Juan José Burzi: “Hay bastante de estética caravaggiesca en el arte visual moderno”

Entrevista por Jorge Hardmeier

Jorge Hardmeier entrevistó para Sonámbula al escritor Juan José Burzi en relación con su último libro, Vidas Barrocas (Caburé, 2024), tercera pata de una trilogía que inauguró La mirada en las sombras y a la que prosiguió Sensualidad y erotismo en Caravaggio. Un tríptico sobre la vida y obra del genial pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio.

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Juan Burzi ha construido un sólido recorrido literario: publicó los libros de cuentos Un dios demasiado pequeño, Sueños del hombre elefante, Los deseantes y Shibari, así como la novela El silencio, además de una serie de libros de literatura infantil. Sin embargo, nos convoca el estudio de Juan sobre la obra de Caravaggio. La conversación se da, ya que ambos afincamos en Lanús, en un bar cercano a la estación.

Memoria del olvido                                                                                                  

Luego de pedir dos cafés en el bar Mallorquina, Burzi explica el comienzo de su fascinación por la obra de Caravaggio: “No tengo una respuesta exacta. En un principio creí que no se había escrito mucho sobre él. Después me di cuenta de que se había escrito bastante, pero quería encarar su trabajo y su vida a mi manera, desde los márgenes. Estuve leyendo más de dos años intensamente sobre él y su obra.”

Pero esa pasión originaria se confirmó luego en la visión directa de su obra: “Un poco me terminó de decidir eso, el encuentro cercano con sus pinturas. Las veces que viajé, siempre me impresionó y llegó un momento en que me dije: yo tengo que escribir sobre este tipo. Hay algunas obras que las ves y te caes de culo. Me pasó con Van Gogh y con Egon Schiele, también. De Caravaggio me impresionó esa cosa de que su arte fue olvidado por unos doscientos años, para ser reflotado al principio del siglo XX. Creo que era una especie de renegado paranoico. No tenía discípulos. Tenía seguidores, imitadores a rolete, pero nunca tuvo una escuela como los Carracci o Guido Reni, instaurado como su rival. Rubens compró una obra que la iglesia prohibió y la exhibió unos días, antes de llevársela al duque de Mantua, para quien trabajaba. Quería que la gente apreciara el arte de Caravaggio”.

Una de los elementos que asombran es que Caravaggio, como tantos otros artistas, cayó en el olvido para luego ser recuperado a inicios del siglo XX por el crítico e historiador de arte italiano Roberto Longhi, que comparte ¿casualmente? apellido con otro Longhi, contemporáneo del pintor. “El de su época era Onorio, un arquitecto, amigote de él, que no tiene relación familiar con Roberto Longhi. Estaban siempre metidos en quilombos. A Longhi, junto con Caravaggio y Orazio Gentileschi, el padre de Artemisa, lo acusan de escribir un panfleto contra un pintor muy famoso del momento y los llevan a juicio. Las palabras de Caravaggio en ese juicio son las únicas documentadas. Fuera de eso no dejó nada. Solamente dos cuadros firmó”.

Altamente llamativo es el olvido del canon pictórico en relación con la obra del pintor italiano. ¿Qué pasa ahí? Considera Burzi: “Hay una carta del suegro de Velázquez en la cual dice que su yerno es caravaggiesco en la forma de pintar. Y las primeras pinturas de Velázquez tienen algo de Caravaggio. Se lo tenía en cuenta luego de su muerte, en 1610, pero luego quedó en el olvido. Se empezó a ver como grotesco lo que pintaba. Hubo una mirada más clasicista”.

 

Un espejo en una sombra

Cuando nació Caravaggio la muerte de Miguel Ángel, uno de los héroes del Renacimiento, estaba aún temporalmente muy cercana. Ese movimiento artístico influenció, evidentemente, al pintor estudiado por Burzi: “Caravaggio hizo ciertos homenajes a Miguel Ángel. Si bien está en contra del manierismo de su época y sostiene la idea de que para pintar no se debe mirar a la Antigüedad, sino a la gente de la calle, reconoce y hace uso de los logros de los grandes pintores del Renacimiento. Llevó al extremo eso de mirar a la gente de la calle y pintó prostitutas y las hizo posar como modelos de la Virgen y blasfemias así. Es como poner en los ochentas a la Cicciolina retratada como la Virgen María”.

