Gabriela Álvarez: “Me encanta leer. Y no me obligo a nada más que a la intuición de lo que me resuena”.
Camorreros & Irreverentes
Reportaje en serie a poetas#8
Por Hernán Casabella
Gabriela Álvarez nació en Santiago del Estero. Es poeta, abogada y editora. Publicó Migraciones (ediciones En Danza, 2018), La Mujer Suelta (Funga, 2025) obra ganadora del Concurso de Libro de Poesía Clementina Rosa Quenel 2021; Poemas a Lucía (Falta Envido ediciones, 2024) y Una luz fuera de nosotros (El Guadal, 2026). Participó en el XVI Festival Internacional de Poesía, Bs As. Integra Piedra Madre editora.
POESÍA Y LITERATURA
¿Dónde está lo poético?
Frente a un mundo dominante que oprime, lo poético está en lo diferente, en la fuerza de las cosas, en su vitalidad. En la tensión de la vida.
¿Cómo se lleva tu poesía/literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
Mi hermoso vicio es la poesía.
Tus poemas preferidos son…
Los que permiten el diálogo con una misma y con otros, porque recuerdo una frase, o alguien las recuerda, y le da un sentido a eso que se escribió.
¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la seducción?
No. La poesía me seduce a mí.
¿No sentís que la poesía actual se ha convertido en un género que solo leen otros poetas para ver qué están haciendo mal?
No sé si para ver que están haciendo mal, pero sí llegué a pensar o a sentir que sólo nos leemos entre poetas. Pero lo converso con amigos, y con colegas. El mundo de hoy nos aísla, en todos los ámbitos en los que nos desenvolvemos. Cuesta la interconexión. Y la poesía no siempre es algo cómodo, porque exige no ser indiferentes. Nos cuesta sortear la incomodidad, y generar una mirada que tienda a descubrir, y a sorprendernos. Al mismo tiempo en que la poesía nos invita a andar y a desandar.
RELEVO DE PRUEBAS
Tu última mentira…
Que no puedo escribir.
¿Qué opinás de la poesía/literatura argentina de la última década?
No soy de muchas opiniones. Simplemente estoy en sintonía con las creaciones y espacios en los que deseo compartir con otros lo que hacen. Hay una comunidad en la literatura que implica el hacer de quien escribe, quien lee, quien edita, quien va a las ferias, y organiza festivales. Y en ese sentido, me importa la solidaridad, como un modo de estar hoy. Quienes escribimos no haríamos grandes cosas sin ese circuito de gestión del arte. Luego a la hora de elegir qué leer lo que se escribe, es un impulso muy interno. Me gustan los caminos sin imposiciones, y con buenas compañías.
Vamos a una tradicional: Noche de bodas, quién lleva en brazos a quién: ¿Rimbaud a Lorca o al revés?
Lorca a Rimbaud, porque quiere y porque puede. Y quizás hasta le dice que vino demasiado tarde.
Así de arrebato, ¿qué final/comienzo literario te viene a la memoria?
“La pasión según GH”, de Clarice Lispector. … “estoy buscando, estoy buscando. Estoy intentando comprender. Intentando dar a alguien lo que viví y no sé a quién, no me quiero quedar con lo que viví. No sé qué hacer con eso, le tengo miedo a esta desorganización profunda (…)
Y “Cien años de soledad”, de García Marquez: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Los libros ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
En definitiva, se desean.
LEO, LUEGO ESCRIBO
¿Tenés alguna rutina al escribir?
Construir un espacio en el día en donde me sienta en calma.
¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
Los libros y algo de música instrumental. Y unos mates.
¿La escritura puede aprenderse en un taller?
Como tantas cosas que se aprenden de otros. Y cada uno encuentra una dinámica diferente. Yo estudié con Horacio Fiebelkorn en La Plata. Con Natalia Litvinova y Javier Galarza, quien fue mi gran maestro. Con Laura Forchetti y Julieta Marchant, de Chile. Todas/os me han enseñado algo. Sobre todo, a que lo que yo escribiera, es una cuestión de azar y de trabajo. A crear un ojo crítico, y a encontrar poetas que no conocía. La mirada del otro en lo que hago para mí es un estímulo.
En lo personal Javier Galarza, tenía un grupo humano enorme, y de varios lugares del país. Unía voces y criterios de trabajo a la distancia. Y hoy, nos encontramos entre nosotros con la insistencia de seguir escribiendo.
Javi nos enseñaba a darle valor a la escritura, y al otro.
A calzón quitado, ¿leés a tus contemporáneos o solo leés las contratapas y solapas?
Me encanta leer. Y no me obligo a nada, más que a la intuición de lo que me resuena. Agarro un libro, en una librería o feria, y lo abro. Si mis ojos subrayan una frase, me lo llevo. Lo importante es que somos testigos de la palabra.
¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan?
Si, y se retoman (me río). Suelo abandonarlos con culpa. Y suelo leer muchos al mismo tiempo. Un caos mundano.
