Claudia Sobico: “El cuerpo es un terreno de disputa, como la cama, la casa y la calle”

Entrevista por Jorge Hardmeier – Fotos: @juanalaire

Jorge Hardmeier entrevistó a Claudia Sobico por la publicación de su más reciente nouvelle, Tiene memoria un cuerpo, una suerte de narrativa poemática desde la que aborda las memorias de diversas cartografías, espacios, lugares y paisajes urbanos. Los diversos cuerpos, el propio incluido, son una geología a recorrer y a investigar, como la ciudad, los diversos ámbitos y los afectos.

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Nos encontramos con Claudia Sobico para hablar de su nuevo trabajo. Luego de su novela La Grafa (Alto Pogo, 2015) y de su poemario Venus en acuario (Editorial Kintsugi, 2016), la escritora nos sorprende con una nouvelle titulada Tiene memoria un cuerpo (Salta el Pez Ediciones, 2025), un texto de memorias, espacios, lugares y paisajes urbanos, un indagación de ciertas cartografías, a partir de lo que podríamos definir como una narrativa poemática.

-¿Qué significación adquieren en Tiene memoria un cuerpo la casa, la memoria y el cuerpo?

-El cuerpo es el primer espacio que habitamos, el único supuestamente propio, pero no. El cuerpo es un terreno de disputa, como la cama, la casa y la calle. Espacios que ocupamos, transitamos, que se conquistan, se arrasan, que evidencian poder, por los que se proclaman derechos. La protagonista piensa esos espacios, los explora. Cuánto podríamos desplegar acerca de teorías de clase y teorías feministas al respecto… Sobre lo qué implica tener o no tener una casa donde reposar el cuerpo.

-Y, por otra parte, el significado del epígrafe de Woolf y Un cuarto propio

-Virginia Woolf hace referencia a la cantidad de libros escritos por varones y cuántos de esos libros son acerca de las mujeres. Nos advierte de cuánto nos estamos perdiendo. Si, como dicen por ahí, la belleza está en el ojo observador, porqué perdernos la escritura de las mujeres acerca de los varones. ¡Cuánta belleza nos estamos negando! La protagonista hace un gran trabajo de observación. Ella observa sus cuerpos, sus inseguridades, sus miedos, la inocencia, la necesidad de ser amados, sus ganas de ser padres, sus micromachismos. Esas cuestiones invisibles de tan macro, esas que necesitamos pensar y de las que necesitamos también reírnos. Hay poetas maravillosas que me enseñaron a descubrir la belleza de los varones. Alda Merini: “Si ves a mi hombre tiéndete dulcemente a su lado, es un hombre que sabe amar”. El libro de María del Carmen Colombo, La familia China, bellísimo. ¡Qué cosa tan grande subrayar la belleza de tu hombre! Por otro lado, Virginia Woolf invita a las escritoras a completar un discurso: ¿y si narramos a una mujer con ojo de mujer? En nuestra literatura, los personajes femeninos más reconocidos están escritos por hombres: Emma Zunz, Beatriz Viterbo, La Maga. Poco sabemos de ellas, más allá de las innumerables cavilaciones que sucitan en el mundo de esos varones. Por suerte ya tenemos a la China Iron

-¿Útero? Cito: Un útero fértil que no destile dolor…

-No había pensado en esta frase. La protagonista recuerda a su madre, sus hombres y su maternidad. Hay una herida ahí, en esa crianza que tantas madres realizan a solas, en el estado físico, anímico y mental que se pueda. La mamá se queda, como esté, no hay tiempo para elucubraciones filosóficas sobre la existencia, todo sucede al mismo tiempo, el dolor, el deseo, la crianza. Los niños y las niñas son testigos. Creo que en toda maternidad hay heridas. La protagonista hace una búsqueda. Un pedirle permiso a las ancestras, que nos permitan dejar el dolor atrás, que nos acompañen, que podamos iluminarnos de algo más lindo por venir.

-Hay una memoria también de espacios, lugares, pasajes urbanos, ¿cómo juega ahí la novela?

-La memoria de los espacios se relaciona con el deambular de la protagonista por el espacio público: la calle. En la calle la protagonista encuentra hombres, los ama, los escucha, de ellos aprende.

-Madre y casa. Madre y cuerpo. A mamá la música le llevaba el cuerpo a otro lado.

-Cuando estaba terminando el profesorado de inglés, uno de mis más queridos profesores, Daniel Reznik, nos recomendó leer un libro de una escritora inglesa llamada Nancy Friday. El libro es My mother, myself. Lamentablemente fue catalogado como de autoayuda, pero lo recomiendo. Nancy hace un recorrido de casos de mujeres y sus madres. Recuerdo una conclusión de Nancy donde lamentaba que las hijas no tuviéramos la oportunidad de conocer a nuestras madres antes de convertirse en madres. Ella decía algo más o menos así: si amás y cuidás a tus hijas, les enseñas a amar y cuidar a sus hijas. Si, en cambio, amás y cuidás de vos misma, ellas van a aprender a amarse y cuidarse a sí mismas. La protagonista aprende de su madre a cerrar la puerta con llave, con una sola vuelta, para proteger un adentro donde poder ser, disponer las sillas para bailar y desplegar.

-El cuerpo como el cuarto propio. A la sinceridad de su cuerpo voy a llegar como se llega a una casa.

-La sinceridad de un cuerpo es ese instante de puro presente. La protagonista ve y vive el sexo de una manera que no siempre reconoce en sus amantes.

-La memoria del cuerpo, sobre todo en las piernas, es la memoria de mis piernas… Sin dudas, es un tema a desarrollar, ¿alguna otra memoria que recorra la novela?

-Las piernas son el motor, el movimiento del cuerpo, el medio por el cual se llega a la experiencia del cuerpo, como una necesidad del mundo. Otras memorias a explorar: los legados, los mandatos familiares, esos que se podan en otoño.

-Mamá decía que su problema de corazón era tener una pierna más corta. Cito.

-Esa referencia es una de las pocas a mi madre real. Ella tiene un problema cardíaco y usa esa metáfora. Creo que es su manera de aceptar esa condición de su cuerpo. Me parece que hay cierta sabiduría en esa aceptación del propio límite, en ese reconocerse. Hay algo entre esa madre y esa hija que se configura a partir de la enfermedad. Conservo la necesidad de curar heridas, dice la protagonista. Un impulso por darle a sus seres amados lo que anhelan, lo que necesitan.  Brindarles siempre cierta preponderancia o rol principal, aunque signifique disolverse.

-Asociación: memoria y dilataciones.

-Dilatar es extender o agrandar una cosa en el tiempo o el espacio. La espera, la distancia, las ganas actúan contrayendo y dilatando la materia a su antojo. Los cuerpos se dilatan cuando se unen tiempo y espacio, puro presente.

-Memoria, palabras y lenguaje. Decimos palabras que no recuerdo.

-A veces no importan las palabras en sí mismas, sino el acto de enunciación. Y lo que subyace, lo no dicho, eso que se escapa de la trama. ¿Por qué esos dos no se hacen reclamos? ¿Por qué la protagonista no puede pronunciar su nombre? ¿Dónde están las escenas de celos? ¿Qué dicen los silencios? ¿Qué otorgan?

-Hicimos de estos cuerpos nuestra casa. Remate, Claudia Sobico.

-¿Qué más se le puede pedir al amor que la construcción de una casa propia erigida por los cuerpos desnudos a puro sexo? ¿Hay algo más bello, más real que eso? La honestidad en la cama es un lugar al que sólo llegan, de la mano, los y las grandes amantes.