Rafael Urretabizkaya: “La poesía está en el mundo. Entre las personas, las herramientas, la naturaleza. A veces en el poema”.

Camorreros & Irreverentes

Reportaje en serie a poetas

Por Hernán Casabella

 

Rafael Rafa Urretabizkaya

Urretabizkaya por Rafa:

Soy Rafael Urretabizkaya y nací. Eso pasó en Dolores y justo el día de mi cumpleaños, un 8 de octubre de 1963. Vivo en el sur de la provincia de Neuquén desde los 20 años, hoy en Junín de los  Andes pero he andado por diferentes comunidades rurales. Ahí aprendí a jinetear caballo en pelo y a hipnotizar gallinas. También olvidé varias cosas pero ya no recuerdo cuáles eran.

Publiqué libros de cuentos, novelas, de poesía, obras para títeres, canciones junto a variados artistas.

Justo ayer aprendí que todo se compone de azar y necesidad. Sabía de hace un rato lo que dice Walsh que escribir es escuchar.

Libros recientes: “Romance del aljibe y la sed”, 2025; “El fulgor de Las Ovejas”, 2024”; “Chamacero erial”, 2023; “Don Hilario”, 2022; “Circo”, 2022; “La sirena de Chocón”, 2021; “En la ruina”, 2020; “Vairoleto pechito libertario”, 2019; “Informe sobre aves y otras cosas que vuelan”, 2018.

Integro antologías de poesía de Argentina, Italia, Chile, Alemania, Colombia, México.

El programa “Leer por leer” del Plan nacional de lectura de Argentina 2022.

La edición 2022 de “Las Abuelas nos cuentan”, por el derecho a la identidad de Abuelas de Plaza de Mayo y el portal Educar.

Desde 2025 junto a Carlos Tata Cedrón el espectáculo poético musical “Naides es más que naides” Hasta Trilce Buenos Aires y otras salas.

POESÍA Y LITERATURA

¿Dónde está lo poético?

En los detalles.

¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?

 Mis mejores horas para escribir son las de la mañana. Si me despierto de noche por ahí leo un rato. A veces entre sueños creo que anda una idea increíble, la anoto y al otro día me parece una huevada inmensa. En paz con los vicios salvo que el dulce de leche cuente.

 Tus poemas preferidos son…

 Los que utilizan cualquier tema del mundo para espiar adentro de nosotros.

¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?

 Lo intenté con mi vecina Leticia aunque dejaba mucha evidencia y el hermano me podía reventar a piñas. O sea desde siempre me jugué la vida con todo tipo de recursos cuando la chica me ilusionó.

 ¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?

 No creo. En realidad es demasiado muy fácil cerrar un libro. Quedarnos con lo que podamos tomar en cada momento. No es la gran cosa un verso, pero mucho menos el juicio de valor de algún mercachifle que administre el “bien y el mal” hecho.

RELEVO DE PRUEBAS 

Tu última mentira…

 Voy a caminar todos los días.

 ¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?

 La poesía se la va dando contra las cosas y de a poco va pasando la zaranda, algo quedará y algo más grande no. Agradezco al universo que un ser humano se ponga a escribir un poema. Seguir estando en la otra orilla de toda esa runfla que acumula cosas sin pensar a quién le saca.

 Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?

 Es que Rimbaud se fuga ese mismo día y Lorca va lo mismo para que sus males se curen y se vayan al pocito negro de la pena.

 Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?

 El final de “Stéfano” de Tere Andruetto, cuando golpea a la puerta finalmente.

 Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?

 Sí. Y se escriben.

LEO, LUEGO ESCRIBO

¿Tenés alguna rutina al escribir?

 La mañana, unos mates. Abiertas las notas del cuaderno. Si es una novela apoyadas las hojas en unos dibujitos y flechas y notas de las notas.

 ¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?

 No. El silencio está bien.

 ¿La escritura puede aprenderse en un taller?

 Supongo que sí.

 A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?

 Leo. Pero me regalan muchos más libros de los que realmente puedo leer. A veces en cumpleaños aviso que también necesito calzoncillos o pelota de básquet o bondiola.

 ¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?

 Como guste cada quien con cada libro. Es una experiencia siempre, una cosa de esos dos.

GUSTOS

 ¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?

 De chico. Empecé a escribir para que me quisieran mi papá y mi mamá. Me portaba demasiado mal en la escuela, llegaban muchas notitas pidiendo su presencia. “¡Otra vez!”, decía la Susi, “cuando venga tu papá ya vas a ver…” Mis padres en realidad eran buenísimos y me querían un montón, pero como eran montones también las notitas, se me ocurrió empezar a escribir cuentos y poesías ya que veía que a ellos les gustaba leer.

Esto que te digo lo descubrí de grande, no fue tanto plan de remediación de portadas mal. Fue un mecanismo intuitivo para poder seguir haciendo cagadas, que era algo que de verdad me interesaba muchísimo y me salía muy bien.

Cuando yo mismo me fui haciendo grande y ya no hubo notitas, me quedé con el mecanismo de escribir. De escribir y leer. Encima me hice maestro, me pasé al bando de los que mandan notitas pero rara vez me vendí mandando alguna.