GUSTOS
¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
Desde niña. Todavía conservo mi primer diario escrito con lápiz, tenía 7 años. Hoy escribo mi primer poema. Papá y mamá se fueron de viaje… Era como la primera soledad.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
Tuve muchos libros infantiles que leía todas las noches antes de dormir. Pero yo siento que lo primero que leí fue el Diario de Ana Frank, tenía 11 años aproximadamente. Lo compré en mi primer viaje a Buenos Aires que fuimos con la escuela. Seguramente nos llevaron a calle Corrientes, y había tantos. Con una amiga elegimos ese. Recuerdo que lo llevaba en la mochila, en las vacaciones. Íbamos a la pileta, y estaba el libro humedecido por la tolla y con olor a cloro. Le había pintado un corazón con fibrón rojo. Todas mis noches me sentía con Ana Frank, con sus deseos, sus descripciones, sus pensamientos.
¿Qué estás leyendo actualmente?
De todo un poco, como siempre, poesía, narrativa, ensayos: Maria Martoccia, Juan Rulfo, Valentine Penrose, María Malusardi, Elvira Hernández, Enrique Aguirre, Héctor Tizón, y las lecturas de los talleres que realizo hace unos años con Natalia Litvinova.
¿A quién releés periódicamente?
Sinceramente, no soy de releer, como no soy de ver dos veces la misma película, aunque me haya fascinado.
Al poeta que suelo volver es a Javier Galarza, porque extraño su palabra, las conversaciones, su presencia. La palabra, la literatura, nos habla en tiempo presente.
¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
Me cuesta pensar en libros porque son muchos, pienso en autores que me han marcado en ciertos inicios: Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Borges, Miguel Ángel Bustos, Natalia Litvinova, Roberto Santoro, Claudia Masín, Macky Corbalán, Haroldo Conti.
¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
No. Pero la literatura está llena de lugares y espacios que parecen construidos para una/o. Soy de subrayarlos por completo cuando aparecen. Me quedo un poco a vivir ahí.
VUELOS
¿Escribe para ser recordado o para que la gente en las librerías independientes crea que usted es interesante?
Supongo que ninguna de las dos, porque son cosas que no dependen de quien escribe. Escribo porque me da placer. Y si a alguien le resuena algo de mis poemas, siento una hermosa gratitud.
En un mundo en crisis, con guerras y colapsos económicos, ¿de qué sirve escribir un poema sobre la luz que se filtra por la ventana? ¿No es una desconexión elitista?
No, no. Lo elitista deben ser otras cosas.
La poesía no distingue. Tengo un recuerdo. En una capilla de un cementerio. El cura decía unas palabras que no me generaban nada. Sentía un vacío enorme. Levanté la mirada, y justo la luz del sol chocaba contra la ventana. Iba a durar unos minutos. Yo tenía unas flores en la mano, que tampoco me decían nada. Ese día, estaba lloviznando y todo lo que no elegía, era lo significativo.
¿La poesía cambia algo, o es solo un analgésico elegante para la clase intelectual?
Eso es subjetivo. Para mí, es transformadora y mi vida sería tan diferente sin la experiencia poética. Para mis amigas quizá lo sean otras cosas. Lo importante es encontrar el bienestar. Es lo único que podríamos trasmitir a otros. Construir mecanismos que equilibren las tensiones de la vida. Una desea una sociedad más amable.
PLUMAS
¿Cuánto de la fascinación actual por Lorca se debe realmente a la revolución formal de Poeta en Nueva York y cuánto al peso romántico y terrible de su trágico final?
Bienvenida la fascinación por Lorca. Creo que en algún momento de nuestras vidas nos marcan o nos guían los referentes, tener fuentes que nos inspiren, y nos den sentido a una forma de estar en el mundo que sino se haría muy solitaria. La obra de Lorca está íntimamente enlazada a su lucidez, a su convicción, a su insistencia. La que fue silenciada con un fusilamiento y su posterior desaparición. Entonces, lo trágico es la crueldad que permanece en la historia, como la homofobia.
Es lindo darle vida a la palabra de un gran poeta, ver sus obras en carne y hueso en el teatro (el teatro es la poesía que se hace humana), leer sus poemas, que se hable de su historia. Porque no es la de él solamente, es la de muchos/as que necesitan y desean construir otro mundo: “Todos los espectadores llevan una zapatera volando por el pecho” FGL.
Si Lorca hubiera muerto de viejo en los años 70, ¿seguiríamos buscando el «duende» con la misma devoción, o lo veríamos como un costumbrista andaluz sobrevalorado?
Me pregunto más por todo lo que la humanidad perdió con la persecución y el fusilamiento a Lorca. Todo lo que quedaba por decir y por hacerse.
Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis… ¿fue una genialidad literaria o el mecanismo de defensa de un tipo que no se animaba a vivir una sola vida de verdad?
Podría pensar que fue una elección artística, un mecanismo que le permitió crear. Ni genio, ni pobre tipo, sino un arduo trabajador. Un ser en permanente conexión con la ambigüedad, y la ambivalencia. La contradicción en este mundo, de ser muchos, sintiéndonos incluso tan poco. Y Pessoa poniendo a jugar la imaginación en todos los extremos.
