La lectura, la escritura, el Deseo: Tres poemas de Griselda García

Foto: Malena Qu / Curaduría y notas: Lali Destéfanis

“La lectura es buena conductora del Deseo de escribir”, escribió, leemos, Barthes. Un Deseo mayúsculo de escritura producido por la lectura que no es deseo de escribir sino escribir como deseo: del primero, la modesta empresa de la glosa, el subrayado o el apunte son gimnasia cotidiana legada bien temprano por la escuela; el segundo, en cambio, trae consigo una experiencia lectora como la que descubren los poemas de Bouquet Garní + SPAM (2017), de Griselda García. “Si Walter Benjamin postuló la necesidad de un traductor transparente que no debe cubrir ni opacar al original, acá sucede todo lo contrario. La reescritura genera un plus, un exceso, cuyo efecto es multiplicador. La búsqueda fue retener algo de esa respiración del texto fuente; en el caso de otros idiomas, cierto eco de la lengua de partida. Comparto un modo de leer que reinterpreta, modifica y corrige en forma simultánea. Un envase conocido para un nuevo contenido”, así define su autora a estas reescrituras.

Aquí presentamos tres de ellas: Vilariño (“Ya no”), Thénon (“Por qué grita esa mujer”) y Pavese (“Pensamientos de Deola”) son investidos por una subjetividad -doblemente insólita para quien escucha allí la huella de la escritura previa- que aguarda otra lectura que las resienta. Qué ocurre con ellas, sobre el trasfondo de una previa experiencia vivida, escrita y leída, es ese misterioso plus que Griselda nos lega, como un deseo nuevamente puesto en juego.

Griselda García (Buenos Aires, 1979) es escritora y editora. Publicó los poemarios Alucinaciones en la alfalfa (2000); Hallucinations in the Alfalfa and other poems, traducido por Hugh Hazelton, Wolsak y Wynn, Canadá, 2010), El arte de caer (2001), La ruta de las arañas (2005), El ojo del que mira (2009), Mi pequeño acto privado (2015), Ahora (2016) y Bouquet Garní + SPAM (2017), y el libro de relatos La madre del universo (2012). Se dedica al dictado de talleres de escritura creativa y al seguimiento de obras literarias en progreso. Se desempeñó como editora en La carta de Oliver y Ediciones Del Dock y en la actualidad dirige su sello, Griselda García Editora.

 

 

 

 

Ahora sí

No viviremos juntos, no tendremos hijos
no coseré tu ropa, me tendrás algunas noches
no me despertarás al irte, sabrás quién fui
entenderás por qué me amaron otros.

Comprenderás que fue verdad lo que tuvimos
sabrás quién fuiste a mi lado, qué fui para ti
cómo disfrutamos querernos, esperarnos, estar.

Soy yo para ti por ahora y tú
eres tú para mí mientras dure.
Seguirás presente en un día futuro
sabré dónde vives, con quién
sabré que me recuerdas.

Me abrazarás cada noche como esa noche.
Volveré a tocarte. No te veré morir.
Vivirás para siempre en mí.

 

Por qué miro a esa mujer

¿por qué miro a esa mujer?
y usted ¿por qué la mira?
¿por qué la miro? pregunta

si se viste así es porque
quiere que la miren
está provocando

¿por qué qué?
no ve qué tetas qué culo

¿por qué miro a esa mujer?

¿y esa? ¿y esa otra?
dios, qué infierno

¿no tengo derecho? 
si les gusta que las miren
después se quejan
de que las violan
yo a mi hija no la dejo salir así

ahora se acerca qué quiere
se hace la guapa la compadrita
cree que me va a apurar a mí

esta mujer ¿qué hace?

¿qué le pasa, está loca?
que se calle que deje de gritar

está loca esta mujer

ella se lo buscó

 

Pensamientos de GG
GG pasa la mañana sentada en el café y ni el mozo la mira.
A esta hora en la ciudad baja el sol y algunos piden cerveza.
Ninguno busca. Tampoco GG, que mira pacífica y respira.
Cuando estuvo en la oficina, debía trabajar a esta hora
para subsistir: el mate con la compañera daba fuerza
y permitía soportar los chistes de los jefes. Pero, sola,
es distinto: se puede hacer un trabajo más fino, con menos fatiga.
El alumno de ayer, arribando apurado, obtuvo una admonición,
al taller no se llega tarde. Si llegás tarde, no vengas.
Igual le sirvió una bebida y una masa dulce, italiana,
que el muchacho devoró en silencio como un niño.

Está atontada pero fresca esta vez, y le gusta ser libre, a GG,
y beber su té y comer medialunas. Esta tarde es medio anciana
y, si mira a los que pasan, es solo para tener algo que escribir.
A esta hora en la casa no pasa el tiempo y hay encierro
-el patrón aún no llega- es estúpido quedarse adentro.
Para soportar la tarea se requiere paciencia y, a esta altura,
la poca que queda se agota rápido y ya no vuelve.

GG se sienta mostrando el perfil a un espejo
y se mira en el fresco del vidrio. La cara un poco pálida:
son los años estancados. Frunce las cejas.
Se necesita la voluntad que tenía Enrique para durar
en un taller (porque, GG, acá los que vienen
te van a pedir algo, la demanda es ilimitada
y al maestro se le pide todo y más) y Enrique trabajaba
incansable, daba clases en escuelas de toda la ciudad
y todavía le sobraba tiempo para escribir su obra.

Los que pasan delante del café no distraen a GG
que intenta, como todos, trabajar poco y cobrar mucho.
Observando tras la pecera de La Orquídea, le placen
los vendedores de medias y linternitas que van por las mesas.
También la gitana pequeña que reza: “Le ofrezco esta rosa roja,
que nunca será tan bella como quien la recibe”.
Le bastan dos o tres alumnos por día y tiene para vivir.
(Quizá fue un poco dura con el muchacho de ayer.
Suavizará la próxima vez). Estar sola, si quiere,
por la tarde, sentada en el café. No buscar a ninguno.