 ¿Cuál fue el primer libro que leíste?

 Como libro medio gordo y no obligado creo que “El hombre ilustrado” de Bradbury.

 ¿Qué estás leyendo actualmente?

 “Principio, medio, fin” de Valeria Luiselli. Está muy bueno, y también leí de ella “Desierto sonoro” que es buenísimo.

 ¿A quién releés periódicamente?

 Nicanor Parra.

 ¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?

 “Las trinncheras ardientes del Paraguay” de Ramón Ayala, me encanta, Ramón tiene un abuelo desertor de esa guerra infame como el Gauchito Gil, te la cuenta en verso, una joya. “Violín y otras cuestiones” o algún otro de Gelman. “Herejía bermeja” o las elegías de Bustriazo Ortiz. Fontanarrosa todos los Inodoro Pereyra reunidos. Es difícil elegir, es una elección siempre cambiando. “Sudeste” de Haroldo Conti.

 ¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?

 El pibe de “El cazador oculto”, de Salinger. Es la historia de un chico desde que lo echan de la escuela hasta que llega a la casa. En una parte va a ver a su profe. El tipo es bueno, le habla bien, están frente al Central Park con el lago congelado y el chico piensa: “Dónde van los patos en invierno…”

VUELOS

 ¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?

 Mi amigo Pedro Hasperué de La Musaranga, tiene un grabado de un forzudo llevando un pescado. El forzudo de Pedro es flaquito y lleva un pescado que como sabemos es patinoso. Un día charlamos sobre por qué hacemos lo que hacemos. Ahí me explicó el grabado este, que algo responde tu pregunta.

 En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?

 “Sirve” no creo sea la palabra que justifica al poema. En cualquier caso si no podés compartir tu pan con alguien que está cerca tuyo y tiene hambre, tu existencia es un bolazo. Le va a la poesía, la medicina, los funebreros, las maestras de cuarto grado, las astronautas.

 ¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?

 La poesía está en el mundo. Entre las personas, las herramientas, la naturaleza. A veces en el poema.

La poesía está para cambiarlo todo.

 PLUMAS

 ¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?

 Y sí. Las tres cosas. Lorca es un ser humano y con el tiempo un bello adjetivo. Me gusta lo que pasa con el poema de Las mariposas. Muchas veces lo leemos con chicos muy chiquitos. Cuando caemos en la idea de que se trata de bichos dando vueltas alrededor de un farol, (algo que todo pibe mira mientras los grandes andan en cualquier cosa) creo que ayuda a que pueda aparecer la pregunta con afirmación maravillosa: “¿esto es poesía?”.

Porque un pibe sabe que los bichos son lo de él. La fascinación es por el puente sencillito que Lorca se mandó. Y que dejó su nombre sonando a fruta, a tres de arena y una de cemento, a medio de harina y una cucharadita de levadura con una pizca de sal.

Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?

 Es un misterio, pero para mí que sí. Porque sí. Por Lorca nomás.

 Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?

 Este caso y otros en que la obra sigue apareciendo después que la persona no está físicamente, descubriéndose en baúles… me da un vértigo negro. Mejor una tarde de besos que otro heterónimo aparecido otro día, otra vez más.

Es miedo a la muerte, está claro.

 “Libro del desasosiego” es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?

 Es una ventana. En el corredor de un conventillo.

 Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?

 Dejar de escribir, empezar a escribir, traficar armas, aburrirse; me parecen todas formas posibles de demostrar que la vida es un ratito demasiado muy chiquito.

 Si “Una temporada en el infierno” la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?

 A veces podemos parar en una y otra vez en otra. Somos muy cambiantes las personas, las que escriben y las que leen. A veces un martes nos cae domingo o sea, (como dice un amigo) somos como un hierro de madera.

 El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?

 Puede ser. Es más fácil tomar cerveza que irse a vivir a la selva como Quiroga, o mandarle una carta abierta a la junta militar como Walsh.

 ¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?

 Hizo su poesía; la fama, el formato, lo cliché, las cervezas, los destapadores, nosotros hablando de él, las facturas, son todas calles laterales.

 Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿ “Las flores del mal” siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping? ¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?

 La poesía la hacemos las personas. Nos gusta el drama, la lluvia, el sol, los detalles. Todas las formas del amor.

CONFESIONES DEL ESTRIBO

Un libro… “Obra gruesa” de Nicanor Parra.

Un amante famoso… El profesor Jirafales.

Una ciudad… Las Ovejas.

Una película…  “El encanto del erizo”.

Una canción…  “Duerme negrito”.

Un álbum…  “Cuarteto Cedrón canta a Tuñón”.

Una delicia… Mandarinas a orillas del río Uruguay.

Un personaje literario… Fermín Espinoza alias “Garabombo el invisible”, el líder guerrillero que se vuelve invisible ante las autoridades en la novela de Manuel Scorza.

Una frase… “No es que seamos cabeza dura, es que tenemos razón,” de mi viejo.

Un poema… “Ultimo brindis” de Nicanor Parra.