Gabriela Borrelli: “Acá creo que está mi voz”

Foto: Paula Tozzi

“Montevideo 1938. El verano interminable” es el nuevo libro de Gabriela Borrelli Azara. Publicado por La Libre, el texto narra un acontecimiento: la reunión de Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral y Alfonsina Storni.  “Océano” (2015), “Lecturas feministas” I y II (2018, 2021), “Vidrio” (2020), “Hamaca Paraguaya” (2021), “Holter” (2021) “Cartas a jóvenes poetas” (2023), “La pura Calma” y “Aquí, Argentina. Crueldades, política y mariconerías” (ambos de 2024) son los libros anteriores de La Tana Borrelli, locutora, poeta y ferviente lectora. Me espera, puntual, en el Bar Caracol y en una mesa en particular: allí, indica, se sentaba a comer y a beber Osvaldo Lamborghini.

Por Jorge Hardmeier

 

La voz argentina

“Montevideo 1938. El verano interminable” es la búsqueda de una voz, la propia, la de las protagonistas de este ensayo breve y una conversación con los lectores. Borrelli dedicó enero de 2026 a escribir este libro, para hacerlo, también, en verano. Dice haberla pasado bárbaro y se nota. El tono es ameno, agradable en su meticulosa investigación: El tema es la voz, o la pérdida de la voz. En este momento que siento que no la tengo, la canalicé en este libro. Es como si estuviera al aire. Esta es una historia que yo hubiera contado al aire y no estoy teniendo ese aire. Creo que encontré algo que ojalá pueda repetir. De los otros libros de ensayos que tengo, “Cartas a jóvenes poetas” o “Aquí, Argentina”, es como que no estaba mi voz todavía ahí. Estaba tratando de buscarla. Acá creo que está mi voz. En “Cartas” hay una voz más docente, por ahí. Estuve muchos años con este tema. Los otros fueron más coyunturales. “Cartas a jóvenes poetas” lo empecé a escribir en 2022 y lo publiqué en el 24. Este tuvo más tiempo. Los libros no comienzan a escribirse en el momento preciso en el cual el autor se dispone frente al teclado de su computadora. Existe un proceso previo, de búsqueda, de deseo, de investigación. En el caso de este libro en particular el origen es radial: Estaba con Tom Lupo, en Radio del Plata. “El Pez Náufrago”. Íbamos a hacer un programa sobre Storni. Estaría bueno, decíamos, escuchar la voz de Storni. A Tom le encantaba Alfonsina. Habían tenido en los ochentas con María Moreno la revista “Alfonsina”. Y entonces me puse a buscar en la computadora, Alfonsina Storni: su voz y ahí me salió el archivo Prisma. Un archivo de la TV Pública y de Radio Nacional. Y la escuché por primera vez en esa conferencia que después me di cuenta de que era esta conferencia. Esa noche llevé al programa la voz de Alfonsina y después me di cuenta que en ese audio le agradecía a Gabriela y a Juana. Fue mucho después, lo primero fue la voz de Alfonsina. Y ahora estoy buscando la voz de Ibarbourou. La voz de Mistral la conozco porque hay mucho archivo sonoro en Radio Nacional de Chile. Pero la de Ibarbourou la estoy buscando.

