Alejandra Boero: “La lectura es placer o no es. Lo mismo con la escritura”.
Camorreros & Irreverentes
Reportaje en serie a poetas#7
Por Hernán Casabella

Alejandra Boero
Alejandra Boero nació en 1968 en Rafaela, ciudad desde donde escribe y edita Gilgamesh: poesía y poéticas. Su obra circula en blogs, revistas digitales, antologías y, desde 2025, en letras de molde gracias a Unbudha ediciones que dio a conocer Desarmadero, Otomana y Saudade.
POESÍA Y LITERATURA
¿Dónde está lo poético?
En la confianza cuando aparece un primer verso, una imagen, una palabra que empieza a desafiar la lengua, en la persistencia del trabajo con este material que se nos resiste.
¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
Con el insomnio se desconocen. Con las noches hay total complicidad: es el momento en que las lecturas se cuelan portando indicios, encendiendo caminos por donde aventurarse. Con los vicios: la gula lectora, la procrastinación escritural (tan frecuente), la soberbia de confiar en el azar y desconfiar de la memoria.
Tus poemas preferidos son…
Siempre los de los poetas que admiro, los incandescentes, los imposibles, los que resisten al olvido, los olvidados que aparecen en el momento indicado.
¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?
No con los pares ni con los lectores, al menos de manera consciente. Recuerdo cuando nos conocimos con Alejando Michel y jugábamos a ser poetas en nuestros messengers. La seducción de las palabras fueron nuestra manera de comenzar una historia que sigue aún después de los designios de las parcas, esas malditas.
¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?
Hay algunos egos que se regodean en estas lecturas, pero no son mayoría. Somos más los que vamos al encuentro de las voces que nos resuenan, que nos acompañan, que nos incomodan y que siempre nos van a dan pistas para renovar el deseo de lecturas y escrituras. La poesía actual con sus idas y vueltas, con sus aciertos y derrapes goza de una feligresía que desoye el cálculo y las estadísticas.

RELEVO DE PRUEBAS
Tu última mentira…
Este libro no te lo puedo prestar porque lo está leyendo mi hermano.
¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?
Que hay una diversidad de voces muy difícil de relevar con tan poca distancia. La poesía necesita del tamiz del tiempo. Se está escribiendo mucho, compartiendo muchísimo. Trato de leer a las nuevas voces y convocarlas a Gilgamesh: poesía y poéticas.
Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?
Sin dudarlo, el amoroso y generoso Lorca, si es que el esquivo y rebelde Arthur se deja atrapar.
Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?
Mi memoria es malísima hoy y no fue mejor antes. No podría citarlos pero sé que el comienzo de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y el final de La muerte de Virgilio de mi amado Hemann Broch. Voy a la biblioteca a buscar esos subrayados que comparto:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo»
«El rumor continuó, sobresaliendo de la confusión de la luz con la tiniebla, ambas revueltas por el alzarse del sonido, pues sólo ahora comenzó a sonar y lo que sonaba era más que tañer de lira, era más que cualquier sonido, era más que toda voz, puesto que era todos juntos y a la vez surgiendo de la noche y el universo, surgiendo como entendimiento, más alto que toda comprensión, surgiendo como significado, más alto que todo concebir, surgiendo como la pura palabra que era, superior a todo entendimiento y significado, definitiva y comienzo, poderosa y dominadora, temible y protectora, propicia y tronante, la palabra del discernimiento, la palabra del juramento, la pura palabra: así le sobrevino rumorosa, hacia él pasó por encima de él, fue en aumento y se volvió cada vez más fuerte, se hizo tan avasalladora, que nada podía sostenerse ya ante ella; el universo se disipaba ante la palabra, disuelto y superado en la palabra, mas conservado y contenido en ella, aniquilado y creado de nuevo para siempre, porque nada se había perdido, porque el fin se unía al principio, renacido, volviendo a procrear; la palabra se cernía sobre el universo, se cernía sobre la nada, flotaba más allá de lo expresable y lo inexpresable, y él, sobrecogido por la palabra y rodeado por su rumor, se cernía con la palabra; no obstante, cuanto más le envolvía, cuanto más penetraba él en ese mar de sonido y era penetrado por él, tanto más inaccesible y grande, tanto más pesado e inaprensible se tornaba la palabra, un mar cerniéndose, un fuego cerniéndose, pesado como el mar y leve como el mar, sin dejar por ello de seguir siendo palabra: no pudo retenerlo y no debía hacerlo; para él era inconcebiblemente inefable, pues estaba más allá del lenguaje»
Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
Se compran desde el primer sueldo a los 18 años, se regalan, se prestaban porque digamos que se perdieron. No se venden a menos que, por error no infrecuente, se hayan comprado dos veces (los regalos, en este caso fueron más que las ventas a pérdida) y no tengo la osadía de robarlos, sí pedirlos si la compra se me hace imposible (recuerdo dos oportunidades en cuarenta años).

