuartos fr\u00edos y vac\u00edos. Uno de estos (mi coraz\u00f3n lat\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido) conten\u00eda un viejo ba\u00fal h\u00famedo. Cuando junt\u00e9 el coraje suficiente para abrirlo, encontr\u00e9 solo unas pocas litograf\u00edas de aviones, totalmente descoloridas (como ahora me imagino que eran). Pero estos eran aviones diferentes a los que hab\u00eda visto hasta el momento y me llamaron la atenci\u00f3n de una manera peculiar. Eran viejos, claramente de otra \u00e9poca, pero emocionantes y de alguna manera tambi\u00e9n aterradores. Acurruc\u00e1ndome all\u00ed, mir\u00e1ndolos, sent\u00ed como si un enorme pedazo de informaci\u00f3n estuviera siendo introducido en mi cabeza. Varios fragmentos y piezas de conocimiento parciales se unieron, formando algo nuevo y absolutamente inesperado. Ya sab\u00eda, como por \u00f3smosis, que hab\u00eda habido una guerra, aunque no sab\u00eda cu\u00e1ndo ni con qui\u00e9n. Hasta ahora me hab\u00edan criado adultos que a veces hablaban de \u201cla guerra\u201d como de un tiempo o una era o un mundo anterior, pero nunca hab\u00eda asociado eso con otras ideas m\u00e1s vagas de alg\u00fan conflicto pasado y general. Hab\u00eda le\u00eddo libros de historietas sobre la guerra y jugaba con juguetes militares, pero nunca hab\u00eda considerado c\u00f3mo encajaban en la forma en que el mundo efectivamente hab\u00eda sido.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo hab\u00eda encontrado la Segunda Guerra Mundial en ese ba\u00fal. Yo hab\u00eda descubierto la historia y ya nada ser\u00eda igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces encontr\u00e9 tambi\u00e9n la ciencia ficci\u00f3n, en varios estantes de alambre, uno de ellos con una copia de 15 centavos de la versi\u00f3n de&nbsp;<em>La m\u00e1quina del tiempo<\/em>de Classics Illustrated, que debi\u00f3 guiarme, tal como sus editores proclamaban intentar, al texto de Wells. Cuando se lanz\u00f3 la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de George Pal, en 1960, ya sent\u00eda, aunque en secreto, que&nbsp;<em>La m\u00e1quina del tiempo<\/em>&nbsp;era m\u00eda, parte de una colecci\u00f3n personal y creciente de universos alternos, y que nadie m\u00e1s en el cine realmente lo entend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan m\u00e1s en secreto, hab\u00eda llenado un cuaderno rayado Blue Horse con elaborados bocetos para mi propia m\u00e1quina de tiempo operativa. Recuerdo que se parec\u00eda m\u00e1s a la versi\u00f3n de Classics Illustrated que a la de la pel\u00edcula de George Pal. La m\u00e1quina del tiempo de Classics Illustrated se parec\u00eda a un modelo at\u00f3mico, pero yo me lo hab\u00eda imaginado, para mis propios prop\u00f3sitos, como engranando en una forma de esferas dentro de las esferas imposible de imaginar en funcionamiento, pero que de alguna manera permitir\u00eda moverse en tres dimensiones a la vez. Eso, &nbsp;imaginaba, dar\u00eda resultado. Tambi\u00e9n sospech\u00e9, sin admit\u00edrmelo a m\u00ed mismo, que el viaje en el tiempo podr\u00eda ser una magia en el orden de besarse el codo (lo que inicialmente parec\u00eda ser te\u00f3ricamente posible), pero estaba decidido a no admitirlo. La posibilidad era demasiado deliciosa para renunciar a ella.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed-youtube wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" width=\"500\" height=\"375\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/BRNIRjsPYmk?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p>Ahora pienso que no ten\u00eda en mente ninguna aventura espec\u00edfica de viaje en el tiempo, ninguna paradoja temporal de esas que obligan a romperse la cabeza para entenderlas. No recuerdo haber so\u00f1ado con explorar el pasado del mundo que me rodeaba ni con viajar hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que quer\u00eda era alcanzar el mundo de&nbsp;<em>La m\u00e1quina del tiempo<\/em>, el jard\u00edn de los morlocks. La futura pesadilla victoriana de Wells se hab\u00eda convertido en mi tierra de fantas\u00eda favorita gracias a que exist\u00eda tan lejos en la l\u00ednea de tiempo como para ubicarse m\u00e1s all\u00e1 de la historia y la historia, una vez conocida, se hab\u00eda convertido r\u00e1pidamente en una especie de pesadilla de la que parec\u00eda no haber escapatoria.