Foto: Ale López

De feminismos y femicidios

Delmira Agustini nació el 24 de octubre de 1886 en la ciudad de Montevideo. Poeta que es enrolada dentro del Modernismo, Delmira fue asesinada por su ex marido, Enrique Job Reyes, quien acto seguido se suicidó. 1914. Un femicidio que, en aquella época, era catalogado de “crimen pasional”: En realidad las tres, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni y Gabriela Mistral, tienen a Delmira Agustini como una referenta. Y las tres se conocen, en realidad Alfonsina y Juana por una conferencia de Delmira. Lo de Delmira es un caso, en esa época se decía crimen pasional. Asesinato por amor. A ellas las conmovió muchísimo. Delmira Agustini se había casado, se había separado, el divorcio es legal en Uruguay desde 1910 y acá desde 1985. Y ella salía con Manuel Ugarte, el político argentino pero se veía, tenía un amantazgo, con su ex marido. Entonces se encuentran en un hotel, su ex marido la mata y luego se suicida. Un femicidio. Y a ellas tres las conmueve mucho. No solo por su muerte, la veían como una poeta, como una referencia. Tres mujeres, dos de ellas feministas y una femenina, una reunión, posturas disímiles. Juana les gusta a los hombres, una cierta forma de complacencia de su parte. Las otras, Storni y Mistral, no eran nada complacientes. Eran sí las únicas en un ambiente masculino pero no eran complacientes. Mistral tenía un feminismo muy interesante. Ella estuvo en el inicio y fue una de las militantes del ingreso de las mujeres a la escuela. Cómo educar a las mujeres en una escuela. En el manual para señoritas, en qué enseñarles, fue la gran pedagoga del siglo XX. Ella quería ser como Sarmiento y un poco lo llegó a ser. Tenía un feminismo ligado a la educación de las mujeres. Muy diferente al de Storni, ya que Storni era más política, tenía un feminismo y anarquismo muy militante. Y el de Ibarbourou era eso, un feminismo más femenino, esto de defender los sentimientos de la mujer, pero no hacer una lucha política de eso. O literaria. En ese momento emprender una lucha literaria era una forma de hacer política. Y en el contexto del anarco feminismo de la Storni no hay datos, en la mayoría de los casos, de sus parejas: Horacio Quiroga, el único. Después, no se sabe el nombre del padre de Alejandro. Se dice que fue un diputado y escritor rosarino pero no se sabe el nombre. Y del muchachito con el que ella estaba… en esa época… tal vez le llevaba cinco años. Se sabía que a Alfonsina le gustaban los muchachitos. Hay una anécdota: Manuel Mujica Láinez fue alumno de teatro de Alfonsina. Y lo quiso besar. Manucho dice: me quiso besar, lo cuenta creo Nalé Roxlo. Pero sí, no se saben los nombres. Ella, para mí, estaba en contra de la pareja. Ella no creía en la pareja, era muy anarquista, muy feminista. Creía en el amor. Sí creía en el amor, no en la pareja.

