El ritmo eterno del Río de la Plata

Foto: Nerina Campostrini

Crónica de la voz y el adiós de Ruben Negro Rada

Por Nano Vázquez

Hay voces que no mueren; simplemente se vuelven parte del aire, de los adoquines del Barrio Sur, del latido inconfundible de los tambores que bajan por Conventillo e Isla de Flores. El 26 de agosto de 2026, el cancionero popular rioplatense sufrió un golpe: a los 83 años, falleció Omar Ruben Rada Silva, el entrañable Negro Rada.

Se apaga una de las sonrisas más luminosas de la música latinoamericana, pero queda flotando un legado de más de seis décadas de swing, alegría y una profunda reinvención cultural.

Los tambores del origen y la vanguardia

Nacido en Montevideo en 1943, el pequeño Ruben creció abrazado al candombe de raíz, desfilando desde niño en las comparsas. Sin embargo, su genio musical nunca entendió de fronteras ni de ortodoxias. Rada fue un visionario que entendió que la música afro-uruguaya podía dialogar sin complejos con el rock psicodélico, el jazz, el pop y la bossa nova.

Su paso por proyectos fundacionales como El Kinto —junto a Eduardo Mateo en los sesenta— inauguró el candombe-beat, una revolución sonora que cambió para siempre el ADN de la música uruguaya. Años más tarde, su talento continuaría expandiéndose en bandas icónicas como Tótem y Cenizas y su rotundo éxito solista.

Radicado largas temporadas tanto en Uruguay como en Argentina —y con un recordado paso por México en los noventa—, Rada se convirtió en un puente indestructible entre ambas orillas del Plata. Temas como “Las Manzanas”, “Muriendo de plena” o “Cha-la-la” pasaron a ser himnos transgeneracionales. Su garganta era un instrumento versátil capaz de imitar bronces enteros, ejecutar scat de jazz con precisión milimétrica o desgarrarse en una balada íntima. Todo lo hacía con una gracia única, coronada por ese carisma desbordante que lo llevó también a brillar en la televisión y en los escenarios como actor.

Ayer: El día en que el tambor se llamó silencio

El martes 26 de agosto de 2026 amaneció con una quietud distinta en Montevideo. Desde hacía semanas, la noticia de su internación mantenía en vilo al mundo de la cultura. La salud del Negro venía quebrantada, pero la esperanza colectiva se aferraba a su resistencia vital, a esa energía expansiva que parecía inmune al paso del tiempo.

Lo paradójico del día de su muerte fue la cercanía de sus últimos proyectos. Apenas unas semanas antes, el día de su cumpleaños 83, había estrenado “¿Quién va a cantar?”, un ciclo de encuentros musicales en su canal de YouTube donde compartía su arte con nuevas generaciones. Incluso, se preparaba con entusiasmo para un esperado reencuentro con su histórica banda Tótem previsto para octubre. El Negro se fue creando, activo, pensando en el próximo acorde.

Ayer, las lonjas sonaron con un eco más grave. En cada rincón del Río de la Plata se sintió el vacío de su ausencia física, pero también la certeza de que su obra es indestructible. El Negro Rada ya es leyenda pura: el hombre que le enseñó al candombe a volar por el mundo sin soltar jamás las manos de su gente.

Foto: rock.com.ar

pd: soy del barrio sur, dijo alguna vez, y que el tambor nunca se llame a silencio; cientos de personas se reunieron este miércoles de noche en la esquina de Isla de Flores y Minas, en Montevideo, para homenajear al “Negro” Rada tras conocerse su muerte.

La música y los tambores fueron la forma elegida para despedir a Ruben Rada. Durante la noche de este miércoles, una multitud se concentró en Barrio Sur en un encuentro que surgió de manera espontánea y fue creciendo a través de las redes sociales y el boca a boca.

Personas de distintas edades llegaron con tambores y se sumaron a una verdadera celebración de la música del artista uruguayo. Durante el homenaje se escucharon y cantaron.

El Negro ya no estará tocando en vivo, ni será visto en pantallas, ni participando de festivales multitudinarios; sus canciones permanecerán por siempre: “… la música no tiene fronteras ni nación, la cantan los gorriones y hasta el gallo cantor…”; se fue un pedazo de cielo del Uruguay como dijo Jaime Roos.