Fabio Mosquito Sancineto: “Las actrices y los actores argentinos me parecían seres fabulosos, gigantes”

 

Entrevista por Jorge Hardmeier

El 13 de noviembre de 2025 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reconoció a Mosquito como Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura. Jorge Hardmeier charló con el actor y esa conversación quedó registrada para Sonámbula. Bar Asturias, Salguero y Rivadavia. Café con leche con medialunas.

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El homenaje de la Legislatura

“Ese reconocimiento lo propuso Victoria Montenegro en el 2019. Luego vino la pandemia y quedó en el olvido. Hubo un intento, medio a las apuradas, de dármelo en algún teatro. Pero yo quería en la Legislatura. Tuve paciencia y este año me llaman y me dan la sorpresa. Me había olvidado, juro. Me dieron mucha libertad. Fue un clima, realmente, muy emotivo. Y los cuatro oradores me inspiraron sensaciones distintas, todas muy emocionantes”. El mismo Mosquito eligió a esos oradores: “Tienen que ver con situaciones de mi vida muy importantes. Ricardo Manetti, decano de la Facultad de Filosofía y Letras; Marcia Amoroso, gestora cultural, creadora de Ave Porco donde trabajé muchos años  y amiga de la adolescencia, como Ricardo; Greta Pena que es una referente de la lucha por la diversidad y del colectivo LGTBQ y Martín Rechimuzzi que es uno de los monstruos nacidos de mi vientre, fue alumno mío muchos años. Esas cuatro personas presentaron, da alguna manera, toda mi historia. Después hubo una disk jockey, Dafne, una chica trans, fueron muchas drag queers, improvisadores, músicos, Los Impróstatas, amigos, amigas, compañerxs de la escuela, mi familia. Y, obviamente mi padre, mi madre y mi hermano estuvieron ahí, me habitan siempre. Lo que más me emocionó fue lo de Ricardo, porque conocía a mis progenitores y los nombró. En el Salón San Martín se fueron sumando los improvisadores, terminó todo como una gran ópera donde todos cantamos”.

Mosquito me dice que coma medialunas, que está comiendo de gula, uno de los siete pecados capitales: “Yo peco todo el tiempo”.

-¿Estás formado en el Catolicismo?             

-Sí, pero más con el Cristianismo. Estoy más del lado de Cristo. Respeto el no matarás, obviamente, y el no robarás. Después, lo demás… No desear la pareja de tu prójimo no puedo.

Honrar a Dios por sobre todas las cosas…

-Cuando empiezan con eso, ¿ves? Para mí eran más importantes mi padre, mi madre, mi hermano.

-¿Y el no matarás? ¿Sos vegano?

-Lo respeto muchísimo. No vegano pero si vegetariano. Pero a mis animales les tengo que dar carne y lo que me está pasando es que cuando les hago la comida se las combino con verduras y estoy cortando el pollito y, a veces, gulp… me lo llevo a la boca. ¡No! ¿Qué hice? No puedo hacer veganos a mis animales, es impropio. Pero respeto a la naturaleza y quisiera que no se mate a ningún animal más para consumo. Una larga lucha. El veganismo avanzó y eso me parece bien. Ahora las verduras están caras. Compramos dos cebollas, seis frutillas, tres tomates. Es vergonzoso lo que estamos viviendo y es peligroso. Y lo más triste es que hay cierta juventud que apoya esto. Les hablás de la reforma laboral y están de acuerdo. Gran trabajo han hecho los medios de comunicación monopólicos. Manipulan los cerebros más ingenuos, menos activos.

El teatro desde niñx

Sancineto ya hacía teatro durante el secundario, luego sobrevino cierta disyuntiva e imposición: “Mis padres me dijeron: ¿querés hacer teatro?, pero también tenés que hacer una carrera. Afortunadamente no me dieron la opción. No entré en ese lugar vicioso de tener que decidir entre ambos. Hubiera decidido por el teatro y hubiera entrado en conflicto. Mis padres eran gente muy buena. Y… el nene nena que haga teatro, que es lo que le gusta y que haga también una carrera porque es necesaria. Me anoté en Historia. Después dejé porque empecé a laburar mucho y en los noventas decidí volver y Ricardo Manetti me dijo: anótate en Historia del Arte. Artes Combinadas es ahora. La disfruté muchísimo pero no la terminé”.