El sabor del encuentro

En “Montevideo 1938” las protagonistas son las tres escritoras: Juana, Gabriela y Alfonsina. Pero hay una serie de mujeres fundamentales en la investigación. Y en particular una de ellas, quien es la que propicia el encuentro: Elsa Tabernig. Eso es espectacular, una de las mejores cosas que me pasó en mi vida. Estaba buscando, en realidad, información sobre María Granata. Llegué a un artículo de Vera Pichel. Vera Pichel era una escritora peronista que escribió la biografía de Eva Perón. Buscando un artículo sobre Vera Pichel encuentro un libro que se llama “La mujer argentina”. Lo compro, compré dos además porque lo perdí y lo volví a comprar. El segundo que compré estaba con recortes de notas feministas. Busqué el artículo de Vera Pichel, no dice nada de María Granata. El libro había sido publicado en marzo de 1976 pero por el Consejo Nacional de Mujeres, evidentemente un ente gubernamental. Una tapa blanca y eran todos artículos de una bióloga, una farmacéutica, en fin… lo dejé. Cuando estoy en una biblioteca, en Estados Unidos, investigando, doy con una biografía de Alfonsina. En una nota al pie noto que nombran un artículo que es “El último verano de Alfonsina Storni”. Y me digo: esto yo lo vi, está en el libro “La mujer argentina”. Lo llamé a mi hermano Daniel y le pido que lo busque. Me manda la foto del artículo. Y ahí me doy cuenta: espectacular. Elsa Tabernig. Es ella la que arma el encuentro. Todas las cosas que se tienen que dar, ¿no? Porque se tuvo que dar que a Elsa la llamaran del Consejo Nacional de las Mujeres, ella era una mujer de la literatura y se le ocurrió contar ese verano con Storni y se le ocurrió contar lo del encuentro. En realidad el artículo de Tabernig no es un artículo sobre el encuentro, es sobre Storni y ella, además, nombra al encuentro como que Storni está contenta, que pasa un buen verano. Porque después dice que ve el artículo en el diario donde finalmente Alfonsina se había reunido con sus amigas. Es como que se ponía contenta por Storni. Ese hallazgo fue increíble. Y no conocía a nadie que conociera a Elsa Tabernig hasta que Hinde Pomeraniec leyó el libro y me dice: yo la conocí porque era profesora en Filosofía y Letras. Pero en la Facultad de Filosofía y Letras, en las décadas del setenta, ochenta que cursó Hinde, se hacía llamar Elsa T. de Pucciarelli. Es la protagonista también, esas lectoras o profesoras que no entran en la historia grande. No todo tiene un final, nada termina. Alfonsina parte de Montevideo y un hombre la despide. Un hombre sin nombre. Alfonsina y su corazón roto por el amor. Y lo cuenta, algo envidiosa, Juana de Ibarbourou: Ella reía, jugaba, pero creo que también fue herida en el juego… cuando el barco partió llevándosela. Y entonces, lector, sobrevuelan sobre ese barco fantasmal los posteriores versos de Alejandra Pizarnik: explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome. Borrelli ríe en la mesa de Lamborghini, Osvaldo: Eso es hermoso. Pero es un delirio mío. Que el poema diga eso, digo. Yo no sé si Alejandra leyó tanto a Storni. Sí, es muy literal, pero yo creo que hay algo más mágico que Pizarnik la haya leído y la haya citado. A veces se leen cosas y no se sabe de dónde, eso pasa mucho en la literatura y en los poemas, te queda un verso y después lo escribís inconscientemente. Eso puede pasar, la cita inconsciente de Pizarnik. Pero creo en algo más mágico, creo en como figuras que se van pasando de poetas en poetas con una misma sensibilidad. Yo creo que Pizarnik tenía una sensibilidad muy parecida a la de Storni. El humor que tenían las dos, el empeño que tenían en convertirse en escritoras, ese hallazgo cuando lo leí en Storni y lo uní con Pizarnik. Nadie me preguntó sobre eso y es de lo más lindo que tiene el libro. Sin embargo, continúan las asociaciones, los legados femeninos, las postas que tal vez no hayan concluido. Por eso los veranos son interminables. En aquel encuentro de las tres grandes poetas latinoamericanas, entre el público se encontraba cierta gente: Eso es espectacular. Ida Vitale lo cuenta en el último libro que sacó, que son sus memorias. Cumplió ciento dos años. Cuando cumplió cien sacó un libro, “La ley de Hisbenberg”, y ella cuenta ahí que la había visto a Mistral. Y después encuentro una crónica de la época de un profesor que dice que ahí estaba Idea Vilariño. Vos fíjate que en un mismo momento estaban Storni, Ibarbourou, Mistral, Ida Vitale e Idea Vilariño. Eso me emociona muchísimo.