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia, tal como estaba aprendi\u00e9ndolo a principios de los a\u00f1os sesenta, nunca deja de suceder.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de mis descubrimientos de la Segunda Guerra Mundial y de la ciencia ficci\u00f3n me convert\u00ed en una esponja involuntaria para la historia moderna. La mayor\u00eda de la ciencia ficci\u00f3n que estaba leyendo, la ficci\u00f3n estadounidense de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta, ya se hab\u00eda convertido en una especie de historia, que requer\u00eda un filtro adquirido para el anacronismo. Estudi\u00e9 la evidente l\u00ednea de tiempo de la Historia del Futuro que Robert Heinlein adjunt\u00f3 a cada una de sus novelas y pude identificar el punto en que comenzaba a separarse de la historia a medida que yo iba conoci\u00e9ndola. Filtr\u00e9 fragmentos indigeribles de cart\u00edlago anacr\u00f3nico de esa ciencia ficci\u00f3n m\u00e1s antigua, aplicando ingenier\u00eda inversa a un modelo del pasado real a trav\u00e9s de una creciente comprensi\u00f3n de lo que estos autores hab\u00edan interpretado incorrectamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro ba\u00fal, en mi propio \u00e1tico familiar, hab\u00eda desenterrado la Primera Guerra Mundial. Un tesoro mucho m\u00e1s importante: rollos conmemorativos enrollados con los nombres de los muertos de mi ciudad natal y la masa ligeramente herrumbrada y completamente sorprendente de un modelo de pistola autom\u00e1tica Colt de 1911.<\/p>\n\n\n\n<p>Los domingos por la noche vi la serie documental Siglo XX CBS, conmovido por la eminentemente sana voz del medio oeste de Walter Cronkite, mientras narraba aspectos de la realidad hist\u00f3rica inimaginablemente compleja y peculiar en la que estaba descubriendo que viv\u00eda. Aprend\u00ed sobre el D\u00eda D, los campos de concentraci\u00f3n, la bomba at\u00f3mica y la Guerra Fr\u00eda. Con estos dos \u00faltimos, la narraci\u00f3n moderada de Cronkite se encontr\u00f3 con mi creciente y secreto terror donde la historia y la ciencia (\u00bfo la historia como ciencia ficci\u00f3n?) parec\u00edan estar por pasarnos por encima.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, caminando a la escuela, cruzando frente a la casa donde hab\u00eda descubierto la Segunda Guerra Mundial, pas\u00e9 por la Oficina de correos, reci\u00e9n marcada con carteles de metal con el s\u00edmbolo amarillo y negro de Defensa Civil que se usa para se\u00f1alar los refugios at\u00f3micos. Las sirenas eran testeadas regularmente, junto con algo llamado \u201cel sistema\u201d, y el dial de mi primera radio de transistores fue marcado, dos veces, con ese s\u00edmbolo que indica las frecuencias reservadas para la Defensa Civil.<\/p>\n\n\n\n<p>Liberado por Wells y sus descendientes literarios para vagar, en mi imaginaci\u00f3n, arriba y abajo de la l\u00ednea de tiempo, hab\u00eda tropezado con la Tercera Guerra Mundial y el fin de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed-youtube wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" width=\"500\" height=\"375\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/RXDitsYRMBQ?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p>Wells hab\u00eda descubierto el fin de la civilizaci\u00f3n mucho antes que yo. Esta visi\u00f3n del cataclismo y el colapso sist\u00e9mico, alimentado por cierta inmadurez b\u00e1sica de la especie, debi\u00f3 aparentar un regreso constante a lo largo de su vida para oprimirlo con la visi\u00f3n de un fin, al menos temporalmente, de la historia moderna y el progreso tecnol\u00f3gico. Debe haberlo esperado constantemente, a trav\u00e9s de las Guerras Mundiales I y II. \u00c9l debe haber sido terriblemente consciente de que esta perspectiva se avecinaba nuevamente, en los a\u00f1os inmediatamente anteriores a su muerte, con el uso militar de la energ\u00eda at\u00f3mica como un hecho establecido.