El sonido y la furia
Por Marcelo Simonetti
Marcelo Simonetti amplía los horizontes de la Nickcaveología buscando las conexiones entre el músico (y escritor) autraliano y el gótico sureño. Y encuentra eventos biográficos, paisajes existenciales y técnicas narrativas que lo hermanan con William Faulkner. Wangaratta meets Yoknapatawpha.
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¿Cuántas veces leímos que existe una conexión entre Nick Cave y el gótico sureño? Es algo que se da por sentado, pero que nunca se profundiza. Se dice: porque leyó a Faulkner. Como si eso explicara todo. Por las referencias religiosas. Y listo. Y la verdad es que es un tópico inexplorado que aparece como por demás interesante para abonar a la Nickcaveología.
En principio, hay ciertas condiciones familiares y del ambiente en los que Nick crece como para propiciar su interés por la literatura en general y el gótico sureño en particular. Nace en una ciudad australiana pequeña, llamada Wangaratta. Se trata de un centro urbano y comercial rodeado de zonas rurales, en el que se comercian las mercancías producidas en el campo. Es una zona montañosa, que mantiene la presencia indígena durante buena parte del siglo XX, mientras conserva sus resabios del colonialismo británico. Como se podrá constatar, todas estas características también son una constante en el imaginario del gótico sureño y, más en general, de la cultura y la sociedad del sur estadounidense.
La cosa se pone más interesante si agregamos que Colin Cave, el padre del músico, era un profesor de matemática y literatura inglesa. Con los años, se convirtió él mismo en escritor, ampliando su actividad intelectual a editor, para luego desempeñarse como director del Consejo de Educación para Adultos del Estado de Victoria. En 1971 recibió el premio al ciudadano del año en su ciudad. Era un tipo recto, serio, y su religión anglicana impregnaba todos los aspectos de su vida. El único punto de contacto que su hijo reconoce en su padre, fue la literatura. Colin muere repentinamente en un accidente de auto cuando Nick tenía 19 años.
Su madre, Dawn, también tuvo una vida ligada a literatura. Es bibliotecaria. Y también es anglicana, aunque es menos rígida que su marido, y más orientada a las artes. Esto, y la incontenible rabia y permanente indisciplina del hijo, llevan al matrimonio a anotarlo en una escuela de arte en Melbourne, a tres horas de distancia de su hogar. La madre y la abuela de Faulkner también tuvieron un vínculo muy fuerte con la Iglesia y con la literatura y contribuyeron a impregnar en William su amor por los libros. Y también lo pusieron en contacto con la presencia de la religión en la vida diaria.
Todos estos ingredientes forman un cóctel explosivo. Nick no desprecia ninguno y los usa a su manera. Quizás para abrazar a su padre y a la vez discutir con él, encuentra en el gótico sureño su canal de expresión. La presencia religiosa es una constante en el subgénero. Pero no como redención sino como fuente de corrupción, como sinónimo de lucha entre el bien y el mal, como grotesco o como un conjunto de supersticiones, y muchas veces la presencia de dios en los textos es más cercana a la crueldad y a la destrucción que a la misericordia y a la redención. Nick Cave fue introducido a la Biblia por sus padres, y muchas veces mencionó al vengativo y terrorífico dios del Viejo Testamento como una influencia determinante en su creación artística. De este modo, sin negar a su padre y partiendo de su fe y sus enseñanzas, las tuerce para llevarlas hasta el final y enfrentarse a él.
También el escenario en el que transcurren las historias ancladas en este subgénero literario es muy similar al que enmarca las historias de Cave (que también es el escenario más común en Wangaratta).