Libro del desasosiego es una obra cumbre, pero ¿es el diario de un filósofo o el lamento de un empleado que nunca se atrevió a cruzar la línea?
Creo que lo único que hizo Pessoa, por eso hablamos de él, es cruzar todas las líneas, desde el momento en que se pregunta por todo y no le da lo mismo nada. No es fácil ser conscientes de que existe una linea por cruzar, aún si finalmente no lo hacemos. Es un testimonio de existir, y de quien tiene la capacidad de escribirlo:
“El hombre no debe poder ver su propia cara. Eso es lo más terrible de todo. La Naturaleza le dio el don de no poderla ver, como también el de no poder mirar sus propios ojos”.
Dejar de escribir a los veinte años para traficar armas en África… ¿fue el acto de renuncia poética más radical de la historia o simplemente el berrinche de un chico burgués y caprichoso, que se aburrió del ambiente literario de París y de los dramas con Verlaine?
Jaja un inspirador de berrinches. Me apena que no haya optado por ambas. ¿Te imaginas?
Si Una temporada en el infierno la hubiera escrito un hombre de cuarenta años, ¿nos parecería igual de mística, o la leeríamos como una crisis de mediana edad mal resuelta?
Me vuelvo a reír, lo importante es que lo escribió. Y la música de sus poemas, no tiene edad, tiene fuerza y cohesión, nos habla a todos: con solo vuestra confianza, seré feliz.
El realismo sucio de Bukowski, con sus botellas, con sus carreras de caballos y con sus misoginias explícitas, ¿sigue siendo un grito de autenticidad marginal o se convirtió en el cliché más previsible para adolescentes que descubren la cerveza?
No leí a Bukowski la verdad. Pero el adolescente podría descubrir la cerveza sin descubrir a Bukowski. Me importa el vínculo con la poesía, eso es lo auténtico.
¿Hay verdadera poesía en su sordidez, o era solo un formato cómodo que aprendió a facturar muy bien cuando le llegó la fama?
No lo sé. Cuando lo lea, me enteraré.
Hay una línea muy delgada entre la honestidad brutal de los márgenes y la caricatura del viejo verde profesional. ¿Las flores del mal siguen oliendo a azufre o tienen hoy el aroma inocente de un perfume de shopping?
…
¿Por qué la poesía contemporánea insiste en imitar el silencio y su herida [Alejandra Pizarnik] convirtiendo el dolor en una pose estética en lugar de un abismo real?
No sé lo que otros prefieren. Solo recuerdo unas palabras de Javi “evitá usar la palabra dolor”. Y cada vez que tengo momentos particulares, lo recuerdo, no es una lección poética en sí, es una sabiduría. Aveces simplemente necesitamos una forma de sentirnos acompañados. Y yo aprendí que la poesía, tiene más fortalezas que uno. Y que transitar la experiencia poética nos hace menos vulnerables. Partimos de una vulnerabilidad, y vamos hacia un lugar donde salimos fortalecidos.
Y mentiría si digo algo de Baudelaire.
CONFESIONES DEL ESTRIBO
Un libro… La música de la fiebre, Malú Urriola
Un amante famoso… Quignard
Una ciudad… La Plata (y un lugar Upianita)
Una película… Luna de Avellaneda
Una canción… Gracias a la vida, Violeta Parra
Un álbum… La la la, Spinetta y Fito Páez
Una delicia… Tarta de frutillas
Un personaje literario… Orlando
Una frase… Perdidos, con amor en este mundo
Un poema… Escribir, Chantal Maillard
POEMAS de GABRIELA ÁLVAREZ
BRUTA
Crecí junto al desperdicio
cada silencio
de las cosas muertas
me dio fantasías y restos
de una mujer bruta,
pero sé escribir desde mi prisión
darme cuenta de que no mentimos,
trazamos pequeños círculos en el aire
mientras los demás duermen.
Puedo ver cómo se desarman
las cosas de la casa,
ayer caían insectos en la mesa
secos por el calor.
No puedo acomodar lo sucio
ni el paso del día
no puedo limpiar las huellas
de los que quiero.
LOS BORDES
Soy un ritual que madruga
para ir a trabajar
mientras por debajo
la vida
sigue haciéndose sin mí.
Hay hombres que duermen
sobre el piso
la sombra los refugia
del verano que fastidia
el sueño es el cansancio
del mundo.
En mi sosiego
escondo esta impotencia
mi forma de vestir
la seriedad,
aunque mi deseo esté
en ser una mujer
a la que alguien protege
y perdona.
Conservo la intimidad
abrazo tu insomnio
la pequeña fuerza.
Alda Merini dice: vivo el día
confiando en mi pobreza.
Miro su fotografía
sus pechos extendidos
como dos lagos
las manos delicadas
en un cigarrillo corto
la sonrisa quieta.
Si tan solo me animara a poner
palabras concretas,
pero soy esa otra mujer
que no sabe descansar.
Amanece y mi boca se deforma
la ciudad es el cuerpo en construcción.
(de Poemas a Lucía)