Mosquito debutó muy chico teatralmente. Año 1979: “Hacía de niño mendigo en El Príncipe Idiota. Con Inda Ledesma. Súper elenco. Mi papá era muy amigo del hermano de Inda. Y llega este proyecto. Papá me da el teléfono de ella. Yo iba al Labardén, Instituto Vocacional de Arte. Le caía muy simpático a ella. Me trataba muy dulcemente: Josecito… porque mi nombre es José Fabio. Entonces la llamo y le digo: ‘Hola Inda, soy José, el hijo de Sancineto’. ‘Hola querido, ¿cómo estás?’ ‘Sé que están tomando pruebas para una obra de teatro, quiero que me tomen una prueba…’ Y ella dijo: ‘Venite al Teatro Margarita Xirgu mañana a las cinco de la tarde’. Me acompañó mi mamá. Estaban Inda y Ernesto Korovsky, su asistente. Me dijeron: representanos el hambre y el frío porque esta obra transcurre en Rusia, siglo XIX, antes de la Revolución Rusa, cosas que yo no tenía ni idea, tenía trece años. Sí sabía que en Rusia hacía mucho frío. Subí y representé lo que sentía. Termino la prueba, bajo del escenario, ella me abraza y me dice: ‘Muy  bien, me convenciste, vi hambre y vi frío. ¿Tenés ganas de estar en esta obra de teatro?’ ‘¡Sí!’ Y ahí habló con mi papá y lo mandaron a hablar con el productor”.

Mosquito no proviene de una familia de artistas, ¿entonces?: “Creo que estuvo siempre en mi genética, vino conmigo desde el nacimiento. Antecedentes en la familia no hay. Mi papá era pintor pero, digamos, autodidacta. Para las fiestas de Navidad, Reyes, hacía obras de teatro con mi prima. Las escribíamos y producíamos el vestuario. Siempre terminaba de la misma manera: los hermanos mayores se burlaban y nosotros arrancándonos el vestuario y tirando todo a la mierda de la bronca. También representaba obritas de teatro con títeres, era el momento más hermoso de la infancia. Las actrices y los actores argentinos me parecían seres fabulosos, gigantes; había una señora que me cuidaba de chico, porque mi padre y mi madre trabajaban, y la guacha me daba de comer y me mandaba a dormir la siesta, ella se acostaba al lado mío, prendía el televisor y miraba las novelas de la tarde y a mí no me dejaba. Me hacía el dormido y de reojo miraba todas las películas; recuerdo imágenes de La Guerra Gaucha, de Zully Moreno, blanco y negro, escuchaba las voces, eso me encantaba, sus peinados. Estamos hablando de la década del setenta. Para mi eran seres humanos que no vivían en la cotidianeidad, eran tan importantes que vivían en un cielo estelar, eran gigantes. Para mí los actores y las actrices eran eso: seres gigantes. Estaban en otro plano y cada tanto venían a este plano a humanizarse, pero eran seres muy poderosos. Yo dije: quiero ser uno de esos gigantes. Y ahí empezó todo”.

Los comienzos del zumbido

¿Por qué José Fabio Sancineto es conocido como Mosquito? “Bebe Kamin me bautizó. Los chicos de la guerra fue la primera película que hice. Hice un casting. Pasé la prueba de actuación y en lo de Alezzo se juntaban los seleccionados. Bebe Kamin le dio a cada uno su rol, en el libro original había un personaje que se llamaba El Gordo, pero como no había gordos entre los jóvenes lo modificó e inventó a Mosquito, basándose en mi cuerpo, era muy flaquito, era muy parlanchín, no paraba de hablar y a él no le molestaba eso, le causaba mucha gracia. Me dijo: ‘Para mí vos sos un mosquito simpático y gracioso’. Y quedó Mosquito. Después lo utilicé como nombre artístico. Lo usaba en los Match de improvisación, Rodríguez Peña y Corrientes. Era un éxito. Veintisiete años cumplí con la impro. Una hermosa época. Cambiaban los elencos y todos eran buenos. Había muy buenos improvisadores. Yo estaba muy seguro de lo que quería, todavía estoy muy seguro”.

