Lila Gianelloni: “Dentro de lo posible, los libros se leen. No importa cómo se ha podido llegar a ellos”.
Camorreros & Irreverentes – Reportaje en serie a poetas #3

Por Hernán Casabella
Tercera entrega de Camorreros & Irreverentes. La cuentista y poeta rosarina Lila Gianelloni, que escribe a mano, en cualquier lugar y en cualquier horario, contesta sobre el trabajo poético y de por qué prefiere no leer a Bukowski.
POESÍA Y LITERATURA
¿Dónde está lo poético?
Más allá de la poesía.
¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
No tengo insomnio, duermo bien, vicios ya no.
Tus poemas preferidos son…
Los chicos del verano de Dylan Thomas, Aceite de pescado de Sharon Olds, cualquiera de César Vallejo, El pez de Mary Oliver, El futuro de Humberto Costantini, El guardián del hielo de José Watanabe, La felicidad de los animales de Sonia Scarabelli, Agua de sauce, de Beatriz Vignoli, A Manuel Inchauspe, en el hospicio de Estela Figueroa, El tigre de Blake, Como la momia de una niña de Paracas de Diana Bellessi, Si has perdido tu nombre de Juarroz, El guardador de rebaños de Caeiro y podría seguir así, sin orden ni concierto, porque tengo innumerables poemas preferidos.

¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?
No a propósito.
¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?
No, por suerte hay otrxs lectores también, no solo existe la lectura entre poetas, lo que por otra parte es una práctica encomiable.
RELEVO DE PRUEBAS
Tu última mentira
No digo mentiras.
¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?
No deja de sorprenderme cómo se multiplican lxs poetas y narradorxs. Eso habla de la buena salud de la literatura y la poesía. Me gusta escuchar a lxs jóvenes poetas y narradorxs, observarlxs, ver como se inscriben en una genealogía, como intentan hacer algo con eso, como suelen desconocer con descaro, como buscan, rompen, descartan, recuperan. Entreveo algún apuro – innecesario o al menos desaconsejable – al momento de publicar, creo que ahí hay una marca de época, no sólo favorecida por las redes, si no por un apremio que no suele acollararse a los tiempos mansos de la escritura. Ese apuro, a veces, malogra un libro.
Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?
No tengo tanta imaginación.
Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?
“Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo.” Es el inicio de La balada del álamo carolina, de Haroldo Conti.
Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
Dentro de lo posible, los libros se leen. No importa cómo se ha podido llegar a ellos.

LEO, LUEGO ESCRIBO
¿Tenés alguna rutina al escribir?
No, en cualquier parte y en cualquier horario. Escribo a mano al principio.
¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
La verdad, ninguno.
¿La escritura puede aprenderse en un taller?
Ciertas cuestiones del oficio, sí. Se puede transmitir una experiencia.
A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?
Leo a mis contemporánexs, sobre todo a muchxs escritores y poetas que publican por primera vez, pero claro, no leo todo, sería imposible, imagínese.
¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?
Debo decir que abandono a veces, aún a aquellos libros que me gustan. Sin razón aparente. Creo que no hay ninguna obligación en la lectura, solo exige una dosis de inspiración, dice Saer. La lectura es un acto poético.