Si bien las influencias de Flannerty O’Connor y Faulkner se dejan ver desde sus primeros textos, es en The FirstBorn Is Dead que comienza a abrir la canilla y a liberar todo lo que bebió del género. Especialmente en “Tupelo”, que está inspirada en el tema homónimo de John Lee Hooker. Tupelo es una ciudad real, del Mississippi estadounidense. Que es el lugar donde se sitúan las novelas del gótico sureño, se trate de pueblos reales o imaginarios. Y es el lugar donde vivió Faulkner. Cave narra en la canción, con la voz de un predicador maldito, la catástrofe de una tormenta e inundación, con todas las consecuencias imaginables, pidiendo por un salvador que redima a la población del sufrimiento. El sorpresivo giro de la historia es que el australiano configura en su relato un emparde entre Jesucristo y Elvis Presley, quien fue oriundo de esta ciudad. El tono bíblico del relato no puede de ningún modo ignorarse. Y no solo el paralelo puede hacerse con la Biblia, ya que una de las obras clásicas de Faulkner incluye una inundación de las mismas características. Hablo de Mientras agonizo. Es imposible leer uno sin pensar en otro. Escuchar la canción y no pensar en el Diluvio Universal o la novela. Y claro está, la presencia de un dios duro y castigador, es una constante en este subgénero. Los intertextos más recurrentes en la obra del estadounidense son la Biblia, la obra de Shakespeare y las tragedias griegas. Elementos que también constituyen los intertextos más recurrentes de Cave (aparte del propio Faulkner).
La mente obsesiva y genial de Faulkner diseñó un condado imaginario llamado Yoknapatawpha, incluyendo un mapa detallado del mismo. Allí suceden las historias narradas por él, y escenarios y personajes de una novela aparecen una y otra vez en otras y moldean un perfil y un carácter a través de toda su obra. Familias enteras como los Bundren, los Comspon, los McCaslin, los Snopes, los Sutpen, son desarrollados a través de las más de seis mil páginas escritas por el americano en toda su producción narrativa. Por ejemplo, la historia de los Compson se desarrolla en El sonido y la furia. Pero su final, aparece apenas como un ingrediente más en La mansión, texto treinta años posterior, donde se desarrolla la historia de los Snopes. De este modo, Faulkner completa no solo novelas, sino todo un universo imaginario de carácter atroz, violento, triste y decadente.
En el caso de Cave, nos queda la sensación de que todos los hechos por él relatados suceden en el mismo lugar, con las mismas características de los pueblos donde suceden las novelas. Y también ciertos personajes de las historias escritas por el australiano aparecen en distintas canciones, generando la misma impresión de estar en la presencia no de una canción o de un disco, sino de todo un universo creativo interconectado. Varias obras integradas que constituyen una sola gran obra. En el caso del músico, suele recurrir a hechos y a escenarios reales donde suceden historias ficticias que también están impregnadas de violencia, tristeza y decadencia. En la canción que le da nombre a su último disco, “Wild God” (2024), un dios que había pasado mucho tiempo de vacaciones vuelve al mundo a reclamarle a sus hijos que lo adoren y se encuentra con que sus hijos viven un calvario y su mundo es un desastre (pero sigue exigiendo adoración). Una de las personas que el “dios salvaje” va a visitar es una “chica de la Jubilee Street”. La misma chica era la protagonista de otra canción, “Jubilee Street”, uno de los puntos más altos de Push The Sky Away, disco del 2013. Y a su vez, Cave se introduce a sí mismo en la ficción en otra canción que se llama “Finishing Jubilee Street”, donde después de escribir la canción mencionada, se queda dormido y sueña con la clásica mujer de largo pelo negro que aparece también a lo largo de toda la obra del australiano. En este caso, es el fantasma de Mary Stanford, una mujer que existió y fue ejecutada en Londres en 1726, acusada de carterista.