LEO, LUEGO ESCRIBO
¿Tenés alguna rutina al escribir?
Rituales, la rutina no forma parte de mi vida. Escribir en mi lugar de trabajo, en la computadora de mi oficina rodeada del perfume y la textura de los hierros que vendo, junto al canto de los pájaros que sobrevuelan esta ciudad de la llanura pampeana y con las interrupciones del teléfono que suena o las notificaciones de los mensajes del whatsapp, el mail o el facebook. Me cuesta escribir en la soledad y el silencio de mi casa, lugar de rituales de lectura, de encuentros con amigos, de charlas con mi gatita siamesa, de experimentos culinarios y de ocio tan necesario.
¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
Siempre los libros, libretas hermosas donde pasar lo escrito en la computadora, plumas, lapiceras y tintas tan dignas como los cuadernos y libretas que compro compulsivamente. Todo lo que para mí significa belleza y abundancia. Ricos tés, cafés en hermosas tazas chinas o turcas y mucho y buen chocolate.
A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?
Leo a mis contemporáneos. Leo las tapas de los libros porque allí, en la cuidada o no tan cuidada edición también hay claves que me ayudan a comprar libros que me han deparado grandes felicidades y también, sinceridad obliga, grandes fiascos. Pero no solo en poesía, porque el toc de comprar sin referencias textos de narrativa y de ensayos por el solo hecho de que sus tapas «me llamen» no se ha curado, ni intento que eso ocurra, soy mañosa con las medicinas.
¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?
Se leen y se releen y se subrayan y se abandonan y se retoman. El tiempo, las ganas, la concentración, el desgano, el desinterés, la pasión marcan los ritmos. No confío en la voluntad ni en la constancia ni en la disciplina. La lectura es placer o no es. Lo mismo con la escritura.

GUSTOS
¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
Desde el momento en que la lectura fue mi pócima mágica, mi remedio, mi refugio, mi libertad. Pero la escritura, la habilitación para que la escritura sea se demoró décadas. El estudio y las lecturas muchas veces fueron excusas para renunciar al deseo.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
El que me leyeron en el preescolar sin dudas y que no recuerdo título, pero sí el soporte: un bello y magnético kamishibai, como bella y magnética la voz de la señorita Alda.
¿Qué estás leyendo actualmente
Textos de Alejandro Horowicz (estoy aprendiendo a leer procesos históricos gracias a ellos); el Antigüo Testamento gracias a los cursos y la erudicción de Juan Carlos Sánchez Sottosanto, la poesía que me comparten los invitados a Gilgamesh.
¿A quién releés periódicamente?
Al diccionario de etimologías de Corominas recurro, te diría, diariamente. Me gusta volver a los cuentos de Borges, a los ensayos de Pound, Steiner, Didi-Huberman, a la obra de Pasolini. Este año volví a El infinito en un junco de Irene Vallejo, me hace bien en este momento tan desasosegante. Hubo años de relecturas de textos canónicos, clásicos mal leídos o leídos por obligación en mis años de estudiante, que siguen pero de otra manera.
¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
La obra completa de J. L. Borges, Facundo de D. F. Sarmiento, Río de las congojas de Libertad Demitrópulos, La tierra firme de Matías Aimino, Eisejuaz de Sara Gallardo, Kalpa imperial de Angélica Gorodisher, Zama de Antonio Di Benedetto, El entenado de J. J. Saer, Las esferas invisibles de Diego Muzzio y tantos más… Nuestra literatura es inabarcable y riquísima.
¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
En este momento de mi vida a Gilgamesh llorando a su amado Enkidu.
VUELOS
¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?
No. Escribo para (re)conocerme y para sostenerme y para compartir esos descubrimientos y extravíos con quienes como yo no pueden no escribir(se).
En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?
En principio, retomando la pregunta anterior, para sostenerme en el tembladeral. Lamentablemente no cambiamos las derivas de genocidios y colapsos ininterrumpidos. Desconexión elitista creo que es la de los que fungen como dueños del mundo para esquilmarlo, lastimarlo, volverlo invivible para las mayorías. La literatura, el pensar el mundo no lo leo como elitismo, lo leo como apuesta y respuesta, tentativas siempre, a tanta catástrofe.
¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?
Creo que cambia al que la escribe y a quien la lee. Es más bien un antídoto contra lo establecido, contra el cálculo, contra el poder.