GUSTOS
¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
Me gusta creer que fue cuando aprendí a leer, a los cinco años.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
Seguro que fue alguno de los infantiles, con dibujos de animales y rimas.
¿Qué estás leyendo actualmente?
Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson y un libro de entrevistas a Marcel Duchamp.
¿A quién releés periódicamente?
La Eneida, Corazón de las tinieblas, El diario de María Bashkirtseff, El Rubaiyat, el Tao Te Ching. También algunos poemas y cuentos sobre los que vuelvo.
¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
Las primas de Aurora Venturini, El limonero real, o Glosa, de J.J Saer, En el aura del sauce, de J.L Ortiz, Ficciones de Borges, Los viernes de Juan Forn, Cuentos reunidos de Liliana Heker, La balada del álamo carolina, de Haroldo Conti, Los oficios terrestres, de Rodolfo Walsh, Tener lo que se tiene de Diana Bellessi, Cuentos completos de Di Benedetto, Antología del cuento extraño, Walsh, Cuentos completos de Silvina Ocampo, El juguete rabioso y las aguafuertes de Roberto Arlt y estoy tentada de poner en este listado a Quiroga, el uruguayo de Misiones.
¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
No, con ninguno.
VUELOS
¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?
Recordada por interesante estaría bueno. Tener una librería independiente también. Me pregunto si alguna de las dos podría ocurrirme por escribir.
En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?
Si esa luz que se filtra por la ventana es significativa para el/la poeta, si hay ahí una verdad, algo que haya que atrapar o detener, una entrelínea que se pueda pescar y que desafíe el orden de las cosas, si logra transformar esa materialidad en materialidad poética no es una desconexión. El poema no lo es, es una forma de conexión otra.
Elitista: no debería aplicarse a ningún poema.
¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?
¿Si la poesía cambia algo? Si así fuese pensada, sería un mero instrumento, pero los poemas no son un martillo o una impresora o un remedio al que se le reclama eficacia y rendimiento. No es tan simple. Pero también podemos decir que sí, que posee esa facultad, la de cambiar algo. “La poesía es tener la convicción/de que transformando el lenguaje/ es posible transformar la realidad…” escribió Mirta Rosenberg. ¿Si es un analgésico elegante? En ocasiones, podría serlo.

PLUMAS
¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?
Su asesinato nos indigna, nos rebela la injusticia, eso tiene un peso cierto en nuestra admiración, es innegable, pero aquello que nos fascina de su hermosa obra no está supeditado a su asesinato, su obra tiene por sí misma un alto valor poético. ¿Hay alguna duda? Basta darse una vuelta por La casa de Bernarda Alba, o Yerma. De las dos he visto puestas en escena, de distintos países, y directores, hace muchos años, extraordinarias y formalmente audaces provocadas por la obra misma. La sensibilidad exquisita de Lorca es notable, la delicadeza del lenguaje, no he olvidado pasajes de su obra que leí en mi adolescencia, tan grabados quedaron en mí, así como las circunstancias de su muerte.
Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?
Dalí entre otros lo criticaron en ocasión de su romancero y él andaba preocupado por lo que llamó su “mito de gitanería”, entiendo que por eso se vería como un costumbrista andaluz, también entiendo que existe un prejuicio acerca de los gitanos. Una pena. Y no me parece sobre valorado. ¿Qué les pasa con Lorca?
Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?
Los heterónimos son una creación, así procede un artista si quiere o lo necesita y no tiene por qué dar explicaciones.
Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?
Me pregunto si habría alguna diferencia. De todas formas se trata de una obra fragmentaria, singular, de gran valor.
Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?
No sé.
Si Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?
No le pregunto la edad a lxs poetas. Me gusta Rimbaud. Se agarró piojos.
El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?
Preferiría no tener que leer a Bukowski.
¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?
No sé, pero no creo que a sus muchísimxs lectorxs les quite el sueño hacerse esa pregunta
Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping? ¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?
Entre otros libros, heredé de la biblioteca de estudiante de mi mamá Las flores del mal y me acompaña su lectura, a la que leo en perspectiva, fueron escritos hace ciento setenta años. Por otra parte, reconozco que no soy objetiva, me detengo en sus poemas mejores y no encuentro por ningún lado al viejo verde profesional, me resisto a hacer esa crítica a Baudelaire. Decir “la poesía contemporánea” es una generalización con la que no estoy de acuerdo, toda la poesía es un vasto mundo. Hecha esa aclaración, y sí, acuerdo con ustedes: existe la poesía mala.

CONFESIONES DEL ESTRIBO
Un libro… El hada que no invitaron, Estela Figueroa.
Un amante famoso… Vadinho.
Una ciudad… Río de Janeiro.
Una película… Fargo.
Una canción… Suspicious minds de Elvis Presley.
Un álbum… Abbey road.
Una delicia… una naranja
Un personaje literario… Odradek.
Una frase… Preferiría no hacerlo.
Un poema…el 1129 de Emily Dickinson.