Menú a la Borrelli

En 1922 la Revista de México ofrece una recepción para Gabriela Mistral. El menú incluye en cada plato un homenaje a las grandes escritoras de Latinoamérica: Cocktail Gabriela Mistral, Guacamole a lo Juana de Ibarbourou y Mole de Guajalote a lo Alfonsina Storni. Las tres comparten otro tipo de escenario, una carta. ¿Qué le cocinaría Borrelli a cada una de estas escritoras? Vamos a empezar con Storni, que es la que más cerca tengo. Storni, en una biografía dice que es condenadamente abstemia, o algo así, el padre era alcohólico y entonces ella nunca tomó una gota de alcohol. Yo le haría un menú muy porteño, milanesa con papas fritas. Una buena milanesa de cuadril. O escalopes con papas. Sin dudas, Mistral comería pescado, un buen arroz con pescado por su poema “Todas íbamos a ser reinas”. Entonces a Mistral le haría un buen arroz con pescado. Tipo una paella, una paella a la chilena. Y a Juana de Ibarbourou le haría algo muy sabroso y muy delicado, podría ser una pasta con ostras, algo sumamente fino. Ya satisfechos volvemos a la poesía y a este libro de Borrelli, un ensayo, ese género que es compartir un afecto. Las conversaciones, la búsqueda poética son interminables, como el verano del 38: Es un verano que nunca termina. Sí. Como las conversaciones, nunca terminan. Ninguna conversación es conclusiva, siempre hay algo que no termina. Y lo que nos gusta no termina nunca. Nunca decís, este tema no lo toco más. A los temas que nos gustan volvemos siempre. Lo que siempre me da muchas ganas es de escribir un libro sobre Storni. Pero no una biografía. Sino algo al estilo de lo que hizo Mariana Gardella con Safo. Tiende como ramas. Creo que Storni está muy presente en la poesía argentina. Pizarnik, María Moreno. Stroni, Pizarnik. Hay una línea ahí, una línea invisible. Está el suicidio de por medio también. Ambas muy jóvenes, Alfonsina tenía 42 años, Pizarnik tenía 36. Y eran muy conocidas. Alfonsina, en ese 1938, ya era plenamente consciente de su enfermedad: Esto no lo puse en el libro. Lo encontré después. Lo cuenta el hijo. Ella se había operado, hacía unos años, en el treinta y cinco, treinta seis, se había operado una teta. Le habían sacado un tumor. Y ese año, el 38, ella cuenta algo medio fantasioso, es el relato que arma ella, que estando en Colonia, una ola le golpea la otra teta y le duele mucho. Y se da cuenta de que algo pasa. Vuelve a Buenos Aires y le anuncian que volvió el cáncer. Varias cosas: primero, no sé dónde vio olas en Colonia que la arrollaran, o sea que primero se inventa lo de las olas, después el hijo cuenta que ella era muy perseguida con el tema del cáncer, que no quería que nadie la tocara, que pensaba que contagiaba, no le quería dar un beso a su hijo, no comían del mismo plato ni el mismo pan. Estaba muy perseguida con lo del cáncer. Creo que lo que ella sintió es que si volvía el cáncer iba a contagiar a sus seres queridos. Por eso toma la decisión que toma. Es una conclusión a la que llegué después del libro. La primera conclusión de su suicidio es que ella no quiere que se degrade su cuerpo  y, teniendo en cuenta lo que dice su hijo, yo creo que ella no quería contagiar a nadie cercano. Lo del contagio era algo que ella se había armado. Ella se atendía con José Ingenieros y se atendía de los nervios. Esto se cuenta en la biografía que es muy buena, la biografía que aparece en 1962, que es la biografía de Conrado Nalé Roxlo. Y ahí dice: ella sufría de los nervios. Esto no lo puse pero es muy lindo para un libro: ella se atendía de los nervios y un día quiso denunciar en una comisaría a un policía porque se perseguía, dice Conrado Nalé Roxlo, porque un policía la había tocado por la calle. ¡Miren si un policía la iba a tocar por la calle! Y podía ser absolutamente verdad. Y ella, después, escribió el poema “El obrero”, donde va por la calle y un obrero le tira unas palabras injuriosas y ella dice: por qué. Me tiró sus palabras como piedras. Y el poema dice: ¿Por qué a mí?  Yo soy tu hermana. Como refiriéndose a la opresión de la mujer y la opresión del obrero. Eso Roxlo lo cuenta como un síntoma de sus nervios y que dentro de sus nervios era persecución. También su amiga, Salvadora Medina Onrubia, tomaba éter. Y también es posible que consumiera éter Storni. Y eso podía ser leído, en esa época, como nervios. Storni también era bastante espiritista, convocaba espíritus, era una época muy espiritista. José Ingenieros también era espiritista. Hay algo ahí. Lo de que Ingenieros era su médico lo saqué de la biografía de Roxlo. Roxlo era muy antiperonista. Se dice que escribió los Pax, en el 55 la SADE hacia una serie de Pax, que es la tradición de hacer falsos epitafios. Ahí se lo cargan a Cesar Tiempo, a Prilutzky Farny, María Granata, a todos los poetas peronistas de la época, y no se sabe quién es el autor y se sospecha que fue Roxlo.

Abandonamos la mesa Lamborghini y partimos de Caracol. La charla continuará. La tarde interminable.