Los Match de improvisación marcaron una época y Mosquito es el referente: “El primer taller lo dio un francés en el Centro Cultural General San Martín. Verano del 88  y el francés trajo por primera vez el Match de Improvisación acá. Su nombre era Claude Bazin. Éramos más de doscientos alumnos. Yo venía de hacer talleres durante ese verano en el San Martín. Y este era el último, el que cerraba el ciclo. Éramos un montón y era de carácter competitivo. Y el francés dice que él tiene que elegir a los primeros improvisadores que iban a ser de acá, Argentina. Me despertó el bicho de la competitividad. Vamos a por ello. Había que aprender la técnica y jugar. Se armó a las dos semanas un match, en el cual me incluyó y todos los que fuimos parte de ese elenco seguimos estudiando con él. Fui vanguardia en eso”. Si bien los improvisadorxs eran varios, Mosquito siempre fue el nombre de ese hecho teatral: “Fui la primera persona que presentó un proyecto en el Centro Cultural Ricardo Rojas para dar Taller de improvisación. Bazin ya se había ido del país. Él vino a dar un curso pero se quería quedar a vivir acá y hacer fortuna con este espectáculo pero la híper inflación se lo devoró y se fue. Seguimos los argentinos y todo fue decantando, yo empecé en el Rojas. Leopoldo César Fussato fue el gran gestor de ese centro cultural y Cecilia Felgueras me permitió hacer las presentaciones ahí. Empezó la otra historia. Mis demás compañeros dejaron de estar, por decisión de ellos. Y los que se oponían me daban más ganas de continuar. Se oponían con argumentos muy inválidos. Esto no es teatro, me decían. ¿Y qué es el teatro? Andá a cagar”.

El cruce de los unders

“Renuncié a todo lo formal y convencional para adentrarme en lo que era el underground. Descubrí el under con sus artistas, los bares, los ámbitos: me encantó. Esto es lo que quiero en mi vida. Poder vestirme de mujer, por ese lado. Venía haciendo una trayectoria ubicada en el rol de varoncito, me cansé de hacer en mi adolescencia personajes de ladrón, de drogadicto, de pibe de la villa que sale y afana. José Fabio Sancineto, el típico pibe malandra. Pero después descubrí al otro, a Mosquito, y dije basta”. Los convulsionados años de finales de los ochentas: “El Parakultural, Medio Mundo Varieté, el lugar de Katja Alemann y Chabán, Cemento, el Einstein. Yo venía de ser espectadora en el Parakultural y, a la vez, en Medio Mundo Varieté venía de hacer mis primeros numeritos. En el Parakultural, los viernes en trasnoche, Omar Viola me dio lugar para que estuviese. Estaban Las Hermanas Nervio que eran Valeria Bertuccelli y Vanesa Weimberg, Las Gambas al Ajillo, Batato Barea, Urdapilleta, Tortonese, Los Melli, Los Macocos, era un surgir de la cultura muy interesante. Muchas cosas de calidad, bien pensadas, bien realizadas, era una verdadera revolución. Era como un conglomerado de copados contagiados de la buena enfermedad que es revelarse y hacer arte. Nada es nuevo pero había como una reformulación de muchas cosas, de vencer a una dictadura y salir de ese túnel. Ahora es todo al revés y piensan que todo comienza con ellos. Uno era consciente de que el arte no empezaba con uno, sino que era parte y venía de estudiar con maestros y maestras que nos dieron elementos fuertes para generar cultura”.

Teatro y cine ¿y la televisión? “El teatro y el cine son lo que más amo. La televisión en tercer lugar. Si bien hice cosas en la tele esporádicamente, un buen personaje llega cuando tiene que llegar. El Marginal puedo decir que llegó tardío. No: llegó cuando tenía que llegar. Me embolaba mucho hacer castings para televisión. También hice casting para El Marginal pero las personas que lo hacían querían que yo vaya a hacer el casting, habían pensado en mí. Una experiencia inolvidable que me gustaría repetir. Mucho respeto siempre hacia mis compañeras trans y hacia mí. Lo disfruté muchísimo. Era Fabiola. Me querían todos.  Me saludaban: Fabiola, Fabiola… Es lindo, es placentero. Jamás me negué al saludo en la calle, me daba gusto”.

Mosquito es sinónimo de teatro de improvisación pero su regreso al teatro de texto se relaciona con un artista excepcional: Pompeyo Audivert: “Es un gran director, es un gran actor. Y gran persona. A Pompeyo le debo el hecho de haber regresado al teatro de texto. Ya tenía mucha impro y quería volver al teatro de texto. Me lo cruzo a Pompeyo por la calle, nos saludamos y le digo: ‘Pompeyo, si algún día te interesara y me das la oportunidad me gustaría hacer texto’. Y al poco tiempo me convoca para trabajar en el Teatro Cervantes en Antígona Vélez. Hice texto y me encantó. Después me convocaron para La sombra de Wenceslao, de Copi, e inmediatamente Pompeyo hace la versión de Muñeca, de Discépolo, en el Centro Cultural de la Cooperación, un exitazo que duró dos años. Ahí hice un papel re lindo que me valió nominaciones para premios y apareció Mosquito para la gente del ambiente: Mosquito hace teatro. Amo hacer teatro. Bienvenido Mosquito al teatro. Y, mirá, lo hace bien. Ahí sí, empezó mi entusiasmo por el teatro de texto con la impro en paralelo, que es lo que hago ahora, una cosa y  la otra”.

