Orlando Valdez: “Me siento identificado con el personaje de la novela El proceso de Franz Kafka (Josef K), con el que mantengo encuentros y desencuentros”.

Camorreros & Irreverentes – Reportaje en serie a poetas #5

Quinta entrega de Camorreros & Irreverentes para Sonámbula. Orlando Valdez, nacido en Provincia de Buenos Aires y rosarino por adopción nos comenta dónde anida lo poético sin considerarse poeta pero sí un buscador de palabras.

Por Hernán Casabella

Orlando Valdez nació en Ramallo (1961) provincia de Buenos Aires, vivió en San Nicolás de 1961 a 1985 y desde 1986 vive en Rosario. Ha publicado los libros de poemas: El hondo silencio de toda locura (2001), El mezquino trazo del acto (2012), La cobardía feroz del silencio (2007/2017), La insólita simetría (2019), Setenta veces siete más de tres veces (2019) y Zedlav (2020).

Su obra ha sido publicada en Poesía Argentina del Siglo XXI; en Antologías y en revistas de poesía nacionales e internacionales. Ha participado en mesas de lectura en los festivales internacionales de Chile (2005), Cuba (2014), México (2017), Maracaibo – virtual Ciberoráculo (2025) y en Argentina a nivel internacional, nacional y provincial.

POESÍA Y LITERATURA

¿Dónde está lo poético?

Afuera. En la calle. En eso que al sentirlo, uno se emociona y lagrimea.

¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?

Mis poemas son partecitas de lo uno y de lo otro que subyace. Veces en que predomina lo subliminal. Una pelea donde por lo general salgo bastante herido.

Tus poemas preferidos son…

Los que te hacen detener, esos en que cuando uno los lee aparecen disonancias. Entonces comprendo que hay que releer hasta encontrar quiebres que le son propios. Y eso ya deja de pertenecer al lenguaje por más que se haya esforzado tanto con sus signos.

¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?

No soy poeta. Creo ser un buscador de palabras moviéndome dentro de un proceso reescriturario entre las interlineas de la intertextualidad enfrentándome con el lenguaje. Poeta son los otros.

¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?

Desconozco. Pero lo que por poesía actual han establecido solo es un apenas que acaba al final del día y que lean a otros escritores es de una rareza tan manifiesta que con muy poco se nota mucho.

RELEVO DE PRUEBAS

Tu última mentira…

Es la próxima.

¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?

Que me sorprende la capacidad de rebuscarse para ocupar espacios.

Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?

Es Rimbaud. Todo un símbolo. Un relevo.

Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria? 

“porque tuyo es el canto natural todo su dolor”. Porque el canto y el dolor aparecen inseparables, sin sentimentalismo y sin explicación terminando en una verdad poética, no en una conclusión. Cuando ya no son del poema sino de todo aquel que en ellos se emocione.

Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?

Se necesitan.

LEO, LUEGO ESCRIBO

¿Tenés alguna rutina al escribir?

No.

¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?

No.

¿La escritura puede aprenderse en un taller?

La escritura puede que sea. La poesía, no.

A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?

No solo que leo y releo todo libro que me hacen llegar sino que les hago una devolución. Valoro esa confianza y la generosidad. No puedo menos.

¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?

En mi caso, hasta el final. Un libro no se abandona. Creo que no hay libro que no esté dándonos algo. Siempre nos dicen. Y en eso como en muchos otros temas no coincido con Borges, si bien lo leo siempre.

GUSTOS

¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?

No fue por gusto sino por identidad. Fue cuando no podía seguir viviendo como venía haciéndolo. Por esos momentos yo estaba a siete materias para terminar la carrera de abogacía y decidí abandonarla para dedicar el poco tiempo libre a buscarme. Si seguía estudiando abogacía nunca hubiese escrito un puto poema. Elegí buscar entre las palabras, a ser: un buen abogado.

¿Cuál fue el primer libro que leíste?

Un librito de bolsillo que tenía aforismos. Fue por recomendación de Susana la dueña de El Buen Libro en San Nicolás. Dijo que era mejor empezar por ahí. Y tuvo razón.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Poesía. Es lo que más leo.

¿A quién releés periódicamente?

A Borges. Porque de él aprendí eso.

¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?

No tengo preferencias. Disfruto de: Esteban Echeverría/José Hernández/Leopoldo Lugones/Almafuerte/Baldomero Fernández Moreno/Oliverio Girondo/Jorge Luis Borges/Alfonsina Storni/Juan L. Ortiz/Olga Orozco/Alejandra Pizarnik/Roberto Juarroz/Juan Gelman/Francisco Madariaga/Hugo Mujica/Diana Bellessi/Tamara Kamenszain. Cada uno abrió un camino distinto: la poesía metafísica, la vanguardia, el lirismo, la poesía del silencio, la exploración del lenguaje o el compromiso con la historia.

¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?

Me siento identificado con el personaje de la novela El proceso de Franz Kafka (Josef K), con el que mantengo encuentros y desencuentros.

VUELOS

¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?

Escribo para mí y para ese que como yo alguna vez buscaba identidad.

En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?

 Ernesto “Che” Guevara era un lector constante y que solía llevar libros y cuadernos durante sus viajes y campañas guerrilleras.

Durante su viaje por América Latina en motocicleta llevaba un diario, que más tarde daría origen a Diarios de motocicleta.

En la guerrilla de la Sierra Maestra (Cuba) continuó escribiendo notas, diarios y reflexiones, además de leer cuando las circunstancias lo permitían.

En sus campañas en el Congo y Bolivia mantuvo diarios de campaña, hoy publicados como Pasajes de la guerra revolucionaria, El diario del Congo y El diario del Che en Bolivia.

