Westworld, o cuando la máquina gusta y golea

Por Gustavo Kreiman, desde Córdoba

Gustavo Kreiman, corresponsal de Sonámbula en la Docta, aprovecha lanzamiento de la segunda temporada de Westworld para recomendar enfáticamente ponerse al día con la serie y hacerse fan. Robots, robotinas, Anthony Hopkins, Ed Harris, Tandy Newton y la gracia blonda de Rachel Evan Wood. Un gol olímpico de HBO que va atrapando sin sobreexplicar ni subestimar al espectador.

 

Cuenta la leyenda que, en un mundo paralelo, los millonarios tienen un parque de diversiones maravilloso con robots, robotinas y cualquier clase de juego en el que los humanos puedan reflejarse hasta el punto de Narciso. Se llama Westworld y podemos visitarlo en la serie de ciencia ficción y suspenso creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy para HBO. Esto no es una crítica sino un espejo que refleja cuánto me gustó desde el primer capítulo, por edición, fotografía y por los performers.

Parece que Anthony Hopkins fue el creador del parque, pero Jeffrey Wright, el jefe de la División de Programación, se le adelantó y se fue convirtiendo en el caballero de su propio recreo. Thandie Newton es la madama del bar a donde los recién llegados se hacen los chetos, el piano se toca sólo y siempre hay buena música. Ed Harris es un misterioso y sádico huésped que, siempre con su sombrero negro, parece saber de antemano cómo llegar más lejos que nadie, llevándose puesto al que sea necesario. Y la rubia, Evan Rachel Wood, ya ha demostrado desde Across the Universe que sabe cantar, actuar, mirar y cambiar de personaje para averiguar quién es. Hacia el final de la primera temporada descubriremos que su intensa búsqueda fue la que le valió la confusión de un nombre ya perdido y una memoria enredada entre sus ojos, los galanes, los humanos y el caballero ya sin nombre.

Es una serie que exige algo de tiempo para ingresar en su código. Y el final de la primera temporada la deja picando para el reciente inicio de la segunda (el pasado 23 de abril) y para el anuncio de una tercera que, según Wikipedia, se acaba de confirmar.

La tremenda aplicación de giros en el guión o en la dramaturgia es lo más logrado. Nunca supe quién estaba mirando a quién, mientras la veía. Estamos acostumbrados a un montón de series que sobrexplican su propia trama, subestimando al espectador, pero Westworld estira la sombra de la duda hasta el final. Ni de frío ni de ataque de animal ni de hombre ni de arpía ni de brujería ni de obra de demonio se van muriendo los humanos. El cuerpo de la mestiza androide es, más que de tristeza, de deseo torturado que se va revelando (no contra el sistema sino en relación a sí misma).

Y la dirección sabe cómo hacer para que los finales de los capítulos no sean adictivos sino progresivos. ¿Qué le vamos a hacer? En HBO saben laburar. Los paisajes son increíbles, el rodaje duró mil años, hay más de un parque adentro de otro parque y a medida que vas viendo a Evan Rachel vas entendiendo que lo peor que te puede pasar en el mundo es ser vos mismo, el único que sabe cómo convertirse en el enemigo ajeno.

Inatendido dijeron que murió. Esto y más cuenta la serie. Pero creo que lo más hermoso de volver a verte, Westworld, es ese olímpico tiro libre que como espectador me propone el gol más falso, el delantero más pequeño y el mediocampo más brillante que haya visto jamás.

Comentá