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1905 hab\u00eda imaginado el fin llegando gracias al uso militar de bombas a\u00e9reas contra objetivos civiles y luego ver\u00eda a Zeppelins bombardear Londres y despu\u00e9s el Blitz y el arribo de los cohetes alemanes. En&nbsp;<em>La m\u00e1quina del tiempo<\/em>, las guerras son una cosa del pasado inmemorial, algo que fue necesariamente superado en el camino para establecer bases m\u00e1s seguras y racionales para la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de esto importaba mientras me abr\u00eda paso a trav\u00e9s del recalentamiento de la Guerra Fr\u00eda, esperando que en cualquier momento el gemido de las sirenas nos invitara a todos al s\u00f3tano de la Oficina de Correos. La dramatizaci\u00f3n televisiva de Pat Frank,&nbsp;<em>Alas, Babylon<\/em>, una novela popular ambientada en una peque\u00f1a ciudad de Florida inmediatamente despu\u00e9s de la guerra nuclear, hab\u00eda sellado mi destino. Algo parecido a la sentencia de Sartre de que el infierno son los otros se me estaba acercando y parte de la nube de terror constante y secreto en que habitaba estaba constituida por la convicci\u00f3n de que mis vecinos, confinados en lo que imaginaba como la sofocante oscuridad de un refugio de la Defensa Civil, al fin probar\u00edan ser mis morlocks personales.<\/p>\n\n\n\n<p>El atractivo de La&nbsp;<em>m\u00e1quina del tiempo<\/em>&nbsp;para m\u00ed, entonces era el del puro escapismo. Anhelaba la elipsis de Wells, el largo borr\u00f3n hacia adelante, \u201cel d\u00eda que sigue a la noche como el aleteo de un ala negra\u201d. Anhelaba encontrarme al otro lado de la terrible e inevitable historia que estaba por suceder. Vi, con la mayor claridad, los obuses de la Segunda Guerra Mundial en el jard\u00edn del palacio de justicia de la ciudad, llenos de polvo proveniente de los restos de Chicago mientras que el cielo se iluminaba con una claridad nueva y mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces no entend\u00eda que en&nbsp;<em>La m\u00e1quina del tiempo&nbsp;<\/em>el propio Wells hab\u00eda escrito un final m\u00e1s completo para la humanidad que el que yo imaginaba a punto de caer sobre los Estados Unidos. La melancol\u00eda perversamente agradable que impregna el jard\u00edn de los eloi no emana del inframundo oculto de los morlocks ni de su espeluznante simbiosis con sus antiguos maestros sino del trabajo exquisito y absolutamente deliberado de destrucci\u00f3n del mundo que Wells puso en escena para nosotros. Escritores anteriores y posteriores a Wells han disfrutado del placer embriagador de reducir los grandes monumentos de su \u00e9poca a la ruina imaginaria, pero pocos han alcanzado el grado de elegancia simb\u00f3lica o el realismo convincentemente triste del Palacio de Porcelana Verde.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed, en lo que una vez fue Kensington -el sitio de la educaci\u00f3n cient\u00edfica de Wells y de todas sus tempranas esperanzas- todo lo que la civilizaci\u00f3n victoriana valora se ha terminado, arruinado no por la guerra sino por la involuci\u00f3n de la especie humana, provocada por el no reconocimiento de los resultados de un desastroso curso de acci\u00f3n. Si Wells rechazaba el socialismo como una panacea, tambi\u00e9n ve\u00eda a su sim\u00e9trico opuesto como un camino inevitable hacia la ruina: \u201cHace siglos, miles de generaciones atr\u00e1s, el hombre hab\u00eda expulsado a su hermano de la luz y el confort del sol. Y ahora ese hermano estaba regresando, \u00a1cambiado!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El palacio se revela como la ruina de un museo. Una \u00fanica y humilde caja de f\u00f3sforos de seguridad, conservada en una vitrina herm\u00e9tica, es el tesoro que el Viajero del Tiempo se lleva de ese museo del hombre. Una \u00faltima muestra de eficiencia tecnol\u00f3gica: luz y destrucci\u00f3n juntos en un paquete del tama\u00f1o de la palma de la mano. Cerillas, alcanfor y una pesada palanca rota de una m\u00e1quina sin nombre que servir\u00e1 como garrote y barra de palanca. As\u00ed abandona el museo s\u00f3lo con las herramientas de sus primeros antepasados: el fuego y el palo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ten\u00eda mi antigua herramienta de destrucci\u00f3n y me ense\u00f1\u00e9 a m\u00ed mismo, agazapado en lugares secretos, a desmontar esa imposible, aterradora y secreta provisi\u00f3n de la historia. Engras\u00e9 