Eugenia Cabral: “A los 28 años, por primera vez, sentí deseos de escribir un poema”.
Camorreros & Irreverentes – Reportaje en serie a poetas #6
Por Hernán Casabella

Eugenia Cabral nació en Córdoba (1954). Inició sus actividades literarias en 1982, con el grupo Raíz y Palabra.
Fue colaboradora del matutino La Voz del Interior. Ha sido asistente literaria del teatro La Cochera, con el director Paco Giménez y participó en la creación de instituciones culturales como la Feria del Libro de Córdoba y la biblioteca popular Libertad. Para la integración latinoamericana. Ha coordinado talleres literarios institucionales y privados.
Sus títulos de poesía, ensayo y teatro han recibido distinciones y premios en Argentina, Asturias (España) y Estado Guárico (Venezuela).
Desde 1988 publica investigaciones históricas y ensayos sobre poesía de Córdoba, además de rescatar la biografía y la producción del autor español Juan Larrea, en ediciones aparecidas en Argentina y España.
POESÍA Y LITERATURA
¿Dónde está lo poético?
Donde cada quien sea capaz de descubrirlo. No tiene domicilio ni sede fija, no es una institución.
¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
Se lleva bien, pero no siempre he escrito de noche. A eso lo hice cuando mis hijos eran pequeños, esperaba a que se durmieran. Los ensayos, siempre de día, y a veces para corregirlos me levanto a la madrugada, hora de calma y de tener la mente bien fresca. Solo fumo tabaco, no bebo alcohol, no me drogo ni como en exceso.
Tus poemas preferidos son…
Bueno, la lista es muy larga, te digo solo algunos. Todos los de Trilce, de César Vallejo, muchos de Vicente Huidobro, de Miguel Hernández, de León Felipe, de Gerardo Diego. Razón, de Juan Larrea. Jacobo Fijman me traspasa el alma con su Canto del cisne, el único poema que sí o sí me hace llorar; Amantes vagabundos, de Enrique Molina; el primero de Los Cuatro Cuartetos, de Eliot; Moisés, de Alfred De Vigny…

¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?
Si de joven me hubiera dado cuenta de que la condición de poeta podía ser un arma de seducción, habría empezado a escribir desde la adolescencia, en vez de usar minifalda. Ya es tarde para eso.
¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?
Leo poca poesía actual, casi nada de lo que se está haciendo en Hispanoamérica o en Europa, pero en la que he leído encontré de todo. Formalismos que se dan de narices con esta vida en imágenes violentas y pornográficas de toda especie, búsquedas para vincular los sentimientos profundos con la maquinización de todo, modas retro. El público de primera fila siempre son los demás poetas, fue siempre así, pero si ahora es solo eso, no lo sé en verdad.
RELEVO DE PRUEBAS
Tu última mentira…
Jamás miento. La mentira es un acto de desprecio por el otro, la negación de su derecho a la verdad. La única vez que mentí y no me arrepiento fue a los militares del 3.º Cuerpo de Ejército cuando ingresaron en nuestro hogar para llevarse a mi esposo, en 1976. Por ellos no sentía ningún respeto y no dije la verdad, que hubiera dañado a mi compañero.
¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?
Mucho no conozco, me refiero a haber leído todos sus libros, pero he leído poemas de autores de muchas provincias muy buenos, en los cuatro puntos cardinales. He tenido acceso a títulos de Bruno Di Benedetto, de Puerto Madryn, que es Premio Casa de las Américas, por ejemplo, pero es inmensa la cantidad de autores valiosos que tenemos.
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Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?
Me mataste. No tengo fantasías homosexuales masculinas, no podría detectar de puro verlos en un retrato a cuál de ellos le hubiera gustado usar el vestido blanco. Salvo que aplicara el cliché inadmisible de que sea Lorca por sus obras como Bodas de sangre, no, me niego.
Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?
“El traje que vestí mañana…” (César Vallejo)
Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
Todo ello, menos robarlos. También se los puede ocultar. Mi novio Georgie Miljevic me contaba una anécdota maravillosa de sus padres, ambos lectores masivos y compulsivos, y es que cuando se enojaban se escondían mutuamente el libro que estuvieran leyendo; cuando se reconciliaban, se hacían la devolución, unos capos.
LEO, LUEGO ESCRIBO
¿Tenés alguna rutina al escribir?
Estar sola, poner algo de música, fumar, tomar café.
¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
Hace años tenía una lapicera de pluma que me había regalado un poeta amigo, después se rompió, la hice arreglar, pero volvió a romperse y ya la dejé descansar; comencé usar fibra o birome negras, siempre tinta negra. Escribo en papel, tanto los poemas como los relatos; a los ensayos, directamente en la computadora.
¿La escritura puede aprenderse en un taller?