Sus compañeros recuerdan que cargaba libros incluso en condiciones muy difíciles. Le interesaban la literatura, la filosofía, la economía, la historia y la teoría política.

Entre los autores que leyó o admiró figuran Pablo Neruda, Walt Whitman, José Martí, Miguel de Cervantes, Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, Sigmund Freud y Jack London, entre muchos otros.

Esa imagen del “Che” caminando con un fusil y, al mismo tiempo, con libros y cuadernos, no es un mito sin fundamento: forma parte de numerosos testimonios de quienes lo conocieron y de sus propios escritos. Para él, la lectura y la escritura eran una práctica cotidiana, incluso en medio de la guerra.

¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?

La poesía dejó de estar ligada a la clase intelectual. Creo que la clase trabajadora lee mucho más. Porque la poesía libera. La persona deja de existir solamente y pasa a ser con su consecuente acción.

PLUMAS

¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final? 

La biografía trágica explica la difusión del nombre de Lorca. La calidad de su obra que ese nombre siga vivo. Y Poeta en Nueva York explica por qué continúa dialogando con lectores del siglo XXI.

Nadie mata tanta belleza, es un poema inédito que escribí en homenaje a Lorca.

No dialogo con el mártir únicamente sino con el poeta que hizo del lenguaje un territorio de riesgo. Esa me parece una lectura más fértil que la del simple ícono trágico. Lo dejo para quien lo quiera leer.

Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?

La grandeza de Lorca depende de su obra. Si hubiera vivido hasta los años setenta y hubiese escrito libros comparables en intensidad a Poeta en Nueva York, quizá hoy no hablaríamos tanto del “duende”. Tal vez hablaríamos del “último Lorca”, como hablamos del “último Neruda” o del “último Borges”. Eso no lo habría hecho menor; simplemente, lo habría hecho menos legendario y más histórico.

Quiero decir que su obra desborda lo que por costumbrista otro pretenda comprender; mucho más para aquel que lo suponga sobrevalorado.

Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?

“Las dos cosas” dijera el Chavo del ocho.

Muchos escritores intentan construir una voz inconfundible, Pessoa edificó una obra demostrando que una sola voz no siempre basta para decir toda una vida. “Ser uno es cárcel.”

Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?

 Quizá el verdadero drama no sea que Soares nunca se atrevió a cruzar la líne.

Hay líneas que no desaparecen aunque uno las cruce. O sea que para mí existe la imposibilidad de separar lo uno de lo otro, tan solo por lo simple que resulta todo cuando lo excepcional ocurre.

Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?

Fue una decisión profundamente humana: uno que descubrió que el hombre que quería ser ya no coincidía con el poeta que había sido. Alguien que ya no tenía nada más que decirse ni decirnos.

Si Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?

La edad modifica el marco interpretativo, pero no sustituye lo estético. Una obra puede adquirir significados distintos; lo que no puede hacer la biografía es crear, por sí sola, una obra de esa intensidad.

El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?

Creo que hoy conviven las dos lecturas. Habrá quienes quieran el cliché y hasta lo copiarán por mucho más tiempo pero no pasará lo mismo con su voz rupturista de ritmo de economía verbal de humor negro para convertir una escena mínima en una observación sobre la condición humana.

¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?

Bukowski estuvo en ambos lugares. Me quedo con la fragilidad humana. Tuvo desde niño una historia familiar muy complicada.

Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping?

El riesgo de toda voz poderosa es que sus imitadores transformen una necesidad expresiva en un estilo decorativo. Por eso creo que el azufre no desapareció de Las flores del mal; lo que cambió fue nuestro olfato.

La cultura contemporánea ha desarrollado una enorme capacidad para domesticar aquello que antes la escandalizaba pero cuando un libro deja de incomodar por sus temas, todavía puede incomodar por su verdad.

¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?

Pizarnik transformó el sufrimiento en una exploración radical del lenguaje. Soy de preguntarme a veces qué necesidad la obligó a escribir así. Entonces el dolor deja de ser una pose para convertirse en un abismo.

CONFESIONES DEL ESTRIBO

Un libro… El proceso de FK

Un amante famoso… Juliette Binoche

Una ciudad… Rosario

Una película… Cumbre Borrascosas

Una canción… En el claro de la luna, Silvio Rodríguez

Un álbum… Oktubre, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Una delicia… Una Charla

Un personaje literario… Me siento identificado con el personaje de la novela El proceso de Franz Kafka (Josef K), con el que mantengo encuentros y desencuentros.

Una frase… “Si las desigualdades sociales de los humanos no son una causa natural, seamos conscientes de nuestra infamia». Charles Darwin

Un poema… Confianzas. Juan Gelman.

2 poemas/tapas de libros

AMO Y SOY AMOR – Libro: El mezquino trazo del acto

amo y el amor

tal vez sea mujer

inasible

con tormentas

como olas

y a la vez silvestre

aroma de flores

con mucho color

como nunca todavía

amo y soy amor

salvaje animal

de la llanura

que habita solitario

modificándose

como la violenta

y súbita gravedad

de un soplo

que dio vida que mata ahora

 

A DOS CALLES  Libro: zedlav 

ahora como en aquellos días en que sólo podía mirarla

a dos calles de un barrio

que para mí era como extranjero

y de mis sueños ella más más

siempre más a través del silencio

y de mis palabras que volverían

a cambiar

mientras la inventara

a oscuras

cuando la borraba de los espejos

las madrugadas en que no había ganzúas y a la vez ella y feliz

tan cerca del final con la felicidad

otra vez en el fondo de lo que hube sido y que negué allí ahí

y ahora que de nuevo regresa

des/ armándome