-¿Qué estás haciendo actualmente?

-Estoy haciendo, con Eduardo Calvo, unas funciones de El baile del monito, obra escrita y dirigida por Pablo Calvo. Es en el Centro Cultural de la Cooperación. Es una sátira de nuestro presente basada en Calígula, de Camus. Es un texto en el cual no podés sanatearla, sí podés salvarlo, si te olvidás una palabra la reemplazás por otra similar, un sinónimo o sea que el concepto, la idea está intacta. Y empecé a ensayar otra obra, la primera obra comercial en la que voy a actuar. Comercial porque hay un grupo de productores atrás. Lo único que tengo que hacer es ir al teatro y ensayar. Es humor negro, tiene que ver con la vejez y la muerte. Es un texto inédito de una autora argentina, dirigida por Gaby Villalba. Están tres exponentes del colectivo actuando, es una comedia muy desopilante. Nos llevamos muy bien los tres. Se va a estrenar en abril en el Teatro Picadilly, en Avenida Corrientes. Y a la espera de unas películas en las cuales laburé. Instante, una película dramática romántica donde me tocó hacer el rol de un paciente oncológico. La es otra es del director Patricio Sperazona, es parte de una trilogía y esta es la tercera. Es un cine muy personal, este chico en tres fines de semana te hace una película. Homenajea a Fernando Noy y a Fer Gyldenfeldt, un cantante que innovó mucho en el folklore. Triunfó en Cosquín, un trans con barba”.

Orgullo

Pos dictadura, con el ambiente represivo intacto y un Mosquito que, ya desde esas épocas oscuras, enfrentaba los prejuicios: “Vestido de mujer, maquillado de mujer… Y todavía existían los edictos, hasta los dos mil y pico. Néstor Kirchner los sacó. Si te veían por la calle vestido de mujer, pum, ibas adentro. A mí no se me notaba tanto, era más discreta, si bien ya en mí esencia estaba esa cosa andrógina, cuando preguntaban y yo contestaba con mi voz grave me decían: perdón, perdón. A mí me gustaba mucho jugar con eso, la sorpresa de los demás. Ya había empezado a laburar en boliches y me daba mucha fiaca maquillarme adentro del boliche o vestirme de mina. Entonces salía vestido de mina desde mi casa, me tomaba un taxi, me conocían, ya sabía dónde iba. Una sola vez me gritaron: ‘¡Hijo de puta!’ No sé si por mi pelo colorado o por mi fisonomía, pero fue la única vez. Pero tanto en mi vida cotidiana como en mi trabajo en los boliches, ya que producía las Fiestas Mayas, la gente jamás me hizo sentir una situación de rechazo, de violencia o de desear que la figura de una desapareciera. Cosa que hoy sí está ocurriendo. O te amenazan por las redes. Hoy en día hay una gran cantidad de nazis, neo nazis, reaccionarios, como los queramos llamar. Son fachos. Odian al que está afuera de su micromundo. Lo que no entienden, lo detestan y lo quieren borrar. Es muy peligroso lo que estamos viviendo. Toda la mugre salió debajo de la alfombra porque hay un gobierno que lo avala. Más que avalarlo, lo instiga. Lo que no sé es porque nuestro pueblo está tan dormido. Todos no, por ejemplo, los que marchan los miércoles. Muy triste. Y en cuanto a lo de género es peligroso, dicen cosas horrorosas, qué mentalidad podrida tienen estas personas”.

Como parte de estas luchas, Mosqui aporta su mirada sobre el movimiento feminista, la onda verde: “Me parece bárbaro pero yo no me considero parte del feminismo. Puedo tener ciertas miradas femeninas o feministas pero respeto el hecho de que son las mujeres las que están al frente de esa lucha. También ojo, porque en el feminismo hay un gran abanico, estoy aprendiendo mucho de eso, están las odiadoras también, las feminazis, que son tremendas. Hay de todo. Y está bien que haya de todo. Ya decantará, uno observará y dirá: me quedo con esto, con esta veta feminista más altruista, más vinculada con la historia del feminismo, más vinculadas con la sociedad, que no excluye a nadie, que no odia al hombre por el hecho de ser hombre. Pero se valora la esencia de lo que son: si hay una travesti no la rechazan, al contrario. Y eso me parece lo más saludable. El feminismo existe hace muchos años y en la historia hay muchos casos de mujeres que tuvieron actos feministas sin declararse feministas, dentro de todas las áreas, en las ciencias, en el arte, en la política. Esas mujeres son mis ídolas”.