Dicho esto, quizás el ejemplo por excelencia del nexo de Nick con el gótico sureño se encuentre en su salto de la música a la literatura y luego su vuelta a la música. The First Born Is Dead es el disco que contiene a “Tupelo”, con un recurrente contenido de imaginería bíblica de corte violento y vengativo. Es de 1985 y fue escrito durante 1984 en Alemania. En el Kreuzberg para ser más precisos. Con la edición del mismo, Cave se interna aún más en el género y comienza a escribir su primera novela. Tarda tres años en terminarla. And The Ass Saw The Angel (Y el asno vio al ángel) fue editada en 1989. Es una especie de “Tupelo”, pero de grandes proporciones. La acción se traslada a “Ukulore”, un poblado ficticio situado por supuesto en el sur estadounidense, en el “Death’s Valley, State of Mourning” (Valle de la Muerte, Estado de Luto). El título es una cita bíblica del “Libro de Los Números”. Allí, el adivino Balaam no ve al ángel del Señor, pero su asno sí. En el libro, Euchrid nace mudo, y de algún modo interpreta a ambos: Balaam y el Asno. Si en “Tupelo” el diluvio se lleva todo, en la novela el diluvio es una lluvia negra que dura tres años. Sus padres son seres descompuestos, marginales. Euchrid es un personaje tierno y a la vez un ser cruel y vengativo. Un personaje que pudo haber salido de cualquier historia de los clásicos del subgénero al que nos referimos, en el ecosistema favorito del mismo. Y que perfectamente pudo desarrollarse en Wangaratta, Australia. Es una novela que tiene todos los ingredientes del gótico sureño, y de hecho es el lugar asignado por el propio Cave y toda la crítica, que la recibió con palmas.
El primer retazo de su primer trabajo literario se encuentra en “The Mercy Seat”. La canción abre el disco Tender Prey de 1988, y en principio pudo ser el final que Nick encontró para Euchrid. Finalmente, vistió al protagonista de la canción con otras ropas. Pero toda la ambientación y la temática y los recursos de la misma siguen siendo los de la novela.
Un detalle que suele pasar inadvertido pero que abona en la construcción de un mundo caveano al estilo de Faulkner está en la madre de Euchrid. Su nombre es Jane Crowley, a quien su hijo odia. La mujer es una borracha perdida. También es conocida como “Crow Jane”. Sí, la historia de la madre del protagonista de la primera novela del australiano continúa en la canción “Crow Jane”, del disco Murder Ballads, de 1996. Ahí, Jane asesina a veinte trabajadores mineros que le quieren robar el whisky que contrabandea.
No sabemos si es deliberado o no, pero al igual que sucede con Faulkner, se encuentran variaciones en el desarrollo de la vida de los personajes a través de las distintas obras. En la novela, Crowley y su marido están vinculados a una refinería de azúcar, y no a una mina como en la canción. Y en la novela lo más probable es que su marido hubiera asesinado a los trabajadores, viniendo de una familia de asesinos seriales. En ella, su mujer es apenas alguien que lo único que hace es beber hasta la inconsciencia y atormentar a su hijo.
Antes de que este intento de atestiguar la enorme influencia del gran novelista americano con el artista multidisciplinario australiano se transforme en un mamotreto indigerible, tengo que mencionar la extraordinaria técnica que desarrolló Faulkner con la que escribió hasta una novela íntegra, y que también es una constante en Cave. Me refiero al “flujo de conciencia”. Mientras agonizo es una obra escrita a través de dicho recurso por 19 narradores distintos, incluido el mismo título de la novela. La primera novela escrita por Cave utiliza en gran medida la misma técnica. Y “The Mercy Seat”, canción ya mencionada, está escrita con el mismo recurso. Incluso todas sus últimas obras (salvo la última), están mayormente relatadas desde el fluyo de conciencia. Casi no hay hechos, sino solo pensamientos y voces internas relatando y cavilando lo que sucede alrededor, que ya no transcurren en el paisaje y la ambientación del gótico sureño sino en el lugar donde actualmente vive, Brighton. Pero las obsesiones, los intertextos, y la técnica siguen estando ahí.
Los invito a que vuelvan sobre los textos de Faulkner, o que les den la bienvenida a los mismos. Y que luego se zambullan en el universo caveano. De ambos es difícil salir. Pero les aseguro que saltar de uno al otro les va a resultar bastante sencillo.



