Alan La Veglia: “Escribo porque escribo. Porque el canto es una forma de reafirmar la existencia. Porque me hace, verdaderamente, feliz.”
Camorreros & Irreverentes
Reportaje en serie a poetas
Por Hernán Casabella
Alan La Veglia
Nació en 2001, en San Miguel del Monte. Es profesor de historia y escritor.
Ha publicado los libros de poesía Las XXXIII Cruces (2020), El pasto muerto cría luciérnagas (En danza, 2021) y el libro de ensayo Canción triste para un asteroide (2026)
Integra las antologías Jardín (Camalote), Niñez (Camalote), Libre (Camalote), GPS (Flor de ave), entre otras.
Ha sido uno de los ganadores de la convocatoria Poesía ya! 2022, organizada por el Centro Cultural Néstor Kirchner. En 2023 participó del XVI Festival Internacional de Poesía, en la Feria del libro, y del Primer Festival de Poesía Bonaerense, en La Plata; en 2024, del Festival Intergaláctico de Escritores, en San Miguel de Tucumán.
POESÍA Y LITERATURA
¿Dónde está lo poético?
En la belleza. En ciertos amaneceres. En el cuerpo del deseo. En muchas páginas. Ya si hablamos de la fuerza que encierra la poesía, en lugares más extraños, esquivos, lucífugos; en el destello que nos deslocaliza, en la niebla que muestra ocultando.
¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
No me puedo quejar, de lunes a jueves duermo bien. Aquellas escasas veces que me visita el insomnio, lo invito a mirar películas dramáticas y, en alguna ocasión, nos sentamos y escribimos algún poemita cursi sobre amantes, noches, y animales sagrados. Ahora sólo me quedan los vicios. Los hermosos vicios.
Tus poemas preferidos son…
Los sutiles. Aquellos que se llenan de silencio. Aquellos cuyo contacto revelan desnudando. Tengo una gran debilidad por el Kokin Wakashū, por ciertos poetas de la dinastía Tang, por la tibia luz del haiku; por algunos poemas de Juan Manuel Inchauspe, de Juan L. Ortiz, de Charles Wright.
Hay algo en esa simplicidad que me resulta infinito. Es el gesto de encender un pequeño fuego en la primera noche del mundo. Con inocencia. Con devoción. Son la muestra de que lo sagrado también desborda en lo que parece insignificante.
¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?
De poeta no, sería tragicómico, pero el lenguaje me ha dado alguna que otra mano.
¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?
Siento que es difícil que un poeta sea leído por otros que no escriban poesía. Fuera de eso, no, no creo que sea así.

RELEVO DE PRUEBAS
Tu última mentira…
“Nunca te mentiría con algo así”.
¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?
Maravillosa. Con escritores sólidos, únicos, extraños. Elena Anníbali, Natalia Litvinova, Danel Lipara, Diego Muzzio, Alejandra Kamiya, Dolores Etchecopar, Gabriela Franco, etc., etc. Estamos llenos de autores y libros hermosos.
Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?
Lorca lleva en brazos a Rimbaud. Es una noche calurosa y cerrada. Huele a jazmines a punto de morir y a pólvora. Toda la noche está a punto de llover. Toda la noche una serpiente de oro se desliza entre botellas vacías.
Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?
Las ruinas circulares, de Borges: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba…”
Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
Se compran, se regalan (nunca se prestan), cada seis meses está permitido robar algún título hermoso. Si perdemos un libro es porque nos afanaron, no hay de otra.
LEO, LUEGO ESCRIBO
¿Tenés alguna rutina al escribir?
Escribo poco. Y, como desde hace tres años estoy dedicándome casi exclusivamente al ensayo, el proceso es diferente a cuando estaba obsesionado con la poesía. Leo, leo mucho, subrayo, escucho música, camino, bebo vino, quizá demasiado vino, y escribo, ¿por qué no?, alguna que otra palabra.
¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
Una moneda que encontramos con mi abuelo en el patio de la infancia, cuya fecha data del año 1893.
¿La escritura puede aprenderse en un taller?
La escritura puede aprenderse en un taller. Totalmente. En mi caso fue esencial. Le debo mucho a Javier Galarza.
A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?
Leo mucho a mis contemporáneos. Me parece muy nutritivo. Y en estos últimos años me resultan un bálsamo, una forma de desconectarme de las lecturas más pesadas. No todos los días uno quiere leer a Plinio el viejo o las Upanishad.
¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?
Alguno que otro hay que abandonar. Es una cuestión de salud.
Y, por supuesto, también hay que darle otra oportunidad a esos libros que dejamos tirados.
GUSTOS
¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
Cuando tenía unos trece años. A esa edad escuchaba mucho rap. Estaba fascinado con el lenguaje que usaban.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. ¿O fue La divina comedia? No, no creo.
¿Qué estás leyendo actualmente?
El ojo de Goliat, de Muzzio.
Lo raro y lo espeluznante, de Mark Fisher.
Los días del fuego, de Liliana Bodoc.
A quién releés periódicamente?
Roberto Calasso, Maillard, Carson, Quignard, Kavafis.
Las metamorfosis, de Ovidio. Trabajar cansa, de Pavese.
El ritual de la serpiente, de Warburg. Curva de remanso, de Anníbali.
Los poemas del Kokin Wakashū.
Y algunas páginas de Rudolf Otto y Roger Callois.
Se han vuelto una fuente inagotable de descubrimientos.
¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
Dibaxu, de Juan Gelman.
Zama, de Di Bennedetto.
Curva de Remanso, de Anníbali.