Los aspectos formales sí, eso va a depender de la competencia que tenga el o la coordinador/a de ese taller.
A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?
Leo a los contemporáneos o a los antiguos que después del tercer poema me siga interesando proseguir leyendo. Y me ocurre con bastante frecuencia, por eso he presentado varios libros, realizado reseñas y ahora he escrito un ensayo sobre un poeta de mi generación.
¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?
Aparte de la relación conceptual hay un vínculo emocional con la literatura y, como en todos los afectos y todos los saberes, se pueden producir fisuras de separación y abandono, o soldaduras que nos liguen para siempre. Abandonar figura tercero entre los derechos del lector enunciados por Daniel Pennac.
GUSTOS
¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
A los 28 años, por primera vez, sentí deseos de escribir un poema. Antes de eso escribía diarios, digámoslo así, temas privados nada más, sin preocupación formal.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
Las torres de Nüremberg, de José Sebastián Tallón, uno de los escasos libros de poesía para niños que circulaban a comienzos de los 60, yo tenía siete años.
¿Qué estás leyendo actualmente?
Una historia de la literatura árabe, desde la poesía pagana beduina (antes del Islam), hasta el siglo XIII.

¿A quién releés periódicamente?
A Jacobo Fijman, sobre todo.
¿’Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
Te resumo: ante todo, un voluminoso número de títulos de poesía que ocuparía varios estantes en cualquier biblioteca y entre los cuales no podría decidir a cuál amo más. El problema es que prácticamente dejé hace varios años de leer narrativa y le dediqué mucho más tiempo a los textos teatrales, por mi tarea de asistente literaria en un teatro independiente de Córdoba, La Cochera (en 2010 comencé a escribir teatro, además). De narrativa solo podría nombrar títulos de Cortázar, Echeverría, el tocayo Cambaceres, Borges, Bioy Casares, no agregué ningún descubrimiento propio, digamos.
¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
Con Salambó, la princesa cartaginesa de una novela de Flaubert, que se enamora del enemigo de su padre, Amílcar, y eso contribuye al desastre de la nación entera.
VUELOS
¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?
Y sí, los amigos que me sobrevivan me van a recordar cuando lean mis poemas, eso es cierto, y es complaciente pensarlo. En cuanto a las librerías me gustan las anticuarias, no sé si en algunas de ellas lograré resultarle interesante a alguien.
En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?
El poema nunca sirve, ni en la paz ni en la guerra, ni en la riqueza ni en la miseria, no es un servidor, es un cuestionador, así retóricamente no adopte ese recurso. En la actual guerra mundial donde paso a paso cada país va quedando embretado, por una vía u otra, al arrastre del imperialismo norteamericano que le va a hacer pagar su propia crisis al resto de la humanidad destruyendo todo lo que precise destruir, se puede entender más que nunca que una persona, en algún momento del día, contemple la luz que entra por la ventana y escriba un poema.
¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?
La poesía y todas las artes pueden producir cambios en la percepción estética, que siempre conlleva alguna mutación de la ética. La clase intelectual escribirá versos conceptuales, pero los jóvenes improvisan rap, otros autores sueñan con escribir poemas que puedan ser entendidos internacionalmente, como lo son las redes sociales, el cine, etc. No son tan uniformes los procesos.
PLUMAS
¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?
No leo tanta crítica como para evaluar ese fenómeno, tampoco soy buena con las cuentas, con los más y los menos. Leí las Obras completas de Federico García Lorca por primera vez a los 13 años, la edición era del padre de una amiga y lo leímos juntas, tiradas en la cama mientras comíamos racimos de uva robados a la parra de los vecinos. Desde entonces lo amé siempre por todo, cada obra suya y cada actividad que realizó (el teatro ambulante, los dibujos, la ejecución pianística) mostraba una faceta de su espíritu, su plasticidad emocional y artística. Casi te diría que fue un polímata. Habrá otros lectores que solo valoran un aspecto, una versión de García Lorca. A mí me parece un filón que, donde busques, vas a encontrar un diamante. Lo de romantizar el sacrificio es propio de todos los “progresismos”, ya se les pasará.
Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?
¿García Lorca, un “costumbrista andaluz sobrevalorado”? No sé quiénes dirán eso, ¿creerán que la visión de la mujer que sustenta Lorca era “costumbre” en España? Qué barbaridad. Lo que sí es cierto es que tenía, hasta Poeta en Nueva York, un sesgo nacional, pero ello arrancaba desde la poesía árabe arcaica y pasaba por el Siglo de Oro, etcétera. Lo importante es que se daba en el marco de una “batalla cultural” contra el nacionalismo católico de derecha, el falangismo, que sí era de corte chovinista, y frente a ello Lorca presenta el dorso de la página femenina. En los 60 y 70 se lo leía mucho en Córdoba, pero por el sabor vanguardista que tenía y por representar a la guerra civil española. La Generación del 27 formó parte de las vanguardias europeas, no del costumbrismo.
Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?
Lamentablemente, no he podido leer casi nada de Pessoa, ni de sus heterónimos, porque los seis o siete poemas que leí me provocaron una desazón, casi una angustia. Leí Tabaquería hace años cuando publiqué un libro titulado Tabaco y me dije no puede ser que le falte el respeto así a ese poeta, que trata el mismo tema, pero me volvió a pasar esto de la desazón y desistí de continuar insistiendo en frecuentar su lectura.
Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?
Esta pregunta está respondida en la anterior.
Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?
Rimbaud jamás fue, lo sabrás, un simple “chico burgués y caprichoso”, porque de haberlo sido hubiera escrito únicamente pavadas sentimentales, o habría seguido componiendo sonetos en latín, como hizo durante la escuela secundaria. Por eso mismo quizás tendría más sentido la segunda probabilidad, pero nunca se sabe a ciencia cierta qué demonio, gigante, héroe, o monstruo, duerme en el fondo del alma de una persona y un día despierta y deja atónitos a los demás.
Si a Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?
Los enfoques psicologistas, aparte de aburridos, son pantanosos al hacer conjeturas. Si el paciente ya es solo de papel, no de carne y hueso, solo quedan sus palabras, falta la mitad del material para analizar. El infierno es un lugar de paso según Rimbaud, un sitio donde se puede estar “una temporada”, ¡bonito hotel resort se buscó el pibe! Lo contrario de cualquier misticismo monoteísta, que considera al infierno el espacio definitivo y eterno de la condena, no así los que creen en la reencarnación, la metempsicosis. Dante solo se atreve a transitarlo acompañado por la solidez de Virgilio y con la fe cristiana que lo llevará a la salvación, en cambio, Rimbaud se interna solita su alma, con la intrepidez de un cachorro de 17 años. A los 40 es probable que, de haber sobrevivido, Rimbaud hubiera sido Virgilio.
El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?
Otro poeta al que prácticamente no he podido leer. En sus textos traducidos (no leo inglés) no hallé nada atractivo. Lo “marginal” es un lugar contextual, que toma a su público lector, a su “lector ideal” como diría Eco, como hecho consumado, no es un intento por crear una nueva zona de lectura.
¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?
En los pocos poemas que pude leer en los 90, cuando comenzó su fama en Córdoba a partir de la película Mariposas de la noche, que fui a ver, tuve la sensación de que era un moralista evangélico, pero del lado B. No un moralista a lo grande, a lo Nietzsche, o a lo Pound, sino de tipo catequístico, pastoral. Sus versos me parecieron demasiado asertivos, casi aforísticos. Yo ya tenía unos 37 años y ninguna pose me podía impresionar. Como tampoco leo inglés (sí, francés), si tiene algún mérito en su propia lengua no estoy capacitada para valorarlo.
Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping?
Las flores del mal siempre van a oler al azufre que lo envenenaba a Baudelaire, pero sí, es muy posible que, en nuestros días de armas nucleares, fósforo blanco y tantas otras armas químicas horripilantes, más las redes internacionales de trata, proxenetismo, esclavismo, drogas, órganos humanos, esos negros pétalos florales huelan bastante cándidos y elegantes.
¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo al dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?
En primer lugar, no sé por qué esta entrevista procede a una generalización tan taxativa. No es esa la experiencia que he tenido al leer a varios poetas argentinos y españoles actuales. Igual, si alguien intenta producir ese efecto será por su limitación y superficialidad, que es la ética capitalista actual, para galvanizar a los sujetos acerca del dolor de los otros. El imperialismo necesita de sujetos indolentes frente al dolor físico y moral de otros seres humanos, porque va desatando, nudo a nudo, la guerra mundial. Tiene que matar sentimientos, para poder ejecutar o promover exterminios, como el de Gaza y otros.
CONFESIONES DEL ESTRIBO
Un libro… Obras completas de Hans Christian Andersen.
Un amante famoso… Mejor si queda en el anonimato, detrás de la puerta.
Una ciudad… Buenos Aires.
Una película… Lo que resta del día.
Una canción… Los árboles crecen altos, por Joan Baez.
Un álbum… No recuerdo títulos de álbumes de música, no les presto atención.
Una delicia… Duraznos maduros, en verano.
Un personaje literario… Liuba, de El jardín de los cerezos, de Anton Chejov.
Una frase… “No termines con burda rafia lo que comenzaste a tejer con fina seda”, proverbio malgache.
Un poema… Elegía argentina, de Héctor Viel Temperley. Una maravilla.