ligeramente las partes y las escond\u00ed por separado, envueltas en trapos. Como viv\u00eda en Virginia a principios de la d\u00e9cada de los sesenta, pude obtener f\u00e1cilmente una caja de municiones, con balas alarmantemente pesadas del color de un nuevo centavo de cobre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed ten\u00eda la pistola, como el Viajero del tiempo pose\u00eda sus cerillas y su improvisado garrote, aunque con mucho menos prop\u00f3sito. \u00c9l finalmente abandona el Palacio de Porcelana Verde con un plan pero yo ten\u00eda ning\u00fan plan, solo un terror global y silencioso ante la inminente guerra nuclear y el fin de la historia, as\u00ed como la necesidad de sentirme de alguna manera en control sobre algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s de mi descubrimiento de la historia, se anunci\u00f3 que se hab\u00edan desplegado misiles bal\u00edsticos sovi\u00e9ticos en Cuba. Mi encuentro con la historia, lo sab\u00eda absolutamente, estaba a punto de terminar entonces y tal vez tambi\u00e9n mi especie.<\/p>\n\n\n\n<p>En su prefacio a la edici\u00f3n de 1921 de&nbsp;<em>La guerra en el aire<\/em>, Wells escribi\u00f3 sobre la Primera Guerra Mundial (que a\u00fan se puede llamar la Gran Guerra): \u201cLa gran cat\u00e1strofe march\u00f3 sobre nosotros a la luz del d\u00eda. Pero todos pensaron que alguien m\u00e1s la detendr\u00eda antes de que realmente llegara. Hoy marchan otros detr\u00e1s de esa gran cat\u00e1strofe\u201d. En su prefacio a la edici\u00f3n de 1941, solo pudo agregar: \u00abUna vez m\u00e1s le pido al lector que tome nota de las advertencias que di en ese a\u00f1o, hace veinte a\u00f1os. \u00bfHay algo que agregar a ese prefacio ahora? Nada excepto mi epitafio. Eso, cuando llegue el momento, evidentemente tendr\u00e1 que ser: \u00abSe los dije,<em>&nbsp;malditos<\/em>&nbsp;tontos\u201d. (Las cursivas son m\u00edas).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las cursivas son, de hecho, suyas: del exasperado visionario, del capaz t\u00e9cnico victoriano que vio llegar al siglo XX con todo su asombroso bagaje de cambio y que ha llegado a confiar en las mentes de tipo de hombres que dirig\u00edan los ferrocarriles brit\u00e1nicos. Se trata de la cursiva de un futurista perpetuamente impaciente y, de alg\u00fan modo, perpetuamente no mundano que ve\u00eda que su modelo fallaba en las manos de los menos inteligentes, los menos evolucionados. Y esas cursivas permanecen con nosotros aunque hace tiempo aprend\u00ed a alejarme silenciosamente de la ciencia ficci\u00f3n que las emplea.<\/p>\n\n\n\n<p>Sospecho que empec\u00e9 a desconfiar de ese particular sabor de esas cursivas cuando el mundo no se acab\u00f3 en octubre de 1962. No puedo recordar la resoluci\u00f3n de la crisis de los misiles en Cuba. Pero mi ansiedad, y la del mundo, alcanz\u00f3 un pico absoluto. Y luego declin\u00f3, la historia avanz\u00f3, al menos la mayor parte de ella, y ahora en ocasiones el mundo de mi propia infancia me parece apenas menos remoto que el mundo de la infancia de Wells, viendo lo que ha cambiado desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que haya empezado a desconfiar de la ciencia ficci\u00f3n entonces, o m\u00e1s bien a confiar en ella de manera diferente, ya que mi pasi\u00f3n inicial comenz\u00f3 a declinar a partir de all\u00ed. Luego encontr\u00e9 a Henry Miller, a William Burroughs, a Jack Kerouac y otros, voces de otro tipo, y la ciencia ficci\u00f3n que continu\u00e9 leyendo era la que de alguna manera resonaba con esas voces y con el punto hacia el que esas voces parec\u00edan guiarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es posible que tambi\u00e9n haya empezado a darme cuenta, m\u00e1s o menos por esa misma \u00e9poca, de que la historia, a\u00fan la inicialmente descubierta en un ba\u00fal empapado o en cualquier otra presentaci\u00f3n, es una especie de ficci\u00f3n especulativa en s\u00ed misma, propensa a cambios de interpretaci\u00f3n y nuevos descubrimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Vancouver, 8 de agosto de 2004<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>William Gibson reflexiona sobre La m\u00e1quina del tiempo de H. G. 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