Estrella de la mañana, de Fijman.
Final del juego, de Cortazar.
¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
Richie Tozier, de It, de Stephen King.
VUELOS
¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?
Escribo porque escribo. Porque el canto es una forma de reafirmar la existencia. Porque me hace, verdaderamente, feliz.
En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?
Sirve porque la vida, la naturaleza, lo sagrado siguen operando sobre lo físico. Porque alguien tiene que hacerlo. Porque la vida desborda diciéndonos vida, a pesar del dolor, de los abandonos, a pesar de la larguísima resaca y el gusto a hiel en la boca.
¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?
La poesía lo cambia todo. En un mundo donde dios ha muerto y donde las palabras de regreso se perdieron, ¿no es hermoso entonar una canción inútil, una especie de rezo, una oración de lluvias, para nadie? Lo hermoso es escribir el poema. Que guste o no, es otra cosa.
Lo cambia todo porque el salto a la escritura es un acto de fe. Vértigo. Baile o lucha.
PLUMAS
¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?
Personalmente, nunca me impresionó el trabajo de Lorca en Poeta en Nueva York. En cambio, la vida, el erotismo, la sombra, que tiemblan en los Sonetos del amor oscuro y en el Romancero Gitano, son únicos.
Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?
Seguiríamos hablando del duende. Hay tanta pasión, tanta sangre, tanta noche enamorada, en su palabra, que lo vuelven inolvidable. Yo no puedo hablar de mi escritura sin mencionarlo. Amo su música. Su drama. Su temblor de hojas quebradizas.
Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?
Nunca entendí la gracia ni la gran diferencia entre sus heterónimos. Más allá de eso, hay cosas de Pessoa que me gustan, su Libro del desasosiego, es esencial para cualquiera que ame la literatura.
Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?
Ambas. Es un libro de filosofía, es un diario, es un libro para la mesita de luz, una especie de hermoso y triste compañero.
Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?
Sin duda toda su figura es radical. Tiene una mirada profética, violenta. En sus manos todavía quedan cenizas de paraíso.
(También es verdad que era imposible no aburrirse de los dramas que tenían con Verlaine, con un amante así, ¿quién no preferiría traficar armas y sacar unos buenos pesos?)
Si Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?
El hecho de que lo haya escrito un chico de veinte años le agrega muchísima mística, pero eso no quita que sea un libro que porta con una luminosa ferocidad. Es hermoso, aterrador, como un dios muerto en el bosque. Rimbaud, tanto en su palabra como en su silencio, tanto en su escritura como en su personaje, queman, arden revelando. Es un animal antiguo y nuevo. Es la tensión de la cuerda del arco antes de lanzar la flecha, el vértigo antes de lo irremediable.
El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?
Bukowski tiene poemas geniales. Pero la mayoría de lo que escribió me aburre. Algunos poemas, incluso, me desagradan.
Por suerte cuando descubrí a Bukowski ya la cerveza me había cansado.
¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?
Un poco y un poco.
Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping?
Las flores del mal siempre van a ser un parteaguas en la historia de la literatura. Baudelaire se mueve por zonas donde otros no llegan. Cuando se lo intenta atrapar, huye entre sombras. Es la potencia de lo nuevo. Una línea de Baudelaire puede llegar a quemar, impregnando su huella, su imagen en la memoria. El perfume que emanan sus flores devora la materia mental a su paso. Una noche cualquiera reaparecen sus palabras como el recuerdo de una amante que habíamos olvidado.
¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?
No veo mal que se tome como referente a una poeta de la talla de Pizarnik. Su escritura es impactante. Tiene la capacidad de sellar la violencia del destello en pocas palabras. Unas líneas le bastan para demolernos.
Obvio que en ese afán de imitarla se han escrito y se seguirán escribiendo poemas bastante malos (y otros muy buenos). Al fin y al cabo, la copia y el robo, son una forma muy válida de escritura (Pizarnik estaría de acuerdo con esto).
CONFESIONES DEL ESTRIBO
Un libro… El desierto de los Tártaros, de Dino Buzzati.
Un amante famoso… Nicole Kidman.
Una ciudad… Buenos Aires.
Una película… Magnolia, de Paul Thomas Anderson.
Una canción… Pecado, de Caetano Veloso.
Un álbum… La lengua popular, de Calamaro.
Una delicia… El sexo, la buena comida, el negroni, el pinot noir, el olor de los jazmines paraguayos, la música (siempre), las charlas trasnochadas.
Un personaje literario… Antígona
Una frase… “Quien te quita lo bailado”
Un poema…
“En monte de Ogura
al llegar el crepúsculo
la voz ya débil
del ciervo en brama se oye.
Tarde de otoño”
Ki no Tsurayuki (Traducción de Carlos Rubio)
DOS POEMAS DE ALAN LA VEGLIA
1
En el invierno de 2011
disparé, por primera vez,
un arma. Un viejo Colt
que guardábamos
en la cajuela del Renault.
Desde el estanque
los gansos ascendían
espectrales y hermosos, al amanecer.
Agradecí
la brutalidad de sus corazones,
el aceite de mi lámpara
que moría en el pasto,
el agua imantada de niebla.
Todo animal es un santuario, dijiste
y colocaste el revólver en mis manos
para que conozca
los huesos del milagro.
2
Estas ramas, humedecidas por el rocío de enero,
no poseen, todavía, la belleza de aquella madrugada
en que nuestros cuerpos, oscuros
como un río imantado de luciérnagas
se consumieron, tres o cuatro veces
hasta aquietarse,
dormidos
en una pequeña cama.