PLUMAS
¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?
Creo, como pasa con tantos autores y libros que están en nuestro ADN aunque no los hayamos leídos, que la vida permea más a los que no llegaron a la obra. Quienes volvemos a su poesía, su revolución nos sigue maravillando.
Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?
Imposible que ese «duende» envejezca o desaparezca tal cual fue vislumbrado, vivido y dejado en heredad.
Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?
Fue la genialidad de un poeta que supo habitar sabiamente, poéticamente su desasosiego. Sus heterónimos no fueron máscaras. Siguen siendo la gran apuesta de autonomía creadora, de genialidad literaria de Fernando Pessoa. «Ese baúl lleno de gente» que tan bien supo leer el autor de Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi.
Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?
Es el trabajo de un artista, de un poeta, de un filósofo, de un hombre que nunca se conformó con ser un empleado.
Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?
No imagino a un furibundo genial poeta haciendo berrinches, sí un gran corte de manga a la hipocresía de su época. Una rebelión personal, un acto de renuncia, un acto de coraje sin lecturas morales posibles, desde mi punto de vista.
Si Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?
Imagino y quiero creer que la seguiríamos leyendo como una creación genial de un hombre terrible, de un artista tremendo.
El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?
Leído en su contexto, el grito sucio y desesperado y poético que supo ser. La inautenticidad de tantos que habitaron y siguen habitando este mundo saben muy bien como vestirse con clichés. Pasa con Bukowski, con Pizarnik, con Rimbaud, con tantos más.
¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?
Hay un trabajo de lenguaje desde el desgarramiento más profundo. Lo demás, triste, es parte de un personaje, de un cínico que supo ser un artista.
¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping?
Mi nariz lectora sigue oliendo ese azufre.
¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?
Hay quienes escriben desde esa mímesis, no los leo, no me interesan. Los escritores responsables con su trabajo, con su deseo, saben que el abismo es el costo del pasaje y del viaje.

CONFESIONES DEL ESTRIBO
Un libro: La muerte de Virgilio de Hermann Broch.
Un amante famoso: Casanova.
Una ciudad: Estambul.
Una película: Bleu de K. Kieslowski.
Una canción: Via con me de Paolo Conte.
Un álbum: Drama Box de Misia.
Una delicia: los sonidos del silencio
Un personaje literario: Homero.
Una frase: Dos: «… vanidad de vanidades, todo es vanidad…»/«Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.» (del Eclesiastés)
Un poema: PRESENTE
Mi amor me ha regalado una máquina del tiempo. «Mañana fue tu
cumpleaños, será un presente apropiado», me ha dicho. Es una
Cronos 2021, precisa como un reloj antiguo. Hay que darle cuerda
durante la caída del sol. Tiene un compartimiento especial para
nuestra gata y otro para los pájaros de nuestro jardín. Viajaremos
todos juntos esta noche. Ya nunca llegaremos tarde.
Alejandro Michel (La guerra de los mundos, inédito)
DOS POEMAS DE ALEJANDRA BOERO
¿Sabré ir hacia el vértigo y volver?
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Mis gritos barren la noche.
Decido destruir el mundo.
Armo mi garganta y digo:
Mi voz se perdió en el mar,
Siento como que se entonan mis versos.
Mi nombre será nadie.