Contexto: “Era un mimado por el poder. Su padre trabajó para los Colonna. El padre muere por la peste que pasa por Milán, queda huérfano y en contacto con los Colonna. El cardenal que lo cobija en su morada es José María Del Monte, pariente de quien fuera Papa. En el Palacio Madama, que aún está en pie en Roma y es un edificio gubernamental, había un montón de músicos, escritores y pintores”.

Miro a Burzi y sabemos que hay que hablar de Caravaggio como un antecesor de la fotografía y del cine, con su estudio asombroso de luces y sombras: “Creo que hay bastante de esa estética caravaggesca en el arte visual moderno. Se va a reeditar La mirada en las sombras  y hay un agregado que es Caravaggio y el cine, analizando películas que tratan de su vida. La primera película sobre la vida de Caravaggio se filmó bajo el fascismo, como parte de una serie de películas que Mussolini mandó a hacer para rescatar a los valores de los grandes personajes italianos. Una obra de  arte es la película Caravaggio, de Derek Jarman, que es muy inexacta en términos históricos, pero muy lograda artísticamente. El trabajo con la luz y las sombras, los claroscuros…»

«Es difícil escapar a esa influencia para muchos artistas visuales y cinematográficos. Ya en su época Caravaggio influyó mucho: en los pintores flamencos, se pueden rastrear hasta los impresionistas, tenés también los pintores de la escuela de Utrecht. Algunos se supone que lo conocieron en Roma pero no hay nada documentado. Está el Maestro de las velas, Trophime Bigot, que pintaba todo bajo la luz de las velas. Un seguidor de Caravaggio, alguien que tomó ese trabajo con las sombras, es Georges de la Tour. Casi todas sus pinturas tienen velas, parecen fotos”, añade.

 

After punk

“Caravaggio siempre pintó con una luz que entraba de un costado, agujeraba el techo”. ¿Cómo? Usaba unas técnicas extremas: “Una artesanía total. Algunos sostienen que usaba una especie da cámara oscura, avanzada para la época. La cámara era una suerte de juegos de espejos. Luz natural y un espejo. Y cuando la luz del día iba girando, tenía que mover el espejo un poquito. Sumale a esa forma de trabajo que era un pintor que no dibujaba, hacia unas marcas con las colas del pincel. Era medio punk”.

El extraordinario estudio de Burzi sobre la obra de Caravaggio decantó en un hermoso libro asterisco: Vidas barrocas, una suerte de museo de personajes satélites que giran en torno a Caravaggio: “Son cuentos, pero casi todos los personajes existieron de verdad. Cuando empecé a buscar en las fuentes para mi estudio sobre Caravaggio descubrí que había vidas de pintores poco conocidos muy interesantes. El germen de todo fue el Mastelleta, cuyo sobrenombre viene porque su padre hacia barriles (mastello). Son hermosos los sobrenombres que ponían. Me dije: tengo que ahondar más en estos pintores de segundo orden, que apareciera el lado B. Por ejemplo, el escultor que vivía a la sombra de los Bernini, El Leproso. Inventé donde había huecos, pero no falsee información. A pesar de lo dicho, en cierto modo, Vidas Barrocas es un libro de ficción”.

¿Por qué nos conmociona Caravaggio? “Es un pintor que va de la sensualidad, de la sexualidad, del erotismo al todo. Y tiene una mirada moderna. Las pinturas de Caravaggio pueden ser una representación teatral. O un tipo de cine o de foto, si se quiere. Es una suerte de nexo de lo que después fue la pintura moderna. Las miradas eran fundamentales, como en el Baco borracho. Había algo de spleen, a la vez lascivo, no del todo definido».

 

Lado B

La última ronda de café en Mayorquina: “Sensualidad y erotismo en Caravaggio fue la idea original, cuando empecé a investigar y a planificar la escritura de un proyecto. Encontré que entre el material sobrante había otro libro. Ese libro fue La mirada en las sombras, que se publicó primero y obtuvo el Primer Premio Municipal. En cuanto al último, Vidas Barrocas, se fue armando en mi cabeza a medida que, investigando sobre el Barroco y sobre la época de Caravaggio, me encontraba con personajes que  me apenaba dejar afuera. Hay varios libros de vidas de artistas de la época, que contenían el resumen de una existencia que el tiempo enterró. A veces me apoyo en personajes famosos para escribir sobre otros que quedaron a su sombra, o que revolotearon en torno a ellos. Mi trabajo como escritor de ficción está puesto en función de rellenar baches de información”.